Benny Goodman

noviembre 30, 2016

Título:  Benny Goodman and the Swing Era.

Editorial:  Oxford University Press.

Autor:  James Lincoln Collier.

uewb_05_img0307

No hay mejor portada para esta biografía que una buena tipografía de los años 30.  Para los amantes del Art Decó, el título será un buen preámbulo al contenido.

Escuché por primera vez al autor, J.L. Collier en la reconocida historia del jazz de Ken Burns.  Debo reconocer que gran parte de la bibliografía sobre el jazz que ha pasado por este blog procede de historiadores que colaboraron con Burns.  Y nunca he quedado defraudado.

Las buenas biografías siempre suministran al lector, que en general llega a la misma como buen conocedor previo del personaje al que se refiere, datos nuevos no sólo de la persona sino del contexto histórico y social en que vivió.  Esta obra cumple sobradamente su cometido;  y no sólo eso.  El autor, como músico profesional, se permite indagar en cada una de las principales grabaciones de goodman, analizando continente y contenido, sidemen que lo acompañaron, fechas y lugares, y cómo no, contenido musical de cada obra.

Lo dicho, un magnífico ejemplar que permitirá al lector entender que la obra de Goodman contribuyó no sólo al desarrollo del Jazz, sino a la libertad e integración en un país en el que aún hoy queda camino que recorrer.

Disfrutemos de este genial cuarteto “integrado” por Goodman, Gene Krupa, Lionel Hampton y Teddy Wilson.

 

Anuncios

Canal de Jazz

octubre 2, 2009

Título:  The Building of The Panama Canal in Historic Photographs

Autor:  Ulrich Keller

Editorial:  Dover

Los comienzos del siglo XX fueron asombrosos.  Y el final del XIX.  Algunos se maravillan de los prodigios actuales de las nuevas tecnologías.  Echen un ojo a lo que hicieron los visionarios de entonces.

Mientras el hombre se debatía entre la vida y la muerte para abrirse camino en Panamá, nacieron los que a la postre abrirían una brecha profunda en la historia de la Música.

Hace 100 años llegaron de visita tres genios que colaborarían en la revolución del Jazz:   Ben Webster, Lester Young y Benny Goodman. Sin ellos, la música del siglo XX hubiera sido otra.

Mientras tanto, un buen grupo de osados ingenieros luchaban por abrirse camino en la vida, y en la naturaleza.  Lo que para el equipo Francés dirigido por Lesseps fue un rotundo fracaso, fundamentalmente económico, el empeño Americano permitiría a la postre convertir en éxito empresarial.  Y Lesseps venía precedido por el Canal de Suez.

También en aquella época, algunos como Goodman luchaban por salir de la pobreza.  Nacido en los barros bajos de Chicago, logro que la fuerza del viento madera soplara en su niñez para salir a flote del profundo estrato social en que vivía.  Aún no tocaba su clarinete cuando el Canal de Panamá era inaugurado.

Canal de Panamá

Canal de Panamá

Pero el Canal de Panamá se llevó por delante más de 22.000 vidas humanas.  Fue la estrategia americana la que finalmente produjos sus frutos:  Una lucha sin cuartel contra el portador de la fiebre amarilla, el mosquito que tuvo en jaque a la expedición francesa en sus años de pesadilla;  un excelente sistema de transporte ferroviario construido ad hoc para la evacuación de escombros y finalmente, una idea acertada de cómo construir el canal, mediante  exclusas escalonadas a lo largo del recorrido.

Podemos imaginar la opulenta travesía de algún crucero de lujo cruzando el Canal a principios del siglo XX, repleto de turistas curiosos.  Probablemente alguna Big Band inspirada en la música de los maestros del Jazz amenizaría las noches de mar.

Es una suerte que compañías como Iberia, que cubren con regularidad el camino a Panamá, se hayan acordado en este año de Centenario de los maestros Webster, Young y Goodman.

No pierdan ocasión de viajar a Panamá, contemplar el prodigio de la obra, y escuchar a los grandes del Jazz en el Canal musical de Iberia.


Un mundo maravilloso

agosto 14, 2009

Título:  Jazz:  A History of American Music

Autor: G. C. Ward, K. Burn

Editorial: Knopf

A cualquier amante de la música, cerrar este magnífico libro -del que ya hablamos en otra ocasión- sobre la historia de la más característica música del siglo XX le deja un sabor agridulce.  Porque al placer de leer un libro en gran formato, profusamente ilustrado con más de 500 fotografías históricas, y con una calidad notable en la composición y edición, se une el regusto amargo de contemplar el final de la historia vital de grandes personajes de la historia del Jazz:  Duke Ellington, Louis Armstrong, Glen Miller o Benny Goodman, por nombrar solo algunos.

Su época fue difícil:  a las intrínsecas estrecheces derivadas de sus inicios, humildes en muchos casos, se unió con frecuencia el color tostado de su piel en una época de segregación.  Porque los líderes espirituales del movimiento surgido en New Orleans, estaban marcados desde el instante de su concepción.  Aún así, consiguieron con su música abrir la brecha de la lucha por los derechos civiles en un país dividido.  Con la única voz de sus trompetas, clarinetes, trombones y pianos, hablaron a sus paisanos y al mundo de su visión de la vida.

Fue una bendición que en la época en que vivieron la música electrónica aún no hubiera nacido.  Así los organizadores de bailes y verbenas no podían recurrir a teclados midi reproduciendo, a las órdenes de supuestos músicos, machaconas melodías sintetizadas.

Una tecnología muy notable ha permitido a los músicos modernos escribir con un nuevo lenguaje sus composiciones.  El formato MIDI, permite a un músico experto transcribir on-the-fly cada pista musical y arreglo necesario, utilizando para ello su genio, un teclado, y llegado el caso, un computador.  El fichero MIDI no es más que una partitura digital, que incluye las notas,  volumen, dinámica…  Todo lo necesario para que una tarjeta audio sea luego capaz de reproducir en vivo la partitura contenida.

Pero este fantástico Dr. Jeckll tiene un tenebroso Mr. Hyde oculto:  Lo que un experto puede producir, será utilizado después de manera sistemática y repetitiva por músicos de playback para hacer su Agosto:  nada mejor que las fiestas del verano para llenar la verbena de ineptos músico-cantantes, que parapetados en sus teclados midi, reproducen baladas a las que han robado el alma.

En los años 30, cuando el swing hacía furor en América, los músicos podían ganarse la vida con su profesión.  Las grandes Big Bands actuaban noche tras noche en lugares tan emblemáticos como el Savoy del Harlem.  La música, y la buena voluntad de músicos como Benny Goodman, permitieron romper la segregación, integrando bandas bicolor.  Tanta importancia tomó la música como elemento político, que el gobierno americano, mirando al Jazz, nombró a Armstrong como especial embajador para mostrar al mundo los vientos de cambio que soplaban.

El propio Ellington, después de una vida íntegramente dedicada a la música y con una pacífica y silenciosa muestra de la capacidad de la raza negra, fue nombrado uno de los más grandes compositores americanos del siglo XX.

La música… , la buena música… , hoy y siempre permitirá mejorar el mundo.  Fíjense lo que en la actualidad está consiguiendo el sistema de orquestas juveniles e infantiles de Venezuela, del que otro día hablaremos.   Aunque la clase política se apropie a veces de los modelos y resultados,  la música, la buena música, ayudará a hacer este mundo -con permiso del MIDI- un poco más maravilloso.