No hay quién lo entienda

septiembre 3, 2016

Título:  Entrelazamiento.

Autor:  Amir D. Aczel.

Editorial:  Crítica.

De tarde en tarde solía comprar y leer libros de divulgación científica, para tratar de entender algunas de las teorías más curiosas que nos sirven para entender el mundo en que vivimos.  Crítica edita Drakontos, esta magnífica colección de ensayos científicos para disfrute del espíritu curioso.

Decía Eínstein, que cualquier descripción correcta de un fenómeno físico debía incluir la capacidad de realizar predicciones deterministas sobre sucesos, es decir que la teoría sirva para saber lo que sucederá en ciertas circunstancias;  que debía incluir elementos de realidad, o elementos reales que objetivamente existen; y además comportar principios de localidad, lo que viene a ser que un suceso no puede depender de “alguna señal” que algún otro suceso lejano pueda enviarle a una velocidad más alta que la luz.  Es decir, que lo que sucede aquí, no puede depender de lo que suceda en algún punto lejano (en ese sentido asociado a la velocidad en que puede enviarse cierta información).  Los únicos hechos conocidos que se apartan de estas premisas son algunos sucesos descritos como milagrosos:  la posibilidad de algunos santos para estar en dos lugares a la vez, ejerciendo a su vez influencia a distancia sobre otras personas o circunstancias…

Einstein no hizo más que transmitir este punto de vista sensato sobre el mundo en que vivimos cuando con su famosa paradoja EPR (acrónimo de sus autores, Einstein, Podolsky y Rosen) puso en cuestión la completitud de la Teoría Cuántica.

Pues sí, el libro de hoy nos detalla paso a paso cómo surgió esta famosa teoría, para intentar “modelar” los sucesos observados a nivel de partículas elementales, electrones, fotones, neutrones, átomos…, y predecir de algún modo los extraños resultados que los experimentadores desplegaban.  Tan matemática teoría se basa en funciones de onda (senos, cosenos….) que por su capacidad de combinarse y mostrar soluciones múltiples para una sola ecuación (algo así como las dos soluciones que los polinomios cuadráticos siempre nos ofrecen, pero a lo bestia), provoca el que esas múltiples soluciones ondulatorias provoquen interferencias entre sí y muestren unos patrones extraños de interferencia cuando se experimenta físcamente con las partículas.

Pero la extrañeza del mundo cuántico que experimentamos no es sólo esta cuestión de interferencias, sino que las partículas tienen capacidades sólo vistas antes en personas de elevada condición, los santos que decíamos:  las partículas pueden estar aquí y allá a la vez, y provocar efectos instantáneos a cualquier distancia sobre otras partículas que se encuentran “entrelazadas ” inexorablemente con ellas.  Dicen los entendidos que esto se explica por que esas partículas separadas se describen con una ecuación única, y que cualquier cambio en algún lado de la ecuación, afecta al resto.  Y así se demuestra en la realidad de los experimentos realizados por los expertos.

Pero en época de Einstein, sólo se disponía de las ecuaciones que modelaban lo poco que se había observado, y esas ecuaciones hacían a los teóricos predecir las extrañas y milagrosas capacidades que las partículas debían tener.  Por eso Einstein expresó sus dudas indicando que o bien la mecánica cuántica no encaja con los modelos de realidad y localidad presentes en el resto de la ciencia conocida, o bien era incompleta, y que simplemente nuestro desconocimiento de algunos datos objetivos nos hacía parecer mágico el comportamiento que describe.

Los años han demostrado que la realidad que suponemos no es tal, y que de algún modo la localidad también es sobrepasada por el comportamiento cuántico entrelazado de las partículas.  Ahí es nada.  Si no tuvimos bastante con la relatividad para cuestionar nuestra manera de entender el mundo, la teoría cuántica parece que nos deja sin suelo en que apoyarnos, y de momento, sin capacidad para entender razonablemente el mundo.

Buen libro para seguir el desarrollo de las ideas y los experimentos que llevaron a demostrar porqué la teoría cuántica es correcta y nuestra percepción del mundo no lo es.

 

 

 

 

 


Monomaniacos.

enero 31, 2016

Título:  Einstein, El espacio es cuestión de tiempo.

Autor: David Blanco Laserna.

Editorial:  National Geographic.

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El trabajo de Einstein hasta 1905, cuando la juventud aún corría por sus venas, era tan impresionante que aunque hubiera fallecido entonces, su importancia en la ciencia moderna seguiría siendo capital.  Tuvo sin embargo la suerte de cara, y la vida y salud le acompañaron largos años para proseguir su misión y llegar así a culminar su teoría general de la relatividad, de la que este libro nos habla.

Einstein es prototipo y modelo para muchos científicos hoy.  Y aunque serán pocos los afortunados en descubrir una teoría de tan gran impacto, el mero hecho de tenerlo como ejemplo y patrón para los más jóvenes, permite que el caldo de cultivo esté en su punto de ebullición, para que de cuándo en cuándo pueda emerger una nueva figura de tal calibre.  Pero no hay que olvidar que son varios los ingredientes primordiales para una buena sopa, como diría Oparin.

No hace falta recurrir de nuevo a Galileo, o Leonardo.  El mismo Einstein nos muestra esas diversas facetas, ingredientes necesarios para el auténtico hombre de ciencias.  Entre ellas destacaremos hoy la que le ayudaba durante periodos de sequía, de falta de inspiración;  aquella capaz de provocar un brainstorming muy útil en su búsqueda de soluciones a las teorías que perseguía:  la interpretación musical.  Su segunda mujer confesaba como se enamoró de él al escucharle tocar una sonata de Mozart al violín.

Einstein comenzó a estudiar violín mucho antes que física y matemáticas.  Con sólo 5 años tomaba ya sus primeras lecciones.  Su madre, quién transmitió tan noble pasión, le acompañaba habitualmente con el piano, y fueron Bach y Mozart sus compositores preferidos, al reflejar según su opinión, la armonía del universo.  Aunque tuvo múltiples ocasiones de interpretar en público con diversas formaciones, nunca estuvo tan noblemente acompañado como en la velada a dúo con la reina de Inglaterra, con quién tuvo ocasión de tocar aprovechando una visita.

La práctica nocturna de violín en la cocina de su hogar se convirtió en costumbre frecuente cuando peleaba con problemas difíciles;  la profunda concentración y emoción que pueden provocar la interpretación le ayudaba de tal modo que en ocasiones se interrumpía a sí mismo con un súbito “lo tengo”:  y la luz se hacía a través del sonido.  Tal era su pasión, que cuando en 1919 decidió celebrar la confirmación de su teoría general de la relatividad, que se produjo con una medición afortunada durante un eclipse de sol, no pensó en otra cosa más que en adquirir un nuevo violín.

Einstein tocó música de cámara durante toda su vida, ensayando semanalmente con su cuarteto de cuerda, aunque lamentablemente no quedan grabaciones de la época.

Pero no es Einstein caso aislado.  Al contrario, más bien parece norma que las inteligencias auténticas cultivan facetas diversas, que dirían hoy múltiples.  Cualquiera que haya leído el conocido “¿Está vd. de broma Sr Feyman?” recordará como este otro grande de la física cuántica, y nobel en 1965, admiraba la música y la pintura, y aún con su autoreconocida limitación artística, buscó mejorar y practicar tanto la pintura como la percusión.

Hoy que tanto hablamos de la necesidad de vocaciones, por fin surgen voces que animan a incluir la A mayúscula del ARTE en la ecuación STEM (Science, Technology, Engineering and Maths), para que en su lugar se utilice STEAM, y entiendan las nuevas generaciones que el Arte es imprescindible para una correcta compresión del mundo en que vivimos.  Que no sólo de ciencia vive el hombre.

Desconfíen pues de aquellos que muy ufanos se tildan de científicos de pro, abanderando la ciencia e ignorando las artes.  Monomaníacos de la ciencia, frikis de laboratorio, burócratas de despacho,  que no consiguen entender qué diferencia a Brahms de Mozart o Debusy, Delacroix de Rembrandt, Gehry de Lloid Wright, Dizzy Gillespy de Bill Evans.

 


Física y Matemáticas

septiembre 18, 2010

Título:  50 Physics ideas

Autor:  Joanne Baker

Editorial:  Quercus

Me planteaba hace varia semanas cual sería la mejor manera de explicar a los jóvenes lo que los científicos no acaban de entender aún.  Y encontré en los estantes de una librería Londinense esta serie de libros que traemos hoy al blog:   50  ideas sobre alguna temática particular, física, matemáticas, genética…  Estaban desperdigados por diferentes secciones, pero reuní este par que he comenzado a digerir recientemente:  50 ideas de física y otras tantas de matemáticas.  Mejor que la bazofia de física y química que nos ofrece el invento del maligno, como dice Esparza.

Bueno, no están mal, pero tampoco es para fiestas.  He encontrado más claras muestras de la teoría de la relatividad, aunque gracias al libro he descubierto que no fue Einstein el primero en hablar del concepto, el mismo que prestó su nombre a  la velocidad del sonido.

Pues eso, que bien encuadernadas y en pasta dura, con buena presencia y portada notable, podemos hacer un recorrido rápido por lo que sabemos de la física, o lo que creemos saber de ella.

La semana que viene más.


Sobre la suerte, la perseverancia y otras virtudes

febrero 27, 2009

Título:  The Drunkward’s Walk

Autor:  Leonard Mlodinow

Editorial:  Pantheon

Hablaba Martin Gardner hace tiempo, en uno de sus libros repleto de divertimentos matemáticos, sobre los conocidos “Random Walks” (caminos al azar) y su discurrir parejos al estilo aventurero de Rocinante cuando era abandonado a su libro albedrío por Don Quijote, para que pudiera así elegir el camino hacia nuevos episodios con gigantes desaforados, doncellas en peligro y entuertos varios que enmendar.

Don Quijote de la Mancha y Rocinante

Don Quijote de la Mancha y Rocinante

De forma similar titula Mlodinow este libro, utilizando en su lugar el símil del borracho de paso torpe y camino vacilante.  El azar, la aventura, el juego y la probabilidad siempre han sido términos hermanados, y la estadística es el padre de familia que ha pretendido educar y entrar en cintura a tan montaraces sujetos, prole llena de términos y conceptos que se diluían y esfumaban hasta  que un buen día Pascal decidió afrontar tamaña empresa de darles forma.

Pretende el autor con este libro mostrar lo natural de esta ciencia, la estadística, que forma parte de la vida cotidiana.  Con ejemplos notorios y sucesos conocidos, ilustra Mlodinov sobre términos que resultan evasivos a estudiantes que desearían no serlo.

Relata Mlodinow como la suerte es a veces un mal entendido sinónimo de una muy frecuentemente olvidada virtud: la perseverancia.  Relacionada directamente con la temática de este blog, el mundo de los libros, cabe destacar el esfuerzo de algunos escritores noveles para llegar cumplir su sueño:  publicar.  Como ejemplos destacados se citan en el libro los casos de J. K. Rowling y su Harry Potter, que necesitó de 9 visitas a editores obtusos que sistemáticamente rechazaron el libro.  Libro rechazado hasta que un décimo editor decidió atender caritativamente el ruego de la novelista amateur, y cuya buena obra -del editor y de la novelista-  dio ciento por uno.

Más lamentable fue el caso de John Kennedy Toole que literalmente murió en el intento de publicar “A Confederancy of Dunces” (La Conjura de los Necios), y que paradójicamente mereció a la postre un premio Pulitzer.  Su intento desesperado de publicar la novela, le condujo finalmente a la amargura del suicidio.  Fue su madre, quién decidió que la muerte no debía ser inútil, y 11 años después consiguió la publicación, con su correspondiente premio, y 2 millones de ejemplares vendidos.

Notables son ambos casos como ejemplos de los frutos producidos por la perseverancia, aunque a veces la suerte tiene un papel protagonista.

Azar

Azar

Podemos así encontrar en este magnífico libro cómo la suerte, a pesar de todo, tiene su importancia.  Y utiliza como ejemplo un caso bien conocido de la industria TIC, cuyos detalles son sin embargo desconocidos por el público. Ahí va la historia:  resulta que Bill Gates fue un buen día contactado, allá por los 80, por un empleado de IBM que trabajaba en un secreto proyecto futurista, que pretendía la descabellada idea de desarrollar un computador personal (quizá no tan descabellada después del éxito de Steve Jobs).  IBM necesitaba un Sistema Operativo, y el bueno de Gates respondió con sinceridad manifiesta, indicando su incapacidad para desarrollarlo, recomendando a su colega hablar con Gary Kildall, a la sazón miembro de Digital Research Inc.

Y resultó que aquellas negociaciones entre Kildall e IBM no prosperaron e IBM seguía con el mismo problema inicial, la falta de un Sistema Operativo para su invento -es un decir.  Justo entonces, Jack Sams, de IBM, se reunió de nuevo con Gates.  Ambos sabían de un Sistema Operativo inspirado por el trabajo de Kildall. Y he aquí que el bueno de Gates preguntó inocentemente:  ¿Quieres obtenerlo… o quieres que yo lo obtenga?  Y la respuesta:  “Haz lo que puedas para conseguirlo…”  Y dicho y hecho.  Gates lo consiguió por unos 50.000$, hizo algunos apaños, y … creó DOS, que fue licenciado por IBM permitiendo a Gates retener los derechos.  El resto de la historia ya la conocemos. Decía Einstein que Dios no juega a los dados.  Pero no dijo nada de cómo aprovechar las jugadas del azar para industriar a nuestro favor.

Sirvan ambos casos de ejemplos tanto para la lucha ante la adversidad , que en ocasiones hace perder confianza a los jóvenes que se abren paso en la vida, como para aprovechar circunstancias fortuitas que la vida nos ofrece.  Debemos inculcar el espíritu de lucha, sacrificio, y confianza en el trabajo bien hecho, que a la postre siempre devuelve los frutos con crece.  Pero no olvidemos que la visión de futuro, y un poco de suerte, son buenos ingredientes para un suculento banquete.

Por cierto, y hablando de banquetes, no se pierdan la descripción de Mlodinov sobre las buenas guías de vinos, que permiten a un mismo ejemplar ser cabeza en una lista, y a la vez cola de listas rivales, y en ambos casos tras exhaustivo análisis de los mejores catadores del mundo (con ejemplos concretos:  The Penguin Good Australian Best Wines, y su rival, On Wine’s Australian Best Annual).

Tengan todo esto en cuenta cuando pidan un buen vino a la mesa de celebración de su último y más exitoso proyecto, y recuerden a sus vecinos que no pueden catar ese vino.  ¿Será asunto de suerte, perseverancia, ambas, ninguna?