El gran Duque

enero 26, 2015

Título:  Duke.  A life of duke Ellington.

Autor:  Terry Teachout.

Editorial:  Gotham Books.

Si preguntamos a cualquier aficionado al jazz, medianamente leído, como dicen en mi pueblo, u oído, como corresponde al caso, por unas cuantas figuras claves en la historia de esta música, y simultáneamente preguntamos a músicos especialistas en los grandes compositores del siglo XX, con particular interés en los compositores americanos, seguramente haya un solo personaje común en ambas respuestas:  Duke Ellington.

Duke Ellington fue el niño mimado de una familia de color acomodada y residente en Washington D.C., que llevó a sus padres consigo en busca de una mejor vida cuando el éxito le acompañó, que fue prácticamente siempre y durante más de cuatro décadas consecutivas.  Fue uno de los pocos músicos-compositor-arreglista cuya gran orquesta, Big Band, nacida en la época del swing, fue capaz de resurgir de las cenizas provocadas por la marcha de músicos, o por los inevitables cambios de la moda musical.  Con ayuda de otros, principalmente de Billy Strayhorn, quién por otra parte prefirió siempre estar en un discreto segundo plano pero con habilidades compositivas compitiendo con las de su líder, se las arregló para producir una memorable producción discográfica.  Algunos ven en el modo de trabajar de Duke, que en ocasiones fagocitaba el crédito de sus colegas, la más auténtica naturaleza del jazz:  grupal e improvisadora.

Libro recomendable para cualquiera que esté dispuesto a evitar una visión edulcorada de Duke Ellington, y admirar al genio comprendiendo sus miserias.

Aquí les dejamos uno de los temas que sin ser propiamente de Duke, acompañó sus actuaciones durante décadas:  Take the A train, una ruta GPS, que diríamos hoy, compuesta por Billy Strayhorn cuando en su camino hacia el hogar de Duke decidió componer un tema que incluía los lugares que recorría.  A disfrutarla.


I have a dream

agosto 28, 2013

Título:  The Great Jazz Interviews.

Autor:  Frank Alkyer and Ed Enright

Editorial:  Downbeat.

Hoy cumple cincuenta años una de las frases más famosas de la historia, pronunicada por el reverendo Luther King.  King pagó con su vida la osadía de luchar por la libertad y la igualdad.  El sueño de King fue un profético anuncio de lo que la sociedad civil ganó con su coraje.

Martin Luther King

King marcó el devenir de la sociedad Americana, en una época en que el “negro” sólo tenía derecho a soñar.  No siempre de los sueños nacen realidades.  Pero King y Rosa Parks pusieron fecha al fin de la segregación.

La historia de norteamérica es una historia de luchas y contrastes, sombras y luces, blancos y negros.  La nación que dio luz a la constitución moderna, oprimió al esclavo y borró al nativo.  Pero la historia del País y del mundo no sería la misma sin el color de la libertad. Duke Ellington, Louis Amstrong, Count Basie y tantos otros dan fe de la injusticia de la segregación:  actuaban en hoteles para blancos y dormían en casa de negros.

Este libro que conmemora el 75 aniversario de la revista Downbeat, recoge una serie de entrevistas a los líderes del Jazz publicadas en este periodo convulso, y que da fe de los exitos y fatigas de los grandes genios.  Basta mirar el principio y final del libro:  Armstrong, Ellington, Beiderbecke y Goodman para empezar, y Brubeck cerrando la obra.  Jugoso libro de anécdotas pintorescas, con detalles de las múltiples facetas de cada artista:  Artie Shaw convertido en granjero tras una efímero enlace con Ava Gardner;  un Ornette Coleman no tan “free” tocando siempre en la misma clave, la sorpresa de Jones con el éxito Thriller de Jackson…  Sí, incursiones en territorios ajenos al jazz, quizá más de lo deseable, pero al fin y al cabo un libro de interés para los amantes del género, y de una época de la historia norteamericana.

El sueño de King se cumplió (al menos en parte) y el sueño de los grandes de entonces también hoy se cumple:  el Jazz sobrevivió a los 70s.

Terminamos este aniversario como termina el libro, con el claśico de Brubeck.

http://www.youtube.com/watch?v=SVGotpIxkGU


No hay mal libro que por bien no venga.

agosto 28, 2009

Título:  StarDust.  The Bible of the Big Bands.

Autor: Richard Grudens

Editorial: Celebrity

Nunca pensé que un mal libro diera tanto juego.  Porque ya se habrán fijado que en ocasiones los títulos y contenidos de las obras traídas son meras excusas para temáticas diversas.  Puestos a mejorar este pésimo libro, vamos amenizar este blog con la mejor música de la época.

Pues sí, el negocio de los libros está cambiando, en todos sus perfiles.  Este libro, sin ir más lejos, lo compré en la tienda virtual Amazon, que hacen un negocio muy real, y que les está permitiendo diversificar hasta el infinito. Porque, no me dirán que no tienen imaginación los que comenzaron vendiendo libros, y hoy venden nubes.  Sí, sí, nubes, tal cual.  Vean sino su EC2:  Amazon Elastic Cloud (nube elástica, literalmente), y su modelo de negocio basado en vender computadores “virtuales” allá arriba, en internet, para que cualquiera con necesidad de cálculo, pueda literalmente resolver un problema en las nubes.  Esto del Cloud computing tiene su miga.

Libros como éste son los idóneos para que los lectores se pasen a los libros electrónicos.  Porque a ver, si un libro está mal editado, te lo venden con fe de errata impresa en papel fotocopia, el diseño gráfico es una castaña, el texto tiene un interlineado difícilmente digerible, y la tipografía es un asco, ya me dirán para qué queremos el libro. ¿Que porqué lo compré?  Pues simplemente por su información, que siendo completa, obviamente no justifican la adquisición.  Pues eso, para manejar información, meramente, con exclusión absoluta del placer intrínseco y estético de leer un buen libro, efectivamente, mejor un lector electrónico.  Por cierto, que Amazon también vende el suyo: Kindle.  Habrá que echarle un ojo.

Hay otro tema editorial en el que Amazon creo no ha entrado aún:  La edición de libros libres.  Pero ese es otro tema, y por estos lares podríamos recomendar Bubok,  que por cierto ha otorgado su nuevo premio editorial a la novela LujoyGlamour.net, de mi amigo J.  No estaría bien con todos estos condicionantes dejarla fuera de la Biblioteca de Alejandría. Ya la compré, otro día les contaré.

Autobús

Autobús

Pues volviendo al libro de la semana, les contaré.  Allá por los años 80, un abnegado profesor de biología -también existen algunos buenos profesores en secundaria- decidió llevarnos de viaje a la Universidad de Salamanca.  Aquella visita, que incluyó el microscopio electrónico de la facultad, y charla con algunos científicos, fue parte del despertar científico de algunos estudiantes. ¿Y  cuento de qué esto aquí?

Se imaginarán que a la vuelta del viaje, el profesor nos reunió a todos, los tres o cuatro cursos implicados, para comentar la experiencia y enseñarnos las fotografías.  En todas ellas, aparecía un sujeto compañero de estudios y de viajes, que cual niño de teta colgado de los brazos de su madre, seguía de cerca, sin separarse, a tan dedicado profesor, cual impertinente cobrador del frac, y poniendo una sonriente cara ante el objetivo cada vez que este se disparaba.  El profesor le amonestó posteriormente y pidió abono de todos los carretes y fotos reveladas. Y Esta anécdota viene al caso, porque el autor del libro, más que escribir un libro sobre un tema, ha escrito “su libro” sobre el asunto, preocupándose de mostrar siempre cuan dedicado ha estado durante los últimos años a entrevistar a todos los artista y hacerse fotos con ellos.  Con lo que si uno echa un vistazo rápido al libro, pensaría más bien que el libro retrata al autor, antes que a una época o un tipo concreto de música.  Una pena, mayor si cabe por el modo que las imágenes destrozan el texto, cortando líneas dónde sea necesario, cual máquina desbrozadora, y dejando renglones mutilados acá y allá.

Y ya puestos a sacar temas, vamos con algo más positivo sobre ciencia y música.  ¿Pensaba Vd. que la música y la ciencia son conceptos divorciados?  No hay tal.  Pongamos por caso al joven Galileo, de cuyo invento se celebran 400 años. Sirva al menos la música del libro, para hablar un día más de ciencia y tecnología.

Resultó allá por el siglo XVII, cuando el joven Galileo trataba de estudiar mediante planos inclinados el comportamiento de la ley gravitatoria, poniendo así en bandeja a Newton el avance posterior, que su bien afinado oído, y su rítmico sentido de la música, le permitió dilucidar lo que de otro modo, y en ausencia de un preciso reloj -todavía no inventado- hubiera sido imposible.  Conocía Galileo y medía con soltura, los diferentes compases, pulsos y medidas de las notas musicales.  Con un bien entrenado sentido del ritmo, capaz de distinguir la duración de semifusas y garrapateas, con divisiones de hasta 32 notas por segundo, ideó, digo,  Galileo, un experimento ingenioso.  Colocaba primero cuerdas atravesadas sobre un plano inclinado, y separadas por unas determinadas distancias, arbitrarias inicialmente.  Dejaba después rodar una bola y escuchaba el sonido producido a cada paso por la bola sobre las cuerdas.  Posteriormente movía las cuerdas, intentando que el tiempo transcurrido entre cada golpe de la bola sobre cuerdas consecutivas fuera idéntico.  De este modo y tras ajustes progresivos, consiguiendo distancias que hacían los intervalos de tiempo entre golpes idénticos, descubrió algo interesante.  Que las susodichas distancias entre cuerdas aumentaban progresivamente a lo largo del plano inclinado, en razón geométrica del tiempo transcurrido.  ¿Verdad que tiene sentido?

En fin, después de todo lo dicho, convendrán conmigo que no hay mal libro que por bien no venga.  Y sí, de Big Bands contiene 700 páginas de información -que incluye bastante sobre Glenn Miller, Benny Goodman, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Frank Sinatra… ya digo, contaminadas por el autor.  Espero que hayan disfrutado el la preciosa Canción grabada por la Banda de Duke Ellington, en una época difícil:  Jump for Joy.


Un mundo maravilloso

agosto 14, 2009

Título:  Jazz:  A History of American Music

Autor: G. C. Ward, K. Burn

Editorial: Knopf

A cualquier amante de la música, cerrar este magnífico libro -del que ya hablamos en otra ocasión- sobre la historia de la más característica música del siglo XX le deja un sabor agridulce.  Porque al placer de leer un libro en gran formato, profusamente ilustrado con más de 500 fotografías históricas, y con una calidad notable en la composición y edición, se une el regusto amargo de contemplar el final de la historia vital de grandes personajes de la historia del Jazz:  Duke Ellington, Louis Armstrong, Glen Miller o Benny Goodman, por nombrar solo algunos.

Su época fue difícil:  a las intrínsecas estrecheces derivadas de sus inicios, humildes en muchos casos, se unió con frecuencia el color tostado de su piel en una época de segregación.  Porque los líderes espirituales del movimiento surgido en New Orleans, estaban marcados desde el instante de su concepción.  Aún así, consiguieron con su música abrir la brecha de la lucha por los derechos civiles en un país dividido.  Con la única voz de sus trompetas, clarinetes, trombones y pianos, hablaron a sus paisanos y al mundo de su visión de la vida.

Fue una bendición que en la época en que vivieron la música electrónica aún no hubiera nacido.  Así los organizadores de bailes y verbenas no podían recurrir a teclados midi reproduciendo, a las órdenes de supuestos músicos, machaconas melodías sintetizadas.

Una tecnología muy notable ha permitido a los músicos modernos escribir con un nuevo lenguaje sus composiciones.  El formato MIDI, permite a un músico experto transcribir on-the-fly cada pista musical y arreglo necesario, utilizando para ello su genio, un teclado, y llegado el caso, un computador.  El fichero MIDI no es más que una partitura digital, que incluye las notas,  volumen, dinámica…  Todo lo necesario para que una tarjeta audio sea luego capaz de reproducir en vivo la partitura contenida.

Pero este fantástico Dr. Jeckll tiene un tenebroso Mr. Hyde oculto:  Lo que un experto puede producir, será utilizado después de manera sistemática y repetitiva por músicos de playback para hacer su Agosto:  nada mejor que las fiestas del verano para llenar la verbena de ineptos músico-cantantes, que parapetados en sus teclados midi, reproducen baladas a las que han robado el alma.

En los años 30, cuando el swing hacía furor en América, los músicos podían ganarse la vida con su profesión.  Las grandes Big Bands actuaban noche tras noche en lugares tan emblemáticos como el Savoy del Harlem.  La música, y la buena voluntad de músicos como Benny Goodman, permitieron romper la segregación, integrando bandas bicolor.  Tanta importancia tomó la música como elemento político, que el gobierno americano, mirando al Jazz, nombró a Armstrong como especial embajador para mostrar al mundo los vientos de cambio que soplaban.

El propio Ellington, después de una vida íntegramente dedicada a la música y con una pacífica y silenciosa muestra de la capacidad de la raza negra, fue nombrado uno de los más grandes compositores americanos del siglo XX.

La música… , la buena música… , hoy y siempre permitirá mejorar el mundo.  Fíjense lo que en la actualidad está consiguiendo el sistema de orquestas juveniles e infantiles de Venezuela, del que otro día hablaremos.   Aunque la clase política se apropie a veces de los modelos y resultados,  la música, la buena música, ayudará a hacer este mundo -con permiso del MIDI- un poco más maravilloso.