Esto es un circo

marzo 9, 2016

Título:  Mathematical Circus.

Autor:  Martin Gardner.

Editorial:  Penguin.

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Nunca está demás releer el Quijote, y buscar conexiones con otras areas de la actividad humana, incluyendo la científico-tecnológica:  es imprescindible en los tiempos que corren entender que las humanidades y las artes deben ir de la mano de teoría y práctica científica.  Así lo entendió también Martin Gardner, que cita en su mathematical circus a nuestro querido Cervantes.

Gardner escribió de manera continuada entre los años 1957 y 1982 una columna mensual en la revista Scientific American, con divertimentos matemáticos que entusiasmaron igualmente a matemáticos, soñadores, científicos, niños, programadores o poetas.  Como filósofo de la ciencia y divulgador de primer nivel, Gardner presentó por primera vez al público general en 1977, por poner un ejemplo, el algoritmo de cifrado RSA, y a sus autores, que tan importante ha sido en el desarrollo de las comunicaciones de finales del siglo XX.

Su circo matemático recoge algunas columnas escogidas, y que ahora en formato de libro clásico vuelven a sorprender y emocionar a los lectores de hoy.  En su capítulo sexto, introduce los “random walks” del siguiente modo, cuando habla del modo en que Don Quijote buscaba sus aventuras:

“y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que el que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de las aventuras.”

Don Quijote, Vol 1, Capítulo 2.

Este deambular azaroso de Rocinante, que emula aquí al famoso borracho utilizado con frecuencia para mostrar lo que un caminar sin control puede producir, le sirve a Gardner de pretexto para mostrar hasta dónde podría uno llegar con un caminar aleatorio, y que matemáticamente podría modelarlo del siguiente modo:  Dada una posición particular sobre una línea, y ante la opción de caminar un paso a la izquierda o a la derecha, el lanzamiento de una moneda al aire decide en que dirección se efectúa el paso, y una vez dado éste, se vuelve a lanzar la moneda para decidir, repitiendo el proceso ad infinitum.  ¿Hasta dónde podremos llegar caminando de este modo?

Estas, y otras muchas preguntas interesantes encuentran su respuesta en este circo de las matemáticas;  título escogido con acierto para quién pretende convertir la ciencia en objeto de disfrute.

 

 


Explotando a los hijos

enero 23, 2016

Título:  Almacén de antigüedades.

Autor: Charles Dickens.

Editorial:  Club Internacional del Libro.

1979, BBC

Dickens siempre mostró especial sensibilidad por la infancia.  Sus muy conocidas Oliver Twist o Grandes Esperanzas, muestran las andanzas juveniles de unos protagonistas cuyas fortuitas desventuras o suerte al acecho, según el caso, marcan una vida llena de alegrías o miserias, estas últimas más frecuentes.

Almacén de antigüedades, no por menos conocida, deja de sustraerse a la fórmula, y en un siglo en que una asentada revolución industrial aún mal entendida, creaba masas de pobreza, la joven protagonista es explotada por un anciano sin escrúpulos.  Todo con el más perfecto decoro y tono apto para todos los públicos, sin mancillar su honra pero ejerciendo la mendicidad en su justa medida.

En países que tratan de liberarse del fango de la pobreza, y elevarse con trabajo para alcanzar un desarrollo razonable, los hijos fueron elemento vital de ayuda.  En la España rural de los cincuenta y sesenta, los jóvenes, una vez terminada su instrucción básica, en su incipiente adolescencia, pasaban a formar parte de la cuadrilla familiar, colaborando en el sustento y progreso de la misma, que aparejaba a la vez el de su país.  Y aunque hoy no entenderíamos que a tan tierna edad comenzara la vida laboral de cualquier español, las carencias y sufrimientos de la época justificaban esta norma social.  Pero de ahí a la mendicidad hay un trecho, y tanto entonces como ahora, causaba perplejidad y asco, ver en la puerta de una iglesia una joven de cualquier minoría étnica, que las había entonces y las hay ahora, cuyo único negocio era parir hijos para exhibirlos sin pudor al son de la calderilla removida en un cuenco de porcelana, mientras entonaba el eterno soniquete:  “una moneda, señora”.  La proclive fertilidad de las ninfas, ofertaba al viandante una cara infantil nueva cada año;  qué bien conocían ellas el negocio:  el mozo imberbe siempre renta menos que el harapiento niño de teta.

Hoy, a Dios gracias, y al esfuerzo de muchas generaciones de españoles, cada vez hay menos de esto, al menos con pasaporte patrio.  Son más lo inmigrantes que prosiguen este negocio de la mendicidad pariendo y mostrando.  Que el niño en casa no produce, ni en la guardería, ni en el colegio.  Mejor que se vea.  ¿Hay mayor delito de explotación infantil?

Pues sí que lo hay.  Y aunque es imperdonable, todavía habrá quienes piensen en la pobreza que padecen las que amamantan en las puertas de las iglesias;  la falta de educación, cultura y muchas otras conquistas sociales de nuestro siglo, servirá a muchos para justificar lo injustificable.  Pero ¿Qué hacemos hoy con aquella otra, que con dineros, cultura, guarderías, trabajo, … , en beneficio propio y de su partido muestra al infante y le da la teta delante de los focos sentada en su escaño del congreso de los diputados?

Que Dios nos coja confesados, como diría el castizo, si semejantes ejemplares deben llevar el rumbo de la política del país.  Que ya nos avisaba Don Quijote:  “Cosas verdes amigo Sancho”;  y ¡qué cosas!.

 

 

 


Sobre la suerte, la perseverancia y otras virtudes

febrero 27, 2009

Título:  The Drunkward’s Walk

Autor:  Leonard Mlodinow

Editorial:  Pantheon

Hablaba Martin Gardner hace tiempo, en uno de sus libros repleto de divertimentos matemáticos, sobre los conocidos “Random Walks” (caminos al azar) y su discurrir parejos al estilo aventurero de Rocinante cuando era abandonado a su libro albedrío por Don Quijote, para que pudiera así elegir el camino hacia nuevos episodios con gigantes desaforados, doncellas en peligro y entuertos varios que enmendar.

Don Quijote de la Mancha y Rocinante

Don Quijote de la Mancha y Rocinante

De forma similar titula Mlodinow este libro, utilizando en su lugar el símil del borracho de paso torpe y camino vacilante.  El azar, la aventura, el juego y la probabilidad siempre han sido términos hermanados, y la estadística es el padre de familia que ha pretendido educar y entrar en cintura a tan montaraces sujetos, prole llena de términos y conceptos que se diluían y esfumaban hasta  que un buen día Pascal decidió afrontar tamaña empresa de darles forma.

Pretende el autor con este libro mostrar lo natural de esta ciencia, la estadística, que forma parte de la vida cotidiana.  Con ejemplos notorios y sucesos conocidos, ilustra Mlodinov sobre términos que resultan evasivos a estudiantes que desearían no serlo.

Relata Mlodinow como la suerte es a veces un mal entendido sinónimo de una muy frecuentemente olvidada virtud: la perseverancia.  Relacionada directamente con la temática de este blog, el mundo de los libros, cabe destacar el esfuerzo de algunos escritores noveles para llegar cumplir su sueño:  publicar.  Como ejemplos destacados se citan en el libro los casos de J. K. Rowling y su Harry Potter, que necesitó de 9 visitas a editores obtusos que sistemáticamente rechazaron el libro.  Libro rechazado hasta que un décimo editor decidió atender caritativamente el ruego de la novelista amateur, y cuya buena obra -del editor y de la novelista-  dio ciento por uno.

Más lamentable fue el caso de John Kennedy Toole que literalmente murió en el intento de publicar “A Confederancy of Dunces” (La Conjura de los Necios), y que paradójicamente mereció a la postre un premio Pulitzer.  Su intento desesperado de publicar la novela, le condujo finalmente a la amargura del suicidio.  Fue su madre, quién decidió que la muerte no debía ser inútil, y 11 años después consiguió la publicación, con su correspondiente premio, y 2 millones de ejemplares vendidos.

Notables son ambos casos como ejemplos de los frutos producidos por la perseverancia, aunque a veces la suerte tiene un papel protagonista.

Azar

Azar

Podemos así encontrar en este magnífico libro cómo la suerte, a pesar de todo, tiene su importancia.  Y utiliza como ejemplo un caso bien conocido de la industria TIC, cuyos detalles son sin embargo desconocidos por el público. Ahí va la historia:  resulta que Bill Gates fue un buen día contactado, allá por los 80, por un empleado de IBM que trabajaba en un secreto proyecto futurista, que pretendía la descabellada idea de desarrollar un computador personal (quizá no tan descabellada después del éxito de Steve Jobs).  IBM necesitaba un Sistema Operativo, y el bueno de Gates respondió con sinceridad manifiesta, indicando su incapacidad para desarrollarlo, recomendando a su colega hablar con Gary Kildall, a la sazón miembro de Digital Research Inc.

Y resultó que aquellas negociaciones entre Kildall e IBM no prosperaron e IBM seguía con el mismo problema inicial, la falta de un Sistema Operativo para su invento -es un decir.  Justo entonces, Jack Sams, de IBM, se reunió de nuevo con Gates.  Ambos sabían de un Sistema Operativo inspirado por el trabajo de Kildall. Y he aquí que el bueno de Gates preguntó inocentemente:  ¿Quieres obtenerlo… o quieres que yo lo obtenga?  Y la respuesta:  “Haz lo que puedas para conseguirlo…”  Y dicho y hecho.  Gates lo consiguió por unos 50.000$, hizo algunos apaños, y … creó DOS, que fue licenciado por IBM permitiendo a Gates retener los derechos.  El resto de la historia ya la conocemos. Decía Einstein que Dios no juega a los dados.  Pero no dijo nada de cómo aprovechar las jugadas del azar para industriar a nuestro favor.

Sirvan ambos casos de ejemplos tanto para la lucha ante la adversidad , que en ocasiones hace perder confianza a los jóvenes que se abren paso en la vida, como para aprovechar circunstancias fortuitas que la vida nos ofrece.  Debemos inculcar el espíritu de lucha, sacrificio, y confianza en el trabajo bien hecho, que a la postre siempre devuelve los frutos con crece.  Pero no olvidemos que la visión de futuro, y un poco de suerte, son buenos ingredientes para un suculento banquete.

Por cierto, y hablando de banquetes, no se pierdan la descripción de Mlodinov sobre las buenas guías de vinos, que permiten a un mismo ejemplar ser cabeza en una lista, y a la vez cola de listas rivales, y en ambos casos tras exhaustivo análisis de los mejores catadores del mundo (con ejemplos concretos:  The Penguin Good Australian Best Wines, y su rival, On Wine’s Australian Best Annual).

Tengan todo esto en cuenta cuando pidan un buen vino a la mesa de celebración de su último y más exitoso proyecto, y recuerden a sus vecinos que no pueden catar ese vino.  ¿Será asunto de suerte, perseverancia, ambas, ninguna?