El hombre renacentista

octubre 17, 2015

Título:  Arte Evolutivo y Computación.

Autor:  F. Fernández, C. Cruz, L. Navarro, P. Hernández, T. Gallego, L. Espada.

Editorial:  Universidad de Extremadura.

En algunos proyectos recientes que trabajan con jóvenes de la primera potencia económica, buscan los expertos norteamericanos motivar a los suyos y despertar su vocación hacia la ciencia y la tecnología.  Las siglas STEM las utilizan ellos en los programas que fomentan Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, (Science-Technology-Engineering-Maths).  Pero cada vez más añaden una A a este bonito palabro, para que las Artes formen parte de la ecuación, y así STEAM permita entender que la creatividad del artista es tan imprescindible para un buen profesional como el dominio de las ciencias.

El libro de hoy es un claro ejemplo de que Ciencia y Arte van cada vez más de la mano, y demuestra que al igual que los ingenieros necesitan de los procesos creativos para llegar a soluciones ingeniosas, también los artistas pueden aprender de los científicos y encontrar líneas de trabajo que permitan desarrollar nuevas metodologías creativas.

La Universidad de Extremadura ha tenido a bien publicar este colorido libro, en la que un grupo de artistas inspirados por la teoría de la evolución, han hecho evolucionar una serie de obras gráficas para conseguir un conjunto monumental que en su día mereció el premio ACM GECCO Art, Design and Creativity 2014, y que ha sido expuesto en México, Holanda, Argentina y España.  Aunque la obra ha tenido recorrido, el grupo de artistas sigue trabajando e investigando, y los resultados últimos están accesible en una galeria virtual.

Es bueno hoy recordar que  esta visión integradora de ciencia y arte no la estamos inventando ahora:   Leonardo da Vinci fue el prototipo del hombre renacentista con múltiples intereses y genialidad diversificada;  buen ejemplo para motivar a los jóvenes de hoy y hacerles comprender que ciencia y arte van de la mano.

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Nuestro papel en el arte.

junio 27, 2015

Título:  ABC del arte.

Autor: Varios.

Editorial:  Phaidon.

Ejemplar de peso, literalmente, para absorver el arte del mundo y el mundo del arte.  Un familiar cercano me decía con insistencia:  de lo bonito no se come.  Nada más lejos de la realidad cuando uno actúa convencido de la necesidad de expresar lo que lleva dentro, encontrará el modo de expresar ese don de Dios.  Y sino preguntele a the glow. Los que sufrimos aprendiendo alguna disciplina artística, entendemos con claridad que los dones son regalos.

Pero esta obra también sirve para apreciar que el mercado del arte es caprichoso, y encumbra en ocasiones autores que no lo merecen.  Abran al azar, y decidan sobre lo que ven.

Ahora bien, no carguemos las tintas sobre la crítica:  el público tiene en ocasiones culpa del proceso.  Y sino, ¿come explicaríamos el auge galopante de los mal llamados dj’s, que bien debiéramos llamar aporrea teclas hoy día, en el actual mundo de la diversión nocturna?  ¿Qué pasó para que el público diera la espalda a los músicos profesionales y las orquestas?  Por no hablar de la falta de interés general hacia los artistas locales, que con precios asequibles ofrecen obras originales sistemáticamente despreciadas y sustituidas por láminas made in china vendidas y enmarcadas en Ikea.

Una nueva ocasión para reflexionar sobre nuestro papel en el mundo del arte.


Encuentro con los mecenas

octubre 2, 2014

Título:  Encuentro.

Autor:  Sura (colección).

Editorial:  Centro Cultural Tijuana.

El término mecenas se usa hoy como moneda de cambio:  el ministro suprime su ley y a cambio ofrece descuento en la liquidación de impuestos.  En el pasado fue otra cosa.

Los mecenas eran gentes adineradas, nobles e iglesia primero y después burocracia pudiente, que conscientes del valor de la cultura y el arte en sus formas diversas, protegían a los artistas que despuntaban y les permitían ganarse la vida haciendo aquello que mejor sabían.  Así, invirtiendo parte de sus bienes, nos dejaron un patrimonio en herencia.

Los tiempos cambian, pero sigue siendo imprescindible encontrar fórmulas para que el arte y quienes lo cultivan puedan vivir de su talento, mientras el resto nos deleitamos con los dones supremos que por algún misterio profundo recibieron al nacer.  Una sociedad que sólo mide la producción, el PIB, y el precio de la cesta de la compra perderá sin remedio este preciado bien.

Sura atesora una notable colección de arte latinoamericano.  Compañía de seguros con presencia en México y Colombia, presento recientemente en el Centro Cultural de Tijuana algunas de sus más valiosas obras de artistas de ambos países, incluyendo a Botero, Frida Khalo, Diego Rivera y otros muchos que aunque no tan conocidos por el público europeo, no dejan indiferentes a quién visita la misma.

Cazadora de los Andes. Felipe Santiago Gutiérrez.

Con obras que pasan por el Impresionismo, expresionismo, realismo y otros muchos ismos de los siglos XIX y XX, la colección de Sura nos permite asomarnos y quedar fascinados por al arte de México y Colombia en esta magnífica exposición.

Ojalá que a pesar de leyes y gobiernos, aquellos que pueden sigan apostando por el arte en sus diferentes manifestaciones, protegiendo así y permitan cultivar sus dones a quienes los recibieron.  Y al resto disfrutar contemplando su trabajo.


La relatividad de la vida

septiembre 11, 2010

Título:  La Flecha del Tiempo (II)

Autor:  Peter Coveney y Roger Highfield

Editorial:  RBA

Continuamos desgranando esta semana la segunda parte (libro) de Coveney y Highfield.

Tuve esta semana la oportunidad de visitar la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia.  La magnífica arquitectura de Calatrava, con cierta inspiración Modernista Gaudiana, es antesala de unos interesantes contenidos que pretenden del público -juvenil sobre todo- entender la ciencia y el arte.

Ciudad de las Artes y de las ciencias

Buena ocasión para conocer la Valencia del futuro, y la Ciencia y las artes en sus más diversos ámbitos, la que nos ha ofrecido el Congreso Español de Informática, CEDI, y el MAEB, que lamentablemente este año ha quedado bastante diluido en el macrocongreso CEDI -1400 paticipantes.

No es corto el objetivo de los museos de ciencias, y de libros como el que tratamos, porque cada vez está más claro para bastantes científicos, que la complejidad del mundo en que vivimos nos impide disfrutar del éxito que muchos han pronosticado con frecuencia:  el alcance definitivo del conocimiento total de las leyes que rigen nuestro Universo.

La ciencia cada vez pide más fe -la teoría cuántica, por ejemplo, que parece que funciona, aunque nadie la entienda- y ofrece menos certezas:  principio de incertidumbre, indeterminismo cuántico, comportamientos caóticos, Teorema de Incompletitud.  Imprevistos resultados del avance de la ciencia al mostrar sus propias debilidades.

¿Qué es el tiempo y la vida?  Corto consuelo ofrece la ciencia al trauma de un padre que pierde a un hijo, por más que prediga el destino final de todo ser vivo. Los hombres de fe rechazaron un día la ciencia.  Hoy muchos hombres de ciencia rechazan la fe.  Quizá ciencia y religión alcancen a través de sus líderes algún día la armonía que sirva de estímulo para aceptar el cómo y porqué de un mundo que de otro modo no contesta a la mayor pregunta del hombre:  ¿De dónde vengo y adónde voy?  La vida es un bien efímero que se evapora sin darnos cuentas.

No dejemos de reflexionar con frecuencia sobre la relatividad de la vida, y sobre nuestro papel en la trama que nos ha tocado vivir.


El Arte del Mercado.

julio 17, 2009

Título:  The 12$ Million Stuffed Shark.  The Curious Economics of Contemporary Art

Autor: Don Tompson

Editorial:  Palgrave macmillan

¿Sintió alguna vez en sus carnes la vergüenza generada por las cifras multimillonarias pagadas a futbolistas de élite?  Allá por finales de los 90, hablaba Antonio Gala con emoción del Extremadura de Almendralejo, y desde el asombro y la ilusión, hacía una serena alabanza a la modesta cuna de equipo que con singular humildad conquistó la cima del fútbol Español.  Quizá fuera esa la realidad de la época, o quizá tan sólo un espejismo fortuito.  El orgullo, prepotencia y aprovechada industria de sus diligentes, pusieron las cosas en su sitio:  arcas vacías a los pocos años, y equipo en el olvido de las divisiones inferiores.

Pero no es el fútbol único en su especie mercantil, con trasiego de millones a ritmo infernal.  Cualquier negocio humano puede verse abocado a ese mismo torbellino disparatado de economías no aptas para países en crisis.  Sin ir más lejos, según nos cuenta el autor de una manera indirecta en este libro de hoy, el mercado del arte sufre en la actualidad este mismo episodio febril.

Tiburón

Tiburón

Nos cuenta con desenfado este economista, como un tiburón, en  incipiente estado de putrefacción, fue vendido por una astronómica cantidad de libras.  ¿En concepto de qué?  De arte.

El problema del arte contemporáneo, es que ha perdido la credibilidad del público, a la vez que ha conseguido ganar bolsillos adinerados.  Bien mirado, el caso se las trae.  ¿Recuerdan ustedes lo que sucedió con los impresionistas de su época?  El asunto tenía tintes similares, por la transgresión activa por parte de los Monets y Manets de las normas académicas.  Ahora bien, la diferencia también es palmaria:  Entonces la innovación era un elemento necesario para alcanzar diferentes cimas estéticas, y el público así lo entendió rápidamente.  Ahora por el contrario, la transgresión en sí es el elemento artístico, y lo demás huelga.

Mérito notorio de estos llamados artistas, que trabajando de este modo han conseguido convencer a crítica y público del interés de su obra.  La ley de la oferta y la demanda ha permitido después encumbrar a gente como Hirst, el del famoso tiburón.  Si usted quiere ganar dinero con el arte, consiga de algún modo que sus creaciones sean deseadas, igual da la temática y calidad (hasta con excrementos de elefante están generando hoy día obras cotizadas).  A partir de ahí, quién quiera la obra tendrá que pagarla.

La cuestión clave sería entonces conseguir fomentar el deseo de una obra, y por lo demás resulte indiferente la calidad, o el verdader arte del autor.  Posiblemente el mercado del arte se haya convertido en el arte de hacer negocios.  Esperemos que este nuevo siglo XXI vuelva a poner las cosas en sus sitio.