Los Santos Inocentes

enero 22, 2010

Título:  Los Santos Inocentes

Autor: Miguel Delibes

Editorial: Destino

No es habitual que se acuerden de Extremadura.  Ocultas cimas y recónditos pueblos, como Puerto Hurraco, sacan esta tierra del anonimato. Lástima.

Extremadura

Porque Extremadura posee una natural belleza, en sus campos de labor y silenciosas dehesas, fértiles viñedos, gargantas cristalinas, riberas frescas y tórridas sementeras, cortijos blanqueados y pueblos perdidos.

También Delibes se acordó de esta tierra, proclive a caza y pesca, y devenir parejo al de su Castilla profunda.  Los cotos en sierras y valles bien pudieran haber sido frecuentados por Delibes en sus retiros campestres de cazas matutinas.  Y gusta Delibes narrar la naturaleza Extremeña y su efecto en los diferentes caracteres.

Así, representa Azarías al tipo que a pesar de su menguada inteligencia, conecta con la naturaleza de modo evidente, y no perdona un desprecio gratuito.  Justiciero del ensañamiento global, que diríamos.

El ya añejo señorito, por su parte, bien podría equivaler al actual dominguero fantoche, cosmopolita frenético, gélido tecnólogo o directivo sin escrúpulos que mira todo desde una óptica atrofiada, buscando el beneficio propio y el universal servicio del resto a sus propósitos.

Libro este, que junto a otras tantas obras del período tardío de Delibes conforman las obras completas que Destino viene editando en los tres últimos años, convenientemente prologadas, y que los Reyes Magos entregan puntualmente.

Buen autor Delibes para amantes de la naturaleza.  Y la caza.  Porque se reconocía Delibes cazador que escribe, y recordaba que los buenos cazadores aman la naturaleza.

Libro recomendable para amantes de la naturaleza y la literatura.  Y quizá para los que buscan nuevas tierras naturales y desconocidas.  El paseo con Azarías por las dehesas y cortijos de interior, de la mano de su “milana bonita”, no defraudará.


En el nombre del libro

diciembre 11, 2009

Título:  Los nombres de Extremadura.  Estudios de Toponimia Extremeña.

Autor:  Antonio M. Castaño Fernández.

Editorial:  Editora Regional de Extremadura.

Hoy tocan felicitaciones.  Será que el espíritu navideño se aproxima.

Tuve ocasión esta semana pasada de charlar con los alumnos de ciclos formativos del Instituto Castelar de Badajoz, con ocasión de sus IV Charlas sobre Informática y Jóvenes Emprendedores.  Enhorabuena a la organización por tan singular empresa en tiempos de desmotivación juvenil.  Afortunadamente quedan profesores de vocación que miran aún al futuro con ilusión y tratan de ofrecer a los profesionales del mañana una formación integral hoy.

Asistía a las charlas este pasado miércoles, con la incertidumbre sobre el título del que sería el libro de la semana en este blog.  La agenda semanal  incluía además otras jornadas de corte más político, con un público diferente e interesante: profesionales y gestores con capacidad de decisión en el tiempo presente.  Buen lugar para sembrar ideas de futuro.

Pero volvamos a las charlas primeras, en las que tuvimos ocasión de tratar la temática del software libre y la aplicación a los videojuegos.  Es curioso que precisamente de Extremadura surgiera un juego clásico de la era Spectrum:  Bugaboo -conocido localmente como “La Pulga”.  Por problemas de agenda Juan Francisco Portalo, uno de sus autores, no pudo participar también en las charlas, una pena.  Junto con otro extremeño, Paco Suárez, tuvo la oportunidad y el privilegio de desarrollar un juego que marcó una época, llegando a nº 1 en la revista Your Computer.  Por cierto, alguien debería arreglar el artículo de Wikipedia, para que aparezca el nombre de los dos autores.

Ahí está la madre del cordero:  la ceremonia de la confusión que los nombres pueden generar.  Hace tres o cuatro libros, no recuerdo bien, hablábamos de la economía de lo raro (Freakonomics).  En uno de sus tan bien traídos argumentos contables, hablaban los autores de cómo un nombre puede cambiar el futuro.  La selección de nombres, ya sea para títulos de libros, o de personas, es algo fundamental; y narraban los singulares casos en que una mala elección -como la de aquella chica llamada “Tentación”- deparaba un futuro lamentable.  ATENCIÓN, PREGUNTA:  ¿Alguien se imagina a qué se dedicó esta desafortunada chica? (no hace falta leer el libro para dar con la respuesta correcta, basta leer el nombre).

A lo que vamos, los nombres son importantes.  Y he tenido la suerte en esta conferencia en la que hablé de CHAPAS, un videojuego libre 3D que utiliza Genetic Terrain Programming para la generación de terrenos, de recibir como obsequio el libro de hoy, cuyo autor es profesor del centro.

El libro trata de topónimos Extremeños, tema por demás curioso para locales y foráneos.  El libro, de interesante factura editorial, recoge así nombres de poblaciones extremeñas con datos sobre su posible origen.

Dehesa

Dehesa

En sus primeras páginas, incluye el libro estas palabras de Gregorio Marañón, que allá por el 48 escribió con motivo de su contacto con nuestra tierra:

Sobre Extremadura se han escrito centenares de libros, artículos a millares.  En mi biblioteca de viajes y descripciones de España, los volumenes que atañen a estas provincias, retirados de sus plúteos, forman copioso montón […]  Los paisajes más varios y más bellos se ofrecen, cuando recorren sus caminos, al viajero.  Tiene desiertos solemnes, lomas risueñas copiosas de encinares, dilatados campos de sembradura, feraces vegas, tierras pobladas de ganado, sierras bravías y, además, una leyenda no del todo inmotivada de país lejano, poco accesible, a trasmano de los favores oficiales, que excita la atracción de los trotamundos, la simpatía de los curiosos y la pluma de los narradores.

Bucólica descripción de una tierra que poblada de nombres con historia y encanto es recogida en esta obra.  Enhorabuena al autor por el trabajo, a la Editora Regional por la factura de la obra, y a la Junta de Extremadura por patrocinar el proyecto.

Y no se pierdan esta tierra y sus nombres.


El Arte del Mercado.

julio 17, 2009

Título:  The 12$ Million Stuffed Shark.  The Curious Economics of Contemporary Art

Autor: Don Tompson

Editorial:  Palgrave macmillan

¿Sintió alguna vez en sus carnes la vergüenza generada por las cifras multimillonarias pagadas a futbolistas de élite?  Allá por finales de los 90, hablaba Antonio Gala con emoción del Extremadura de Almendralejo, y desde el asombro y la ilusión, hacía una serena alabanza a la modesta cuna de equipo que con singular humildad conquistó la cima del fútbol Español.  Quizá fuera esa la realidad de la época, o quizá tan sólo un espejismo fortuito.  El orgullo, prepotencia y aprovechada industria de sus diligentes, pusieron las cosas en su sitio:  arcas vacías a los pocos años, y equipo en el olvido de las divisiones inferiores.

Pero no es el fútbol único en su especie mercantil, con trasiego de millones a ritmo infernal.  Cualquier negocio humano puede verse abocado a ese mismo torbellino disparatado de economías no aptas para países en crisis.  Sin ir más lejos, según nos cuenta el autor de una manera indirecta en este libro de hoy, el mercado del arte sufre en la actualidad este mismo episodio febril.

Tiburón

Tiburón

Nos cuenta con desenfado este economista, como un tiburón, en  incipiente estado de putrefacción, fue vendido por una astronómica cantidad de libras.  ¿En concepto de qué?  De arte.

El problema del arte contemporáneo, es que ha perdido la credibilidad del público, a la vez que ha conseguido ganar bolsillos adinerados.  Bien mirado, el caso se las trae.  ¿Recuerdan ustedes lo que sucedió con los impresionistas de su época?  El asunto tenía tintes similares, por la transgresión activa por parte de los Monets y Manets de las normas académicas.  Ahora bien, la diferencia también es palmaria:  Entonces la innovación era un elemento necesario para alcanzar diferentes cimas estéticas, y el público así lo entendió rápidamente.  Ahora por el contrario, la transgresión en sí es el elemento artístico, y lo demás huelga.

Mérito notorio de estos llamados artistas, que trabajando de este modo han conseguido convencer a crítica y público del interés de su obra.  La ley de la oferta y la demanda ha permitido después encumbrar a gente como Hirst, el del famoso tiburón.  Si usted quiere ganar dinero con el arte, consiga de algún modo que sus creaciones sean deseadas, igual da la temática y calidad (hasta con excrementos de elefante están generando hoy día obras cotizadas).  A partir de ahí, quién quiera la obra tendrá que pagarla.

La cuestión clave sería entonces conseguir fomentar el deseo de una obra, y por lo demás resulte indiferente la calidad, o el verdader arte del autor.  Posiblemente el mercado del arte se haya convertido en el arte de hacer negocios.  Esperemos que este nuevo siglo XXI vuelva a poner las cosas en sus sitio.