El Progreso de la ciencia.

septiembre 8, 2017

Título:  Cartas Marruecas.

Autor:  José Cadalso.

Editorial:  Salvat.

Hay temas que aguantan el paso del tiempo estoicamente.  No hay que rebuscar mucho entre las cartas de Cadalso: casi al principio, en la sexta carta hemos encontrado algo que parecería escrito anteayer.  Aquí dejamos para la reflexión sobre el progreso de las ciencias en España, y de los profesores que la cultivan, lo que sucedía en España en el siglo XVIII:

“El atraso de las ciencias en España en este siglo, ¿quién puede dudar que procede de la falta de protección que hallan sus profesores? Hay cochero en Madrid que gana trescientos pesos duros, y cocinero que funda mayorazgos; pero no hay quien no sepa que se ha de morir de hambre como se entregue a las ciencias, exceptuadas las de pane lucrando que son las únicas que dan de comer.

Los pocos que cultivan las otras, son como aventureros voluntarios de los ejércitos, que no llevan paga y se exponen más. Es un gusto oírles hablar de matemáticas, física moderna, historia natural, derecho de gentes, y antigüedades, y letras humanas, a veces con más recato que si hiciesen moneda falsa. Viven en la oscuridad y mueren como vivieron, tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos seguidos sobre si los cielos son fluidos o sólidos.”

Así nos va.  ¿Porqué será que los jóvenes investigadores españoles se marchan en cuanto pueden a buscarse el futuro fuera de nuestras fronteras?

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Historia de la Ciencia

septiembre 17, 2016

Título:  Timeline of Science.

Autor:  Varios.

Editorial:  DK-Smithsonian.

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Muy completa guía visual a lo largo de la historia de la ciencia.  Editado por una de las más importantes instituciones dedicadas a preservar la memoria de la humanidad, el Smithsonian ofrece en este voluminoso ejemplar un mapa que a lo largo del tiempo y el espacio muestra los progresos de la humanidad.

La organización por años permite acceder y contemplar lo que sucedió en periodos cortos de la historia.  Esto es una ventaja cuando queremos asomarnos a ventanas concretas de tiempo, aunque ciertamente provoca una narrativa saltarina, que mezcla en cada párrafo varias temáticas científicas que progresaban simultáneamente.

No es por tanto este un libro en el sentido enciclopédico organizado en áreas temáticas.  Y si bien ese puede ser su mayor defecto, surge éste de la organización temporal que los autores han ofrecido con éxito.  Basta así acceder, por ejemplo, a 1859 para encontrarnos con Darwin y su teoría, y a la vez el primer espectroscopio para el análisis del espectro propio de cada elemento.

En definitiva, una magnífica guía visual que adquirí a precio de saldo en una reciente visita a la interesante ciudad de Vancouver, que nos sorprendió a todos por su mezcla urbana y su bahía montañosa, pero más aún por el díficil panorama que ofrece la calle Hastings:  muchedumbre que pareciera de walking deads, producto de la marginación y la droga. Extraño resultado de la civilización en una de las ciudades con mayor renta del mundo.  Una paradoja social que aún no hemos sido capaces de resolver en el siglo XXI, a pesar de todos los avances científico tecnológicos.

 


Entendiendo el M16

octubre 23, 2015

Título:  Un espía entre amigos.

Autor: Ben Macintyre.

Editorial:  Crítica.

A estas alturas a nadie sorprende revelaciones de ex-agentes de la CIA, publicaciones vía wikileaks, o desclasificación de documentos de la guerra fría con sorpresas.  Pero un libro como el de hoy, que en puridad es una especie de biografía de un agente doble, permite al lector disfrutar de una trama novelada a la altura de cualquier relato ficticio.

Ben Macintyre consigue enganchar al lector con las peripecias del protagonista, Kim Philby, que como agente doble al servicio del M16 Británico, consiguió engañar a los suyos, a los colegas del M15, a la naciente CIA y a sus más cercanos amigo cuando utilizó su puesto para pasar información al gobierno Ruso:  El arte del engaño como “leitmotiv”, principio vital del agente doble.

El libro vale la pena por varias razones:  una la antedicha sobre la conseguida trama narrativa;  dos como estudiado capítulo histórico, y tres, porque permite al lector conocer los entresijos de los servicios secretos, en los que trabajaron también, entre otros, el autor del post anterior, Forsyth y Ian Fleming, autor del famoso 007,  que en varias ocasiones hace acto de aparición en este relato.  James Bond probablemente encarne el prototipo de espía que a Fleming le hubiera gustado llegar a ser.  La realidad del M15 y 16 probablemente fue menos romántica y más pragmática.  Pero la mezcla de Fleming y Macintyre pueden ser un buen cóctel de lectura para entender el M15 y el M16.


Viceversa

marzo 18, 2015

Título:  Viceversa.

Autor:  Varios.

Editorial:  Universidad de Extremadura.

La revista Viceversa de la Uex, nació con el necesario papel de acercar la Universidad a la Sociedad Extremeña, desempeñando así una labor de divulgación que muchas veces es olvidada por las instituciones dedicadas a la ciencia y la investigación.  Este pasado mes tuve la oportunidad de escribir el comentario editorial, invitación que agradezco.  Aprovecho el post de hoy para trasladar aquí lo publicado y animar a todos a visitar la revista digital.

Viceversa, Febrero 2015.

Viceversa, Febrero 2015.  Editorial.

Los extremeños de mi generación, la generación del baby-boom, veíamos desde la cuna viñas, olivos, regadíos o dehesas llenas de ganado: era el panorama que dominaba nuestra infancia y un probable futuro laboral, que aunque noble y necesario en nuestras latitudes, ocultaba otras realidades posibles.

Para los adolescentes de entonces, la ciencia y la tecnología eran algo tan lejano como la Luna y los cohetes Apolo que periódicamente lanzaban países más avanzados que el nuestro. Las misiones lunares, los computadores, el vuelo supersónico… todo esto nos era ofrecido en el único canal de televisión que llegaba a nuestros humildes hogares en los setenta, y eran la ciencia ficción en nuestra infancia, tan imposible como la saga Star Wars.

Michio Kaku, y junto él otros grandes de la ciencia, cuenta que gran parte de la ciencia ficción de hoy, serán tecnología y ciencia real del mañana. Si fuera posible utilizar hoy la tecnología del futuro -cuando sus principios y fundamentos todavía son desconocidos- asistiríamos atónitos a esa magia con mayúsculas. Para muchos como yo, ni siquiera había que pensar en aquellos lejanos años de nuestra niñez en la tecnología del futuro: el presente de otras latitudes era magia inalcanzable.

Pero era precisamente esta ventana al mundo, el canal VHF, el que nos brindaba también entonces el trabajo divulgativo de alguien que con el tiempo llegó a ser un científico conocido de todos: Carl Sagan y su serie Cosmos. La visión del Universo y su evolución, las teorías sobre su nacimiento y sus cuatro dimensiones espacio-temporales, fueron catalizador que también nos permitió pensar que nuestra brújula vital quizá podría orientarse hacia un futuro diferente, en el que la ciencia y la tecnología podrían tener quizá un papel relevante. Este caldo de cultivo, con suerte en algunos casos, pudo luego ser alimentado en el bachillerato por algún profesor de ciencias con vocación. Puedo así recordar una visita a la Universidad de Salamanca y al microscopio electrónico, organizada por un peculiar Biólogo, que se ponía a sí mismo como ejemplo del mecanismo evolutivo, para contarnos que incluso los menos aptos tienen suerte y a veces encuentran pareja y dejan descendientes.  Este profesor nos permitió descubrir en aquel viaje qué era un científico, qué pinta tenía, y cual era su lugar habitual en el ecosistema nacional: la Universidad.

Estas experiencias vitales en una época de carestía, y el interés de nuestros progenitores en lograr un mejor futuro para sus hijos, condujo a muchos a las aulas universitarias, que se llenaron entonces de jóvenes con vocación. Basta un ejemplo: Cuando la Informática llegó a Extremadura en Mérida, una de las tres primeras ciudades de España que ofreció la que entonces se denominó Ingeniería Técnica en Informática, en los inicios de lo que hoy se conoce como el Centro Universitario de Mérida, más de 8 aulas atestadas de jóvenes de todos los rincones de la península iniciaban sus estudios cada año en el primer curso, muchos extremeños entre ellos, y que a pesar de las dificultades de la época, llegaban con conocimientos avanzados en programación que habían cultivado en sus ratos de ocio en el Bachillerato.

Hoy día, treinta años después, la abundancia de información, medios de comunicación, canales televisivos y tecnología, ordenadores, internet y teléfonos inteligentes producen un efecto contrario, y difícilmente encontraremos Grados de áreas de ciencia y tecnología con notas de corte y listas de espera saturadas, por no hablar de jóvenes que sepan algo más que navegar por internet o crear un power-point. La sobreabundancia de conocimiento accesible provoca una saturación tal que impide con frecuencia al joven elegir un rumbo y aplicarse a él con dedicación; y así, a pesar de la demanda del mercado laboral en algunos sectores presentes en nuestra universidad, las áreas de Tecnología de la Información y de las comunicaciones en particular, ni las aulas se llenan, ni tenemos profesionales suficientes. El mercado laboral demanda, y el joven mira para otro lado.

En una conversación pasada entre el actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el ya fallecido presidente fundador de Apple, Steve Jobs, Obama recriminaba a Jobs su marcha al gigante asiático para abrir factorías, en lugar de hacer lo propio en su tierra natal. Y Jobs no le respondió hablándole de costes laborales en su apuesta por China: simplemente le dijo que no conseguía encontrar suficientes Ingenieros en su país, porque los jóvenes no querían estudiar. En esto somos bastante modernos: la falta de vocaciones hacia la tecnología y la ciencia en Extremadura está al nivel de los países de nuestro entorno.

La falta de vocaciones en sectores estratégicos de ciencias-ingenierías-tecnología, es un problema detectado y conocido por cualquier gobierno que mire cara a cara la realidad de su entorno. No es algo que sólo afecte a Canadá, Alemania o Estados Unidos. Las grandes organizaciones llevan tiempo alertando, y en algunos casos, como la IEEE (Instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica) promoviendo y organizando actividades que permitan despertar a la juventud. El resultado en algunos casos ha sido notable: el gobierno estadounidense está dedicando fondos específicos a promover entre los jóvenes el interés hacia las áreas STEM (Science-Technology-Engineering-Maths, Ciencia-Tecnología-Ingeniería-Matemáticas), y en Reino Unido la Programación comienza a ser asignatura obligatoria en secundaria.

En Extremadura, y en nuestra Universidad en particular, poco a poco se va despertando un interés hacia la divulgación de la ciencia, y esta revista es un buen ejemplo. Pero aún estamos lejos de incluir la necesidad de la divulgación en la ecuación que mide la productividad del profesor universitario. Además de la docencia, necesaria para la formación de los futuros profesionales, y de la investigación, es imprescindible una apuesta definitiva por la divulgación que permita por un lado a la sociedad en general conocer en qué se invierten sus recursos, y por otro trasladar con un lenguaje adecuado un mensaje de esperanza de futuro a nuestros jóvenes. Su futuro, y el de nuestra sociedad, depende de lo que seamos capaces de transmitirles, y de las decisiones que luego ellos tomen.

Ojalá que las instituciones se hagan conscientes de esta necesidad, y apoyen con recursos necesarios -emulando así a otros países de nuestro entorno- iniciativas que están ya surgiendo en nuestra región, cuyo futuro es incierto sin un apoyo decidido.


La búsqueda de la Verdad.

agosto 31, 2014

Título:  The Language of God.

Autor:  Francis S. Collins.

Editorial:  Free Press.

 

La vida es una caja de sorpresas.  Para el joven Francis S. Collins hubiera sido difícil adivinar su futuro, cuando sus estudios de doctorado estaban lejos del gran proyecto que luego dirigió, El proyecto Genoma Humano;  y cuando su visión atea del mundo difícilmente le hubiera permitido prever su futura búsqueda de la revelación.  Pero al contrario que otros, Collins siempre estuvo interesado en la búsqueda de la verdad, y no evitó hacerse preguntas trascendentales, reflexionar sobre ellas y buscar las fuentes que le permitieran contestarlas.

La mente de Dios.

El libro de hoy se dirige a múltiples lectores:  creyentes que no consiguen aún compatibilizar su fe con la ciencia; científicos siempre dispuestos a evaluar qué creen y porqué; ateos con interés en el mundo de la ciencia …  Pero seguramente nada sacará de él un extremista, ya se fundamentalista creyente o ateo beligerante.

Collins parte de su experiencia personal para analizar el camino de la búsqueda de la verdad por dos caminos diferentes:  el de la ciencia primero, y el de la fe después.  Como científico ateo, fue consciente pronto de la imposible respuesta que la ciencia podía ofrecer a las cuestiones trascendentales:  El porqué del Universo, el porqué de la existencia, y el objetivo último de su consciencia personal…   y cómo una inmensa mayoría de culturas, tradiciones, y en definitiva, personas que habitan el mundo, responden a estas preguntas desde la fe.  La necesaria respuesta para éste deseo trascendental, esta profunda sensación de incompletitud que todo ser humano siente en algún momento de su vida, no encuentra su respuesta en la ciencia.

Collins, gracias al proyecto que dirigió, es uno de los científicos más cualificados para hablar de la teoría de la evolución, corroborada mediante el estudio estadístico de la presencia y posición de genes en los genomas de las múltiples especies que habitan la tierra.  Pero al contrario que el recalcitrante Dawkins, nos muestra como algunos comportamientos humanos se salen del modelo:  El altruísmo demostrado por Teresa de Calcuta acogiendo y acompañando a los moribundos en sus últimas horas queda lejos de los ejemplos con los que Dawkins quiere demostrar como las hormigas son el mejor ejemplo para entender la evolución del altruismo humano.

Así pues, Collins experimentó en primera persona la incapacidad de la ciencia actual o futura para resoponder a cuestiones últimas, la profunda carencia que experimenta el ser humano, y algo más:  la llamada interior de una ley moral que todo hombre siente y le previene y advierte, indicándole el camino del bien y del mal.  Incluso para los que defienden el relativismo moral y excluyen la universalidad de esta ley, su falta de razonamiento lógico le impide ver su posible equivocación:  Si todo es relativo, su propio relativismo puede ser relativo, abriendo la puerta a una ley moral fundamental.  Collins siente esta ley moral tan fuerte como la ley de la gravedad, aunque surgiendo de una realidad más profunda.

Con estos mimbres, Collins inició un camino que le llevó a estudiar lo que otros dicen de Dios, buscar el Dios que mejor responde a la lógica según la tradición científica, y que a la vez sea compatible con esa verdad científica.  Citando a Juan Pablo II, nos recuerda que si el Universo y la vida fueron creados por Dios, y Dios nos dio la capacidad de razonar, nuestro razonamiento profundo y sincero debe conducirnos a una verdad científica que sea compatible con la verdad que nos muestre el camino de la fe.  La verdad no puede ser contraria la Verdad.  Collins llegó así a la fe en Dios, y no un un Dios cualquiera que se olvida del hombre, sino en un Dios que necesita del hombre.

Y una vez Collins descubrió este otro camino de la verdad, también planteó en su terreno la preguntas más difíciles de contestar:  el mal del mundo, porque Dios parece permitirlo…  preguntas que también surgieron de experiencias personales, tal como el asalto y posterior violación que sufrió una hija.

Pero en fin, mejor nos desvelar más el misterio.  Es una suerte que gente que ha recorrido este camino acompañado del razonamiento científico lo cuente, para evitar que otros ruidosos y beligerantes pretendan hacernos creer que Dios es incompatible con la mente científica, y que un científico que se declara creyente comete suicidio científico.

 

 

 


El futuro y la tecnología

noviembre 5, 2011

Título:  Emocionantes aventuras de la misión Barsac.

Autor:  Julio Verne.

Editorial:  RBA.

 

Alguien decía, y Steve Jobs -del que hablaremos próximamente- adoptó, que la mejor forma de predecir el futuro es inventarlo.  Los políticos Europeos se han dado cuenta de varias cosas:  (i) que las políticas de natalidad hay que cambiarlas si no queremos una vieja europa en términos demográficos; (ii) que el avance tecnológico es fundamental para el liderazgo internacional y económico.  Algún progresista ha reconocido en público su conflicto interno al tener que admitir el primer punto, pero en términos tecnológicos y económicos, las alas este y oeste, norte y sur, azul y rojas, están todas de acuerdo, aunque haya diferencias estéticas.

Esto viene a cuento del título que hoy presentamos, y que como siempre, argumento y detalles mantenemos al margen invitando a los lectores a descubrirlos autónomamente:  La tecnología es el elemento clave para que la ciudad en que se desarrolla la historia, lidereda por un paranoico criminal, haya triunfado en un medio adverso, el desierto.  Como tantas otras veces, presta Verne su pluma a la tarea de ensalzar la importancia de la tecnología, y no repara en presentar artilugios que el futuro desvelaría.

La tecnología y la ciencia son piezas claves en el rompecabezas de la política internacional.  El progreso de un país necesita de varios elementos:  población convencida de la necesidad de esforzarse, y tamaño suficiente para tener impacto, y desarrollo científico tecnológico.  Basta examinar estos elementos para hacer un pronóstico más o menos certero de lo que el devenir proporcionará a cualquier nación moderna.

Independientemente de lo que pensemos de nuestro modelo actual de país, cada uno tenemos en nuestras manos un porcentaje de participación -stock options- en nuestro éxito futuro, y dependerá de cómo gestionemos nuestra actividad para lograr entre todos un buen rendimiento.

Quizá convenga de nuevo mirar a las generaciones del futuro, nuestros adolescentes de hoy, para transmitirles una serie de actitudes y valores que permitan un cambio generacional.  Nosotros vamos a intentarlo, y el School of Computing pretende esto en parte:  despertar el interés por la ciencia y la tecnología.  El futuro tecnológico está en nuestras manos.

 


La relatividad de la vida

septiembre 11, 2010

Título:  La Flecha del Tiempo (II)

Autor:  Peter Coveney y Roger Highfield

Editorial:  RBA

Continuamos desgranando esta semana la segunda parte (libro) de Coveney y Highfield.

Tuve esta semana la oportunidad de visitar la Ciudad de las Artes y las Ciencias en Valencia.  La magnífica arquitectura de Calatrava, con cierta inspiración Modernista Gaudiana, es antesala de unos interesantes contenidos que pretenden del público -juvenil sobre todo- entender la ciencia y el arte.

Ciudad de las Artes y de las ciencias

Buena ocasión para conocer la Valencia del futuro, y la Ciencia y las artes en sus más diversos ámbitos, la que nos ha ofrecido el Congreso Español de Informática, CEDI, y el MAEB, que lamentablemente este año ha quedado bastante diluido en el macrocongreso CEDI -1400 paticipantes.

No es corto el objetivo de los museos de ciencias, y de libros como el que tratamos, porque cada vez está más claro para bastantes científicos, que la complejidad del mundo en que vivimos nos impide disfrutar del éxito que muchos han pronosticado con frecuencia:  el alcance definitivo del conocimiento total de las leyes que rigen nuestro Universo.

La ciencia cada vez pide más fe -la teoría cuántica, por ejemplo, que parece que funciona, aunque nadie la entienda- y ofrece menos certezas:  principio de incertidumbre, indeterminismo cuántico, comportamientos caóticos, Teorema de Incompletitud.  Imprevistos resultados del avance de la ciencia al mostrar sus propias debilidades.

¿Qué es el tiempo y la vida?  Corto consuelo ofrece la ciencia al trauma de un padre que pierde a un hijo, por más que prediga el destino final de todo ser vivo. Los hombres de fe rechazaron un día la ciencia.  Hoy muchos hombres de ciencia rechazan la fe.  Quizá ciencia y religión alcancen a través de sus líderes algún día la armonía que sirva de estímulo para aceptar el cómo y porqué de un mundo que de otro modo no contesta a la mayor pregunta del hombre:  ¿De dónde vengo y adónde voy?  La vida es un bien efímero que se evapora sin darnos cuentas.

No dejemos de reflexionar con frecuencia sobre la relatividad de la vida, y sobre nuestro papel en la trama que nos ha tocado vivir.