Cambios

agosto 27, 2018

Título:  Fascinating Rhythm.

Autor:  Deena Rosenberg.

Editorial:  Penguin Books.

Entre las múltiples visitas que Nueva York ofrece, está su circuito jazzístico, jalonado por los históricos clubs que dieron forma a este arte musical:  Smalls, Blue Note, Village Vanguard, Birdland…, imprescindibles.

En todos ellos se pueden aún escuchar hoy versiones de los grandes clásicos, más conocidos como “standards” entre los profesionales y aficionados del jazz.  Son muchos los temas, autores y compositores que habría que revisar para hacernos una idea apropiada del origen y evolución de esta forma musical, pero entre todos ellos, algunos han ascendido hasta convertirse en modelo o patrón para nuevas creaciones.  Voy a referirme hoy al autor del origen del famoso “Rhythm changes“.

Fue George Gerwshin un Neoyorkino de pro, que a caballo entre el jazz y el mundo académico, trabajando mano a mano con Broadway y Hollywood, compuso una lista de standards que forma parte del conocimiento de cualquier músico jazz actual, entre la que destaca “I’ve got Rhythm”, cuya serie modulante dio lugar a los famosos Rhythm Changes.

Gershwin fue imprescindible en el mundo del espectáculo:  Con la colaboración de su hermano Ira, que puso letra a la gran mayoría de sus composiciones, generó éxito tras éxito en Broadway de los años 20 y 30: I’ve got Rhythm, Let’s call the whole thing off, Summertime, A foggy day (in London town), They can’t take that away from me…

Pero su maestría le permitió también ser aceptado por el mundo académico.  Tanto Rhapsody in Blue, poema sinfónico, y la ópera Porgy y Bess, permiten hoy que “Summertime” sea escuchada tanto en conservatorios, interpretada por estudiantes de canto lírico, como en Jam Sessions de todo el mundo, cuando los combos de jazz la hacen suya.

Aunque Gershwin es un personaje secundario en las cronologías del jazz, creo que ha sido una figura importante para dar lustre a lo que era entendida por la academia como algo frívolo, coyuntural y, quizá, pasajero.  El tiempo, y compositores como Gershwin, han demostrado la importancia del jazz en el panorama musical.

Nuestro libro de hoy recorre la historia de éxitos de este desbordante personaje, que junto con su hermano, nutrieron de abundante material a generaciones de músicos.

Aquí dejamos a Foggy Day, uno de los éxitos del largometraje “Shall we dance”.  La versión que enlazamos permitirá disfrutarla en las voces de Amstrong y Fitzgerald.


El séptimo arte

diciembre 3, 2012

Título:  Un Americano en París.

Autor:  Vicente Minelli – Textos Gregorio Belinchón

Editorial:  El País.

Hace ya varios años, sacó adelante el País, con el apoyo de Telefónica, esta colección de libros-películas que pone en manos del aficionado jóyas del séptimo con aderezo.  Porque si un buena elección gastronómica queda ensalzada con una descripción poética de las viandas, una buena película también gana cuando el espectador ha sido ilustrado previamente.

Un americano en París es una joya desde muchos puntos de vista.  Gershwin, el compositor de la obra sinfónica con el mismo título, creía firmemente en que el Jazz podría ser raiz y cumbre de futuras obras sinfónicas.  Vivió una temporada en París y aspiró a estudiar con Ravel y Stravinsky.  El ambiente de la capital y los sonidos de la calle están tan presentes en la obra, que el compositor utilizó claxons de los taxis parisienses en su estreno.

Si el ambiente de París influyó en la composición, el arte francés y europeo fueron referente en el vestuario de la más dilatado número musical de la película:  Monet, Toulouse-Letrec, Van Gogh y Rousseau prestan su obra para ambientar los pasos finales de Gene Kelly y Leslie Caron.

Mucho puede decirse de esta obra de arte múltiple, que auna cine, música, baile…  No se pierdan el número final de 18 minutos.  Pero como adelanto, una pequeña muestra no prevista inicialmente y resultado del empeño de Kelly por trabajar con los más pequeños.  Disfrútenlo.