A propósito de África

octubre 19, 2015

Título:  Los perros de la guerra.

Autor:  Frederick Forsyth.

Editorial: Círculo de lectores.

Este pasado domingo se celebró a nivel mundial lo que en ambientes eclesiales se conoce como el “Domund” o domingo misionero.  Asuntos religiosos aparte, esta y otras colectas similares llevadas a cabo por ONGs de diversa condición, tiene como uno de sus objetivos primordiales ayudar a comunidades indígenas que no levantan cabeza.  Pero hoy como ayer la crítica sigue planteando una cuestión básica:   ¿Cuantos años llevamos enviando dinero a este pozo sin fondo que es el continente africano?  ¿Cual es el problema que impide que a pesar de los esfuerzos bienintencionados pocos hayan sido los países que hayan enderezado su rumbo?

Quizá libros como este permitan recordar que el problema de África, y de algunos otros países en disputa en latitudes diversas, no tienen solución inmediata:  este continente subdesarrollado es rico en materias primas que los avariciosos vecinos del norte envidiamos, y que nos llevará a cualquier tropelía para conseguir los mejores contratos, incluyendo guerras, regímenes derrocados y presidentes títeres.  Por mucho que el pueblo se solidarice con la necesidad de los congéneres más desfavorecidos, mientras no haya un cambio de actitud real entre la clase gobernante, tanto del norte como del sur, seguiremos contemplando el desastre de nuestros hermanos.  La historia que nos cuenta Forsyth no es ciencia ficción:  Forsyth fue parte del M16, cuerpo de espías británicos que manejó información del más alto nivel de cualquier lugar del mundo.

Novela imprescindible para entender la desigual relación norte-sur.

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El horror de la guerra

octubre 11, 2015

Título:  El horror de Dunwich

Aturo:  H.P. Lovecraft.

Editorial:  Alianza Editorial.

En un mundo ideal los autores como Lovecraft serían imprescindibles.  Sus narraciones sugerentes siempre resultarían relatos imposibles.  La ciencia ficción que presenta permitirían al lector viajar a mundos imaginarios, en los que el horror se adueña de las tranquilas vidas de una ciudad cualquiera.

Y aunque Lovecraft es maestro del suspense, y sus relatos consiguen que el lector disfrute de su habilidad literaria, por más que haya pretendido en relatos como este describir un horror inimaginable, las noticias de cada día hacen palidecer a los personajes de Lovecraft:  estudiantes asesinos, manifestaciones pacíficas reventadas con bombas, nuevas guerras en viejas tierras, refugiados que perecen en su viaje de liberación  ¿alguien da más?

Una pena que como tantas veces, la realidad supere a la ficción de Lovecraft.


Ave Fénix

mayo 13, 2012

Título:  Por una causa justa

Autor:  Vasili Grossman

Editorial:  Galaxia Gutemberg

La naturaleza maravillosa del Ave Fénix ha permitido a la mitología deslumbrar el imaginario colectivo:  muerte y vida, fuego y aire, cenizas y resurrección.  No existe otro ave con moraleja más suculenta, y viene al caso hoy para hablar de la guerra y la prosperidad del pueblo que se recupera de la misma.

Por una causa justaGrossman va al corazón del hombre, y nos habla de la naturaleza humana, sus pasiones, intereses y anhelos, y como la guerra a veces se interpone entre el hombre y su destino.  Pero sirve también el escenario de la novela, Stalingrado, para recordar que las Guerras Mundiales son resultados de situaciones sociales previas.

Hay quién se refiere a la II Guerra Mundial como la respuesta a la crisis del 29, y como solución y salida para la misma.  Pero leyendo autores como Grossman, uno más bien concluye que quizá la guerra, sea el único vínculo que permitió a un pueblo unirse en la búsqueda de su destino.

Las democracias modernoas asientan su mecánica en la lucha ideológica fratricida, dónde la discusión y el enojo, el enfrentamiento y las envidias son las cartas del juego en el día a día político, y en el que los ciudadanos se enfrentan con palabras haciendo suyos los mensajes de unos cuestionables líderes.  Pocos son los países modernos, civilizados y democráticos que en tiempo de necesidad llegan a una unión completa, más allá de la política o religión, para solventar de manera colectiva los problemas que enfrenta.  Antes bien, prefieren el hundimiento conjunto frente a un éxito del oponente.

No fue la Guerra la solución, sino el reactivo que impulsó la unión del pueblo en una causa común:  el interés nacional.

¿Sería posible prescidir de esta encima tóxica y conseguir sus frutos sin la catástrofe?   Esperemos que los políticos lo entiendan, se entiendan, y nos animen a todos a empujar en una dirección común.  No se si será mucho esperar, o si necesitaremos que se consuman en el incendio que han provocado para abonar la tierra en un nuevo resurgir.  Quizá sea Grecia quien marca el vuelo del Ave Fénix.