Los autobuses de Darwin

febrero 6, 2009

TítuloLa Teoría de la Evolución de las Especies

Autor: Charles Darwin & Alfred Russel Wallace

Editorial: Crítica.  Edición de Fernando Pardos.

Se cumple el próximo 12 de Febrero 150 años de la publicación de uno de los libros que más polémica han creado en la historia editorial.  Desde que Gutenberg inventara la imprenta moderna, pocas obras han causado revuelo mayor.

Darwin

Darwin

Curiosamente la teoría que Darwin nos traslada fue simultáneamente descrita por su contemporáneo Wallace, quien surcando mares en dirección opuesta a la derrota trazada por el Beagle, y analizando especies de lejanas islas orientales, llegó a las mismas conclusiones que el ex-seminarista Darwin.  La correspondencia entre ambos fue fluida, y sus comportamientos los que cabría esperar de caballeros ingleses, con una publicación conjunta sobre la teoría propuesta (les recomiendo esta edición del libro para conocer todos los detalles del proceso).

Sabía Darwin del vendaval que se desataría, no solamente por lo nuevo de la idea planteada, sino también por el tipo de especimen presente en sectores tradicionales de la Inglaterra Victoriana.  Porque en el fondo, la tormenta la desata la inestabilidad de ciertas convicciones ancladas en ideas que pueden ser revisables.  Y es que algunos tomaban los clásicos escritos bíblicos como obras científicas incuestionables (señal inequívoca de la debilidad de un planteamiento científico que prohibía revisiones de ideas previas).

Lamentablemente, esta manera de entender los libros sigue vigente en algunos sectores de la sociedad actual, y como mancha de aceite se ha extendido a ambos lados de la frontera ciencia/religión y encontramos comportamientos similares en ambos extremos:  creyentes que toman la biblia como libros de ciencia y científicos que tornan sus ideas en la religión laica del futuro.

Quizá el ejemplo más reciente es el de los famosos autobuses londinenses  con su famoso eslogan “Probablemente Dios no existe, así que deja de preocuparte y disfruta de la vida”.  La frasecita no tiene desperdicio, como ahora veremos.  Sin embargo, ha sido fácil encontrar presbíteros que actuando como lobos hambrientos de ovejas sin pastor, y fruto de su desinformación, han lanzando dentelladas desde el púlpito a los autores del dichoso mensaje;  y por supuesto también ateos recalcitrantes aplaudiendo majaderamente el despliegue de la campaña en nuestro país.

En primer lugar conviene estudiar el origen y causa de la campaña.  El famoso autobús ateo surge en Reino Unido como réplica a una campaña previa orquestada por los Cristianos Evangélicos.  Y es importante esta apreciación, porque al contrario de lo que muchos piensan, también la actual teoría creacionista, que de forma fraudulenta reviste de ciencia lo que no es tal, surge de las filas Evangélicas Americanas.  Pero luego volveremos este tema.

El problema de fondo es que las autoridades evangélicas lanzaron un mensaje apocalíptico y pesimista:  o con ellos, o al infierno.  Se entiende así esta réplica que intenta tranquilizar a los gentiles.  Y el mensaje, francamente, está bien redactado, porque no niegan que Dios existe: admiten una probabilidad, baja según ellos, de su existencia, pero que les reconcilia con los creyentes.  Se le viene a uno a la cabeza esos meteorólogos que de manera análoga siempre aciertan cuando predicen que hay baja probabilidad de lluvia en períodos asueto, y el público huye de las ciudades a pasar puentes y vacaciones en playas lluviosas.

Sí incluye, sin embargo, un error fundamental, de suerte que  el mensaje podría interpretarse en sentido pesimista inverso:  los que creen no disfrutan de la vida.  Nada mas lejos de la realidad, y si no, pregunten en su entorno.  El disfrute auténtico de la vida no contradice el mensaje del evangelio (que no es lo mismo que evangélico), muy al contrario.  Ni tampoco contradice la ciencia, por cierto, y aquí volvemos a Darwin.

En realidad, el problema de la Teoría de la Evolución no es tal.  Por más que haya científicos fundamentalistas, tales como Richard Dawkins con su ataque frontal hacia la fe, otros grandes científicos evolucionistas han manifestado la coherencia y buen diálogo entre fe y razón.  Sirva de ejemplo S. Jay Gould, al que ya nos referimos anteriormente, y que con su teoría NOMA (los magisterios de la fe y la ciencia no se solapan)  muestran como fe y razón son plenamente compatibles.

Museo de Historial Natural, Londres

Museo de Historial Natural, Londres

Fue una pena no tener oportunidad de conocer personalmente a Gould, que bien habría podido formar parte del debate al que asistimos en Julio de 2007 en Londres.  En la velada organizada por el congreso GECCO 2007 en el magnífico central hall del museo de historia natural, de Londres, tuvimos oportunidad de entablar diálogo con Dawkins, mientras el gigantesco diplodocus observaba en silencio la reunión parroquial.  Una pena que no hubiera tiempo para que todos lanzáramos nuestra pregunta al debate público sobre Complejidad y Evolución. Dawkins estuvo en su línea argumental, suerte que hubiera otros en la mesa, como Lewis Wolpert.  En todo caso es positivo que quienes aplican Evolución para resolver problemas complejos enfrentaran sus puntos de vista tecnológicos con los proporcionados por la Biología.

Pues bien, a pesar de lo que Dawkins diga y piense, nada más lejos de la realidad.  Los líderes católicos, que son caricaturizados con frecuencia por los medios de comunicación bajo el aplausos del público, lo son por falta de conocimiento.  Y han mantenido desde hace muchas décadas un pensamiento positivo hacia la evolución.  El propio Pío XII en su encíclica Humani Generi (29), allá por los años 50 ya decía que la Evolución podía perfectamente ser una teoría correcta, y que los datos científicos mostrarían con el tiempo su validez.  Muchos años después, y a la vista del avance de la ciencia, Juan Pablo II en el año 96 ya informaba a la Academia Pontificia de las Ciencias (36-38 ) del correcto planteamiento de la actual teoría sintética de la evolución, que incluye todos los avances científicos del siglo XX.  Y con buen criterio manifestaba que la verdad no podía estar en contra de la verdad , manteniendo una línea acorde con NOMA (Non-Overlapping Magisteria) en el sentido de que para el creyente los descubrimientos de la ciencia, cuando son correctos, no pueden contradecir la verdad revelada.  Así que los señores científicos debería estrechar la mano de los católicos y los púlpitos de estos ni siquiera entrar en el tema surgido por un trueno evangélico (de la iglesia evangélica queremos decir), seguido por una tormenta de ateos ofuscados.

En resumen, estamos de enhorabuena por la publicación de la teoría de la evolución -y en particular por la edición de Fernando Pardos-, y todos debemos celebrarlo.

Si Darwin viviera hoy día ¿subiría el autobús o más bien continuaría con sus paseos matinales?

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