Historia antigua, historias nuevas

febrero 24, 2012

Título:  La Bóveda Celeste

Autor:  Carmen Resino

Editorial:  rocaeditorial

Aprovechando la reciente visita a Albacete, pasé por las ofertas editoriales de los grandes almacenes en épocas de rebaja.  Y encontré un contenedor de libros a 5€.  Entre los elegidos figura éste con el que la editorial festejó en 2009 el 400 aniversario de Galileo.

Veamos:  el libro, escrito por Carmen Resino, sirve entre otras cosas, para recordar el funcionamiento interno de una institución que hacía aguas, La Iglesia.  La trama muestra cómo los diferentes poderes remaban en direcciones contrapuestas, sometiendo a tensiones poco agradables -cuando no a la hoguera- a buscadores de la verdad.  Bien es cierto que el tejido que tapiza el fondo de la historia, Galileo, ha sido recientemente absueldo de sus acusados desmanes de antaño, y Juan Pablo II, rehabilitó su figura repitiendo una frase ya conocida:  la verdad no puede ser contraria a la verdad.  Es una pena que algunos no lo hayan entendido aún, y quieran seguir litigiando (véase la receinte y renovada confrontación dialéctica entre Dawkins y el arzobispo de Canterbury).  Nada hay que discutir cuando dos puntos de vista ciertos son mantenidos, y la raiz común a ambos troncos debe ser desenterrada y entedida.

 

Barco Fantasma María Celeste

Aparte del fondo histórico, acaba Resino la obra con un epílogo, con el que trata de seguir la huella de los documentos que dan cuerpo a la ficción, husmeando el rastro por diferentes épocas, países y personajes, hasta llegar a uno de los misterios marítimos más reconocidos:  el barco fantasma María Celeste.  La fantástica , aunque real, historia de la tripulación desaparecida, mereció la antención de Conan Doyle.  Personalmente, creo que no hacía falta este pirueta final, aunque bien está para conocer una historia nueva.

Moraleja:  la novela histórica -léase, por ejemplo, al exitoso cura de Alange- sirve al lector provechoso para rellenar lagunas históricas, separando grano de paja, y permitiendo acceder a historias nuevas.


No hay mal libro que por bien no venga.

agosto 28, 2009

Título:  StarDust.  The Bible of the Big Bands.

Autor: Richard Grudens

Editorial: Celebrity

Nunca pensé que un mal libro diera tanto juego.  Porque ya se habrán fijado que en ocasiones los títulos y contenidos de las obras traídas son meras excusas para temáticas diversas.  Puestos a mejorar este pésimo libro, vamos amenizar este blog con la mejor música de la época.

Pues sí, el negocio de los libros está cambiando, en todos sus perfiles.  Este libro, sin ir más lejos, lo compré en la tienda virtual Amazon, que hacen un negocio muy real, y que les está permitiendo diversificar hasta el infinito. Porque, no me dirán que no tienen imaginación los que comenzaron vendiendo libros, y hoy venden nubes.  Sí, sí, nubes, tal cual.  Vean sino su EC2:  Amazon Elastic Cloud (nube elástica, literalmente), y su modelo de negocio basado en vender computadores “virtuales” allá arriba, en internet, para que cualquiera con necesidad de cálculo, pueda literalmente resolver un problema en las nubes.  Esto del Cloud computing tiene su miga.

Libros como éste son los idóneos para que los lectores se pasen a los libros electrónicos.  Porque a ver, si un libro está mal editado, te lo venden con fe de errata impresa en papel fotocopia, el diseño gráfico es una castaña, el texto tiene un interlineado difícilmente digerible, y la tipografía es un asco, ya me dirán para qué queremos el libro. ¿Que porqué lo compré?  Pues simplemente por su información, que siendo completa, obviamente no justifican la adquisición.  Pues eso, para manejar información, meramente, con exclusión absoluta del placer intrínseco y estético de leer un buen libro, efectivamente, mejor un lector electrónico.  Por cierto, que Amazon también vende el suyo: Kindle.  Habrá que echarle un ojo.

Hay otro tema editorial en el que Amazon creo no ha entrado aún:  La edición de libros libres.  Pero ese es otro tema, y por estos lares podríamos recomendar Bubok,  que por cierto ha otorgado su nuevo premio editorial a la novela LujoyGlamour.net, de mi amigo J.  No estaría bien con todos estos condicionantes dejarla fuera de la Biblioteca de Alejandría. Ya la compré, otro día les contaré.

Autobús

Autobús

Pues volviendo al libro de la semana, les contaré.  Allá por los años 80, un abnegado profesor de biología -también existen algunos buenos profesores en secundaria- decidió llevarnos de viaje a la Universidad de Salamanca.  Aquella visita, que incluyó el microscopio electrónico de la facultad, y charla con algunos científicos, fue parte del despertar científico de algunos estudiantes. ¿Y  cuento de qué esto aquí?

Se imaginarán que a la vuelta del viaje, el profesor nos reunió a todos, los tres o cuatro cursos implicados, para comentar la experiencia y enseñarnos las fotografías.  En todas ellas, aparecía un sujeto compañero de estudios y de viajes, que cual niño de teta colgado de los brazos de su madre, seguía de cerca, sin separarse, a tan dedicado profesor, cual impertinente cobrador del frac, y poniendo una sonriente cara ante el objetivo cada vez que este se disparaba.  El profesor le amonestó posteriormente y pidió abono de todos los carretes y fotos reveladas. Y Esta anécdota viene al caso, porque el autor del libro, más que escribir un libro sobre un tema, ha escrito “su libro” sobre el asunto, preocupándose de mostrar siempre cuan dedicado ha estado durante los últimos años a entrevistar a todos los artista y hacerse fotos con ellos.  Con lo que si uno echa un vistazo rápido al libro, pensaría más bien que el libro retrata al autor, antes que a una época o un tipo concreto de música.  Una pena, mayor si cabe por el modo que las imágenes destrozan el texto, cortando líneas dónde sea necesario, cual máquina desbrozadora, y dejando renglones mutilados acá y allá.

Y ya puestos a sacar temas, vamos con algo más positivo sobre ciencia y música.  ¿Pensaba Vd. que la música y la ciencia son conceptos divorciados?  No hay tal.  Pongamos por caso al joven Galileo, de cuyo invento se celebran 400 años. Sirva al menos la música del libro, para hablar un día más de ciencia y tecnología.

Resultó allá por el siglo XVII, cuando el joven Galileo trataba de estudiar mediante planos inclinados el comportamiento de la ley gravitatoria, poniendo así en bandeja a Newton el avance posterior, que su bien afinado oído, y su rítmico sentido de la música, le permitió dilucidar lo que de otro modo, y en ausencia de un preciso reloj -todavía no inventado- hubiera sido imposible.  Conocía Galileo y medía con soltura, los diferentes compases, pulsos y medidas de las notas musicales.  Con un bien entrenado sentido del ritmo, capaz de distinguir la duración de semifusas y garrapateas, con divisiones de hasta 32 notas por segundo, ideó, digo,  Galileo, un experimento ingenioso.  Colocaba primero cuerdas atravesadas sobre un plano inclinado, y separadas por unas determinadas distancias, arbitrarias inicialmente.  Dejaba después rodar una bola y escuchaba el sonido producido a cada paso por la bola sobre las cuerdas.  Posteriormente movía las cuerdas, intentando que el tiempo transcurrido entre cada golpe de la bola sobre cuerdas consecutivas fuera idéntico.  De este modo y tras ajustes progresivos, consiguiendo distancias que hacían los intervalos de tiempo entre golpes idénticos, descubrió algo interesante.  Que las susodichas distancias entre cuerdas aumentaban progresivamente a lo largo del plano inclinado, en razón geométrica del tiempo transcurrido.  ¿Verdad que tiene sentido?

En fin, después de todo lo dicho, convendrán conmigo que no hay mal libro que por bien no venga.  Y sí, de Big Bands contiene 700 páginas de información -que incluye bastante sobre Glenn Miller, Benny Goodman, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Frank Sinatra… ya digo, contaminadas por el autor.  Espero que hayan disfrutado el la preciosa Canción grabada por la Banda de Duke Ellington, en una época difícil:  Jump for Joy.


Europa también comienza en Tarso

julio 3, 2009

Título:  Pablo, el Judío de Tarso.

Autor: César Vidal

Editorial: Algaba.

Si el boato de una onomástica debe ser proporcional a los años cumplidos, y la celebración de una aniversario ajustada a la influencia histórico-social y longevidad del personaje celebrado, este año 2009 deberían los medios haber hablado no sólo de Darwin y la evolución o Galileo y el año internacional de la Astronomía.  Un personaje surgió hace 2000 años que se hizo eco y transmisor de una noticia formidable, y que dio la vuelta a la Europa de su época, marcando el devenir de la sociedad occidental.  Pese al romano imperialista, o al coetáneo Judío ortodoxo, Saulo, ciudadano romano de nacimiento, judío de confesión, y reconvertido cristiano, nació hace la friolera de 2000 años, y este pasado lunes 29 de Junio celebrábamos el fin del año Paulino.

Pablo

Pablo

Este libro de Cesar Vidal, de cuyo estilo narrativo no quiero acordarme, habla del Pablo del Santoral cristiano, un personaje que merece un estudio de detalle, como el realizado por el autor, y que a la postre le reportó premio de Algaba a la mejor biografía publicada.

El autor entresaca citas bíblicas desconocidas para el gran público: como en todos los oficios y negocios, de cada sujeto nos vienen contando lo que a cada uno le interesa.  Echen un ojo al libro, y vayan después a los Hechos para corroborar las citas.  Se llevarán más de una sorpresa con el personaje.

El libro, con una marcada tendencia protestante, y con especial acento en la justificación por la fe, tema debatido fuertemente en la reforma y contrarreforma, pero cuya base es clara, presenta el carácter humano de San Pablo, su devenir histórico con citas precisas de diversas fuentes, y su talento e inteligencia en su hercúlea tarea evangelizadora.  Particularmente notable rasgo de su inteligencia fue el buen aprovechamiento de su cuna:  la ciudadanía romana más de una vez le salvó de algún descalabro.  Y su notable inteligencia le permitió salir indemne de algún tribunal apañado en su contra.  Su buen conocimiento de las escrituras, y del carácter de cada tendencia judía, le salvó en cierta ocasión en que Saduceos y Fariseos se aliaban en su contra.  Le bastó nombrar la vida eterna como tema de polémica, para que olvidándose del acusado, se enzarzaran los judíos en interna disputa que puso fin al proceso.

Fue San Pablo un convencido cristiano, como antes fuera ferviente judío.  Su  convencimiento y fe en el mensaje de la buena noticia -todavía discernible si uno abstrae, filtra y purifica de contaminación humana el mensaje presente en los medios de transmisión- le impulsó a trabajar por los demás.

El buen conocimiento de lenguas, permitió a Pablo realizar un viaje monumental.  Sin olvidar su oficio, antes bien utilizando su artesana industria de tiendas para sustento diario, evitando convertirse en costosa carga para otros, viajó a lo largo y ancho del imperio romano, hablando a los gentiles, mostrando un nuevo modo de vida, que cambiaría con el tiempo los modos y maneras de la Europa naciente -aunque pese a los modernos redactores de constituciones europeas.

Viajes de Pablo

Viajes de Pablo

El viaje de Pablo, recogido en sus cartas, presenta un itinerario de ida y vuelta con un objetivo preciso:  difundir un mensaje.  Sin periódicos, radios, televisión ni internet consiguió Pablo cambiar el rumbo de la historia.  La fe, empeño y esfuerzo en cumplir la misión personal de cada uno, es el mejor abono para la sazón del fruto del trabajo.  Una pena que la cultura del esfuerzo se haya volatilizado entre nuestros jóvenes.

Lo dicho, aunque el año Paulino acabó, buen momento para revisar quién fue este personaje, Pablo, y el porqué de su éxito evangelizador.  Y si les gusta aplicar tecnología a cualquier tema, vean los viajes de San Pablo en Google Maps.


El Cielo de nuestros padres

junio 12, 2009

Título:  La Divina Comedia

Autor: Dante Allighieri

Editorial: Galaxia Gutenberg

Hace ya varios meses tuvimos ocasión de hablar del perfecto ciclo de círculos  compuesto por Dante en su trilogía ascendente infierno-purgatorio-cielo.  Ese mes quedé a las puertas del paraíso, que hoy retomamos por varias razones, incluyendo haber concluido su lectura en esta edición para coleccionista, y que ya dijimos mereció premio a la calidad editorial el año de su publicación.  Pero no es esta la razón única.

Esta semana se publica un libro esperado por las masas borreguiles devoradoras de bestsellers insípidos, y que algunos editores, labradores de copiosas fortunas, ofrecen a rebaños sin pastor.  Este libro de cuyo nombre no quiero acordarme, incluye Fátima en su título, y probablemente seguirá rayando la mediocridad estilística y narrativa, en línea del anterior de su serie.  Buen momento es para dirigir la mirada a otra Fátima, la cercana ciudad portuguesa, que rodeada de Azinheiras, nos descubre el mensaje transmitido por tres niños,  descripción del bíblico infierno en llamas incluido.

Infierno novelístico para algunos, metáfora bíblica para otros, se convertía en la niñez de Francisco, Jacinta y Lucía en el drama real y terrible de la gran guerra fratricida entre hermanos de la vieja Europa.   Sirvió el mensaje de Fátima como aliento y esperanza de un final cercano para aquel infierno terrenal.

Hablaba Delibes en una de sus novelas, las Guerras de nuestros Padres, de ese drama que se repite y transmite como herencia macabra de padres a hijos.  Lástima, decía, que cada generación tenga su guerra.  En manos del hombre queda la materialización efectiva del cielo o el infierno en la época que le toca vivir.  Miremos hoy al Cielo.

Sitúa la tradición judeo-cristiana la ubicación del paraíso, no el terrenal bíblico, sino el espiritual, en el cielo.   Este cielo es el que describe colorísticamente y con una figuración diluida Barceló en esta edición.  Cielo bien distinto del que Bosco imaginó, lleno de misterio, surrealismo, sensualidad y color.   En todo caso entre el Bosco y Barceló permitánme elegir al primero.

El Jardín de las Delicias

El Jardín de las Delicias

El cielo fue asunto de discusión perpetua en tertulias y cafés desde época inmemorial, cuando el fútbol y la televisión no eran objetos sagrados.

Nuestros padres ancestrales ya miraron hacia el abismal cielo nocturno buscando respuestas imposibles.  Quizá fuera Galileo quién acercó por primera vez ese cielo inalcanzable y evasivo, a la indiscreta mirada del hombre.  Aunque bien mirado, también sirvió su telescopio para colocar en su sitio, eones de por medio, galaxias, estrellas y constelaciones. Ese universo celeste, tan estudiado hoy, ha sido objeto misterioso, codiciado y fabuloso, llegando en la actualidad a convertirse en soporte de nuestros viajes.

La Astronomía moderna quizá piense que todo sobre el cielo será conocido en breve, una vez la ciencia culmine su trabajo.  Torpe ilusión humana.  Aunque podamos encontrar las razones del cómo, imposible será para la ciencia responder al porqué.  Y aún en su propio terreno, aunque las respuestas mecánicas propuestas sean válidas en nuestro universo observable, el universo conocido, quizá estemos inmersos en un ajuste desmesurado de las teorías científicas, que nos impidan observar la verdad general -una especie de overfitting, que tanto gustan nombrar los creadores de algoritmos de optimización.

Buen resumen de la incapacidad humana para encontrar respuestas es parte del título del libro de Lederman y Teresi:  La partícula divina:  Si el universo es la respuesta, ¿Cual es la pregunta?

No está demás cultivar otros aspectos del saber humano:  literatura, arte y música son imprescindibles para un equilibrio vital, y tampoco huelga hacer caso al viejo refranero:  por boca del niño escucharás la verdad.  Una mirada a los niños de Fátima puede tener su recompensa, y quién sabe si su mensaje nos conduzca al cielo.