Ziegfeld Follies

mayo 3, 2013

Título:  Brooklyn Follies.

Autor:  Paul Auser.

Editorial:  Círculo de Lectores.

Los buenos libros cuentan historias, muchas historias, capaces de conectar con múltiples intereses de los lectores.  Este de hoy, con más sustancia narativa que el comentado anteriormente, incluye dos temas que me han seducido.  En primer lugar una historia sobre escritores y niños.

Cuenta Auster en boca de sus personajes, una tierna historia de uno de los grandes -que porcierto brilla en el fango de la realidad cotidiana-:  En cierta ocasión encontró Kafka a una desconsolada niña en el parque, que a lágrima viva lamentaba la pérdida de su muñeca favorita.  Kafka le explicó que su muñeca viajaba, y para demostrarlo, le dijo que le entregaría cada tarde las cartas que estaba recibiendo de ella.  Así, se presentó día tras días para leer las misivas que narraban las historias de la aventurera muñeca.  Durante tres semanas, Kafka construye una convincente historia transmitida por correspondencia, que narra la necesidad de un cambio de aires, y que consolando a la niña de tan terrible pérdida, le haga entender finalmente la necesidad de una separación definitiva.  Un escritor genial, conmovido por una joven niña, adquiere el compromiso personal de escritura diaria para su consuelo.

La segunda historia nace del título de la novela.  Brooklyn Follies, que quizá homenajea a Weismann,’s Follies.  La palabra Follies referencia en realidad un género de teatro musical de moda a primeros del siglo XX en Broodway:  Ziegfeld Follies,  cuyo éxito llegó a convertirlo en programa de radio.  El interés del producto condujo a las dos primeras figuras del musical norteamericano, Kelly y Astair, a colaborar en un producción de Hollywood en 1945.  Sirva este fragmento de Ziegfeld Follies como punto y aparte para este Broolyn Follies.

 

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Take Five

diciembre 7, 2012

Título:  Cantando bajo la lluvia.

Autor:  (textos) Gregorio Belinchón.

Editorial:  El País.

¿Sabía Vd que la Princesa Leia era hija de la co-protagonista de cantando bajo la lluvia, Debbie Reynolds?  Este y otros muchos detalles pasan inadvertidos para quién disfruta del clásico “Cantando Bajo la Lluvia“.

Los musicales, los buenos, hoy día están asociados a Broadway y sus sucursales internacionales.  No hay capital cultural que se precie que no ofrezca en sus mejores teatros musicales de renombre:  Londres, París, Toronto, Madrid…  Basta dar una vuelta por el mundo para tomar el pulso a esta rentable industria.

Los años dorados de Hollywood se asocian a las grandes producciones musicales, que en muchas ocasiones tomaban prestadas de Broadway temas, intérpretres y bailarines.  Cantando bajo la lluvia es así un homenaje a la historia del cine (el libro cuenta muchos detalles ocultos para el gran público) protagonizado por Gene Kelly, bailarín procedente de Broadway.

Música Jazz, tap dancing, mucho cine… menú apto para todos, incluida la infancia, que no podrán evitar la sonrisa con el tema “Haz Reir”.  Homenaje a muchos.

Sirva este clásico de la era Jazz, para rendir hoy tributo a un imprescindible del Jazz:  Dave Brubeck, que revolución el mundo del Jazz con su Take Five -nombre derivado del poco usual compás 5/4 utilizado-, y que ayer nos dejó.  Nacido en 1920, era uno de los supervivientes de la época clásica.  Nacido baptista, aunque su modre olvidó bautizarlo, murió católico como resultado de un encargo curioso:  componer una misa.

Disfrutemos hoy de este Take Five.


El séptimo arte

diciembre 3, 2012

Título:  Un Americano en París.

Autor:  Vicente Minelli – Textos Gregorio Belinchón

Editorial:  El País.

Hace ya varios años, sacó adelante el País, con el apoyo de Telefónica, esta colección de libros-películas que pone en manos del aficionado jóyas del séptimo con aderezo.  Porque si un buena elección gastronómica queda ensalzada con una descripción poética de las viandas, una buena película también gana cuando el espectador ha sido ilustrado previamente.

Un americano en París es una joya desde muchos puntos de vista.  Gershwin, el compositor de la obra sinfónica con el mismo título, creía firmemente en que el Jazz podría ser raiz y cumbre de futuras obras sinfónicas.  Vivió una temporada en París y aspiró a estudiar con Ravel y Stravinsky.  El ambiente de la capital y los sonidos de la calle están tan presentes en la obra, que el compositor utilizó claxons de los taxis parisienses en su estreno.

Si el ambiente de París influyó en la composición, el arte francés y europeo fueron referente en el vestuario de la más dilatado número musical de la película:  Monet, Toulouse-Letrec, Van Gogh y Rousseau prestan su obra para ambientar los pasos finales de Gene Kelly y Leslie Caron.

Mucho puede decirse de esta obra de arte múltiple, que auna cine, música, baile…  No se pierdan el número final de 18 minutos.  Pero como adelanto, una pequeña muestra no prevista inicialmente y resultado del empeño de Kelly por trabajar con los más pequeños.  Disfrútenlo.