Actos de fe

febrero 13, 2018

Título:  How to create a mind.

Autor:  Ray Kurzweil.

Editorial:  Viking

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Es difícil encontrar hoy día en el mercado una contraportada con más halagos de personas relevante en su ámbito, en este caso la inteligencia artificial (IA).  Ray Kurzweil es un reconocido “futurista”, dícese del que predice con acierto lo que sucederá en décadas venideras.  Pero más allá de esto, hay que destacar su éxito en el desarrollo de tecnologías tan importantes como las que permiten a los humanos hablar naturalmente con los computadores (Siri por ejemplo).

Kurzweil propone un modelo simple y a la vez complejo, ese tipo de complejidad emergente que surge de sistemas sencillos, para el funcionamiento del cerebro, basado en reconocedores de patrones simples, y que de modo jerárquico se van uniendo hasta conseguir la capacidad de la inteligencia humana.

El libro hace una amplio recorrido por la inteligencia, desde el punto de vista formal, funcional y filosófico.  Repasa las teorías más conocidas sobre la IA, y propone modelos que llevan hasta los campos más discutidos:  mente, consciencia e identidad personal.

Pero si tuviera que destacar el elemento que me parezca de mayor mérito en el autor, sería su sinceridad;  porque al contrario que otros muchos de su estirpe, reconoce sin pudor que en algunas de sus propuesta no le queda más remedio que realizar un “acto de fe” o “leap of faith” literalmente.  Es el caso particular sobre su discusión de la consciencia, de cuándo y cómo surge en sistemas inteligentes, el yo personal del “pienso luego existo” de Descartes, y su relación profunda con los procesos cognitivos, la mecánica de su procesamiento y la consciencia que se le asocia.  Porque cuando otros dicen que los robots inteligentes del futuro serán conscientes, él dice que aunque cree que serán conscientes, no habrá modo de demostrarlo, ni será posible establecer un “test de Turing” para la consciencia, por lo que asume que está haciendo un “acto de fe”.

Plantea del mismo modo un experimento mental interesante, relacionado con el Yo o identidad personal que todos decimos sentir.  Y digo decimos sentir, porque cada uno solamente puede estar seguro del suyo propio.  Este yo tan personal, dice el autor que puede duplicarse:  si en el futuro dispusiéramos de tecnología suficiente para hacer una copia de todas las conexiones cerebrales de una persona y transplantarlas a un cerebro artificial, según el autor, nuestro yo personal surgiría simultáneamente en esa máquina, y sería tan yo como yo mismo.  Para ello recurre a un experimento mental:  Supongamos que sustituimos una neurona de nuestro cerebro por otra artificial.  ¿Seguiríamos siendo YO?  Seguramente todos diríamos que sí.  El lleva el caso al extremo, repitiendo el experimento neurona tras neurona, y realizando a cada paso la pregunta.  Como la respuesta siempre es la misma, al final del proceso, seguiríamos siendo nosotros mismos pero con un cerebro artificial.  A partir de ahí, el dice que una copia del mismo, por ser artificial y fácil de copiar, crearía el mismo YO personal que ahora tenemos, y él manifiesta de nuevo su “acto de fe” diciendo que ese YO no sería una identidad diferente si no la misma que tenemos.  Ya digo, lo bueno es que manifiesta su humildad por no poder demostrar aquello en que cree.  Y esto es importante porque en muchas ocasiones se pone en cuestión la fe de las personas en lo que no puede demostrarse.

También la ciencia está llegando cada vez más a ese punto, en el que manifiesta con humildad su incapacidad para llegar más lejos, y deposita su confianza en la fe.  Y sino pregunten a Gödel, Chaitin, y ahora a Kurzweil.

 

 

 

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