Versiones

diciembre 2, 2011

Título:  Fred Astaire

Autor:  Chema García Martínez

Editorial:  El Pais.

 

Dice un refrán castizo:  “No hay mal que 100 años dure, ni cuerpo que lo resista”.  Nos desayunábamos esta mañana del dos de Diciembre con el augurio de dos años de recesión.  Si los dos últimos han sido malos, mejor no pensar lo que nos espera.  Pero mejor volver la vista atrás y ver que el refrán se cumple.

Los años 20 fueron de locura y dispendio.  Recuerdan, quizá, al último lustro de la década pasada, en que el gasto y el crédito bancario no tenían límites.  Dos versiones de un mismo fenómeno, separadas por 80 años, y seguidas por dos crisis, la del 29, y la que ahora sufrimos sin saber aún su calado real.

Pero incluso en los años 30 hubo ocasión para que la industria del entretenimiento suministrara placebos, y que el público olvidara algunos ratos su desgracia encerrados en las salas de cine.  Y Fred Astaire fue estrella en su época, volcado con el baile, el cine, y a ratos, la canción de jazz.  El libro de hoy es una muestra de sus grabaciones, con algunos temas convertidos en clásicos:  Steppin’ out whit my baby, Let’s call the whole thing off…  Quizá sea este buen ejemplo de las diferente versiones con un mismo contenido, y como la crisis de hoy es una versión más de la de ayer.  Esperemos que la recuperación no requiera del impulso bélico que entonces propició el boom económico.  Más vale acabar con buena música, e imágenes de pistas de hielo y bailarines, muy apropiado para los días Navideños que asoman a la puerta.


La ciencia y la tierra

enero 29, 2010

Título:  El Tesoro

Autor:  Miguel Delibes

Editorial:  Esfera de los Libros

Andan a la greña políticos de todo color por el asunto del cementerio nuclear.  La ley del territorio manda, y la paradoja  da prioridad al  pequeño, el pueblo, sobre el grande, la comunidad.  El alcalde impone su ley, y los acalorados presidentes autónomos se inflaman de cólera.

Pueblo

El problema territorial no es nuevo.  Las especies animales se apropiaron del concepto en la noche de los tiempo; y los maullidos nocturnos en los viejos tejados vecinales nos lo recuerdan.

En este libro de hoy, Delibes también trata el sempiterno tema de la tierra, y la ciencia, y la ignorancia.  Presenta el cuento de los científicos que llegan a escarbar en el pasado, y la lucha fratricida de pueblos enfrentados, y que pasan la factura a la ciencia.  Son los científicos, en el fondo, con su desmedido afán de hurgar en las entrañas de la tierra, escarbando en tierras comunales, los culpables de los males presentes.

Interesante temática y de notoria actualidad.  Tiempos de crisis en que el gobierno parece que pasará factura a la ciencia, negando presupuestos anunciados a bombo y platillo.  Bastará evaluar negativamente los proyectos científicos de nueva hornada presentada al plan nacional.  Serán así los científicos los únicos culpables de su propia ruina.

¿Qué será de la I+D española sin dineros?  ¿Qué será de los jóvenes aspirantes a científicos? ¿Qué será de la riqueza futura del país sin I+D que la abone? Seguramente por el camino que vamos, la Bienaventuranza bíblica nunca será más cierta:  serán los pobre y los mansos quienes hereden la tierra.


Un País en crisis

marzo 13, 2009

Título:  Cánovas

Autor: Benito Pérez Galdós

Editorial:  Galaxia Gutenberg

Hace pocos días publicaban en un periódico regional la sorprendente noticia de que la crisis económica no estaba afectando al sector agrícola, y ofrecía datos el diario sobre el crecimiento sostenido del PIB en este sector el pasado año 2008 (ver diario Hoy).   Aunque el sector TIC parece sortear la recesión con la rara habilidad del esquiador de slalom, curtido por las inclemencias invernales y las desiguales pendientes de las cimas de alta montaña, y se hace difícil en el actual mes de Marzo encontrar profesionales de las tecnologías de la información tomando el incipiente sol primaveral en los parques , resulta curioso que el a menudo ruinoso sector primario sea propuesto como ejemplo de negocio refugio.

Porque bien mirado, el sector agrícola tiene en las economías modernas una importancia proporcional al grado de desarrollo del país en que se mide.  Será porque cuando un país tiene hambre, busca en sus tierras el sustento, y cuando el hambre pasa y el tren del desarrollo llega, todos olvidan quién les alimentó en tiempos difíciles.

La portada del periódico en cuestión desató comentarios airados de los sufridos campesinos que cultivan con tesón nuestros viñedos, olivares y campos de cereales, y que viven en una continua crisis desde hace 30 años:  precios del grano estancados, abonos para los campos en las nubes, y siendo víctimas de unas políticas que les imponen el triste papel de pedigüeños que pordiosean las limosnas-subvenciones que pretenden resarcirles de los precios regalados de la materia prima.

Lago Lemán

Lago Lemán

Tuve hace unos años la oportunidad de recorrer en verano las riveras florecientes del Lago Leman en Suiza, jalonadas de cuidados viñedos en miniatura, y surcados por pistas turísticas asfaltadas, que conducen a pequeñas bodegas dónde puede uno reposadamente degustar los caldos de la tierra, acompañados de chacinas tradicionales.  Tan bonito panorama suscita la pregunta sobre la subsistencia de los obreros del campo en tan particular País.  Porque Suiza es un País próspero, con un nivel de vida -precios y sueldos- por encima del que se estila en estos lares;  y el Lago Lemán baña ciudades ribereñas atestadas de tecnología punta:  Ginebra y el CERN, Lausanne y la EPFL

Cuando uno vuelve la vista a casa, comparece atónito al vendaval de noticias sobre dispendios indecorosos realizados por  gobernantes y gestores de leyes y precios que no ayudan mucho a digerir estas crisis crónicas en un sector fundamental:  el que alimenta a nuestros hijos.

Alegoría del Buen Gobierno

Alegoría del Buen Gobierno

Pero no crean que esto es nuevo, no.  Nos referiremos hoy a lo que Galdós ya decía con maestría sobre el buen Gobierno a finales del XIX, que no tiene desperdicio, y sobre el arte de producir o consumir recursos.  Les transcribo aquí lo que en la novela Cánovas, que da cuerpo al segundo volumen de la quinta serie de los Episodios nacionales, decía Galdós:

«En la procesión que ha pasado frente a nuestros ojos, multitud engalanada rebosando satisfacción y alegría, has visto el mundo de los pudientes, de los administradores, mayordomos y capataces de la cosa pública, mecanismo cuyas piezas mueven las cosas privadas y todo el tejemaneje del vivir de cada uno. ¿No lo has entendido, verdad? Pues te lo diré más a la pata la llana. Lo que hemos visto es el familión político triunfante, en el cual todo es nuevo, desde el Rey, cabeza del Estado, hasta las extremidades o tentáculos en que figuran los últimos ministriles; es un hermoso y lucido animal, que devora cuanto puede y da de comer a lo que llamamos pueblo, nación o materia gobernable.

»Sabrás ahora, mujercita inexperta, que los españoles no se afanan por crear riqueza, sino que se pasan la vida consumiendo la poca que tienen, quitándosela unos a otros con trazas o ardides que no son siempre de buena ley. Cuando sobreviene un terremoto político dando de sí una situación nueva, totalmente nueva, arrancada de cuajo de las entrañas de la patria, el pueblo mísero acude en tropel, con desaforado apetito, a reclamar la nutrición a que tiene derecho. Y al oírme decir pueblo ¡oh Casiana mía! no entiendas que hablo de la muchedumbre jornalera de chaqueta y alpargata, que esos, mal o bien, viven del trabajo de sus manos. Me refiero a la clase que constituye el contingente más numeroso y desdichado de la grey española; me refiero a los míseros de levita y chistera, legión incontable que se extiende desde los bajos confines del pueblo hasta los altos linderos de la aristocracia, caterva sin fin, inquieta, menesterosa, que vive del meneo de plumas en oficinas y covachuelas, o de modestas granjerías que apenas dan para un cocido. Esta es la plaga, esta es la carcoma del país, necesitada y pedigüeña, a la cual ¡oh ilustre compañera mía! tenemos el honor de pertenecer».

Son palabras de otro tiempo, pero un fondo común parece impregnar esta novela, y la que hoy vivimos en el siglo XXI, con crisis, códigos de buen gobierno, gastos superfluos, despilfarros, consumo compulsivo, y sector productivo primario muchas veces olvidado.

Qué envidia de las aguas cristalinas del lago Lemán, que tras el deshielo de cada invierno alimenta los campos de su orilla, y a la vez inunda y renueva las ideas y tecnologías de algunos de los más destacados centros de investigación mundial.

Quién sabe si nuestros campos extremeños, con sus viñedos su universidad y sus centros tecnológicos se convertirán un día en referente.