Jobs

noviembre 13, 2011

Título:  Steve Jobs

Autor:  Walter Issacson

Editorial:  Simon & Schuster

Una de las tareas marcadas en mi agenda en el reciente viaje a USA era la compra el libro de Isaacson, sobre Steve Jobs.  Lanzado el 24 de Octubre cayó en mis manos el 28 en una tienda Target, con un 25% de oferta, y después de haber resistido sistemáticamente a la compra sin descuento en todos los aeropuertos que visité durante mi estancia.

Voy a plantear aquí un punto de vista políticamente incorrecto y poco convencional, para acabar hortodoxamente:  Jobs fue un cabronazo, y el mundo y la tecnología no se hubiera resentido un ápice sin él.

Toy Story

Algunos de nuestros sabios más conocidos dijeron en su día que caminaban a hombros de gigante, apuntando así humildemente que sus avances eran fruto del trabajo de otros.   La humildad es una cualidad humana valorada proporcionalmente a la posición social del que la exhibe.

El caso de Jobs es diametralmente opuesto:  su prepotencia y arrogancia, así como capacidad para humillar el prójimo, han sido cualidades bien conocidas en su entorno, y que aplicó sistemáticamente para lograr sus objetivos.  La cuestión es si el fin justifica los medios.

Dicho esto, todo personaje tiene sus facetas, y en el caso de Jobs, su sentido visionario, capacidad de innovación, búsqueda perfeccionista de resultados y pasión por el diseño hizo de sus productos y compañías marcas de éxito.  La pregunta es qué hubiera sucedido si Jobs no hubiera existido:  Nada.

La época de Jobs, mostraba una nerviosa agitación pre-parto en el mundo de la tecnología y los computadores.  Bill Gates con Microsoft, IBM, Xerox, … todos se movían buscando una nueva gama de productos que ofrecer al público.  La historia sin Jobs o sin Gates hubiera sido diferente, pero no diametralmente distinta.  La género humano, con su dotación genética y su capacidad de adaptación, tenía que llegar y llegó al computador personal, y a las videoconsolas y a la animación por ordenador.  Si no hubiera sido Jobs, quizá los propios fundadores de Pixar lo hubieran hecho con fondos de otras personas, o tal vez otra compañía hubiera marcado tendencias con una alternativa a Toy Story.  Pero entre los miles de millones de personas que habitan el mundo, no podemos pensar que la historia sería diferente sin uno particular: diferente sí, aunque no genéricamente diferente.  Si no hubiera habido Stalin, probablemente otro habría ocupado su puesto en la conyuntura social Rusa de la época.  Las personas somos como somos, y producimos lo que producimos.  Este es nuestro sino, y nuestra penitencia.

En todo caso, tuvo que ser Jobs quién encarnó un modo de vida, tuvo una visión y participó en una era de revolución tecnológica.  Reconozcamos la parte positiva del personaje, y apliquemos el cuento en nuestro ámbito:  cualquiera puede provocar una revolución de esta índole si se encuentra un medio propicio.  Moraleja:  (i) La tecnología llega cuando la sociedad está madura;  (ii) un entorno dinámico e innovador es el caldo de cultivo idóneo para el nacimiento de una nueva tecnología.

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Sobre la suerte, la perseverancia y otras virtudes

febrero 27, 2009

Título:  The Drunkward’s Walk

Autor:  Leonard Mlodinow

Editorial:  Pantheon

Hablaba Martin Gardner hace tiempo, en uno de sus libros repleto de divertimentos matemáticos, sobre los conocidos “Random Walks” (caminos al azar) y su discurrir parejos al estilo aventurero de Rocinante cuando era abandonado a su libro albedrío por Don Quijote, para que pudiera así elegir el camino hacia nuevos episodios con gigantes desaforados, doncellas en peligro y entuertos varios que enmendar.

Don Quijote de la Mancha y Rocinante

Don Quijote de la Mancha y Rocinante

De forma similar titula Mlodinow este libro, utilizando en su lugar el símil del borracho de paso torpe y camino vacilante.  El azar, la aventura, el juego y la probabilidad siempre han sido términos hermanados, y la estadística es el padre de familia que ha pretendido educar y entrar en cintura a tan montaraces sujetos, prole llena de términos y conceptos que se diluían y esfumaban hasta  que un buen día Pascal decidió afrontar tamaña empresa de darles forma.

Pretende el autor con este libro mostrar lo natural de esta ciencia, la estadística, que forma parte de la vida cotidiana.  Con ejemplos notorios y sucesos conocidos, ilustra Mlodinov sobre términos que resultan evasivos a estudiantes que desearían no serlo.

Relata Mlodinow como la suerte es a veces un mal entendido sinónimo de una muy frecuentemente olvidada virtud: la perseverancia.  Relacionada directamente con la temática de este blog, el mundo de los libros, cabe destacar el esfuerzo de algunos escritores noveles para llegar cumplir su sueño:  publicar.  Como ejemplos destacados se citan en el libro los casos de J. K. Rowling y su Harry Potter, que necesitó de 9 visitas a editores obtusos que sistemáticamente rechazaron el libro.  Libro rechazado hasta que un décimo editor decidió atender caritativamente el ruego de la novelista amateur, y cuya buena obra -del editor y de la novelista-  dio ciento por uno.

Más lamentable fue el caso de John Kennedy Toole que literalmente murió en el intento de publicar “A Confederancy of Dunces” (La Conjura de los Necios), y que paradójicamente mereció a la postre un premio Pulitzer.  Su intento desesperado de publicar la novela, le condujo finalmente a la amargura del suicidio.  Fue su madre, quién decidió que la muerte no debía ser inútil, y 11 años después consiguió la publicación, con su correspondiente premio, y 2 millones de ejemplares vendidos.

Notables son ambos casos como ejemplos de los frutos producidos por la perseverancia, aunque a veces la suerte tiene un papel protagonista.

Azar

Azar

Podemos así encontrar en este magnífico libro cómo la suerte, a pesar de todo, tiene su importancia.  Y utiliza como ejemplo un caso bien conocido de la industria TIC, cuyos detalles son sin embargo desconocidos por el público. Ahí va la historia:  resulta que Bill Gates fue un buen día contactado, allá por los 80, por un empleado de IBM que trabajaba en un secreto proyecto futurista, que pretendía la descabellada idea de desarrollar un computador personal (quizá no tan descabellada después del éxito de Steve Jobs).  IBM necesitaba un Sistema Operativo, y el bueno de Gates respondió con sinceridad manifiesta, indicando su incapacidad para desarrollarlo, recomendando a su colega hablar con Gary Kildall, a la sazón miembro de Digital Research Inc.

Y resultó que aquellas negociaciones entre Kildall e IBM no prosperaron e IBM seguía con el mismo problema inicial, la falta de un Sistema Operativo para su invento -es un decir.  Justo entonces, Jack Sams, de IBM, se reunió de nuevo con Gates.  Ambos sabían de un Sistema Operativo inspirado por el trabajo de Kildall. Y he aquí que el bueno de Gates preguntó inocentemente:  ¿Quieres obtenerlo… o quieres que yo lo obtenga?  Y la respuesta:  “Haz lo que puedas para conseguirlo…”  Y dicho y hecho.  Gates lo consiguió por unos 50.000$, hizo algunos apaños, y … creó DOS, que fue licenciado por IBM permitiendo a Gates retener los derechos.  El resto de la historia ya la conocemos. Decía Einstein que Dios no juega a los dados.  Pero no dijo nada de cómo aprovechar las jugadas del azar para industriar a nuestro favor.

Sirvan ambos casos de ejemplos tanto para la lucha ante la adversidad , que en ocasiones hace perder confianza a los jóvenes que se abren paso en la vida, como para aprovechar circunstancias fortuitas que la vida nos ofrece.  Debemos inculcar el espíritu de lucha, sacrificio, y confianza en el trabajo bien hecho, que a la postre siempre devuelve los frutos con crece.  Pero no olvidemos que la visión de futuro, y un poco de suerte, son buenos ingredientes para un suculento banquete.

Por cierto, y hablando de banquetes, no se pierdan la descripción de Mlodinov sobre las buenas guías de vinos, que permiten a un mismo ejemplar ser cabeza en una lista, y a la vez cola de listas rivales, y en ambos casos tras exhaustivo análisis de los mejores catadores del mundo (con ejemplos concretos:  The Penguin Good Australian Best Wines, y su rival, On Wine’s Australian Best Annual).

Tengan todo esto en cuenta cuando pidan un buen vino a la mesa de celebración de su último y más exitoso proyecto, y recuerden a sus vecinos que no pueden catar ese vino.  ¿Será asunto de suerte, perseverancia, ambas, ninguna?