Desdibujando el principio

agosto 23, 2014

Título:  Brief history of time ilustrated.

Autor: S. Hawkings.

Editorial:  Bantam.

 

Arthur C. Clarke, reconocido autor de ciencia ficción, formuló en su libro “Profiles of the future” tres interesantes leyes sobre el avance científico.  La tercera de estas leyes dice:

    Toda tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia.

Hubo y tiempo en que el fanatismo religioso conducía a los magos a la hoguera.  Hubo otro en que ese mismo fanatismo empujaba a los científicos por el mismo camino.  Hoy los papeles se intercambian, y aunque las brasas y el fuego se transforman en desprecio y humillación, son muchos fanáticos de la ciencia los que pretenden ejercer de jueces y verdugos sobre las personas de fe.  

La frase de Clarke nos invita a revisar la relación entre ciencia, tecnología y la sociedad en que vivimos, y el libro de hoy es otro buen pretexto para ello.

Afortunadamente Hawkings no llega tan lejos como algunos contemporáneos suyos, y no parece que su discurso esté tan desequilibrado.  Basta un ejemplo.  Hawkings reconoce cuando repasa la teoría de la relatividad, el viaje en el tiempo, el mundo cuántico y sus paradojas, que no es necesario pensar que el mundo realmente esté construido por los elementos que las ecuaciones describen.  Esto ya es algo.  

Los que trabajamos en computación sabemos hace tiempo que las máquinas de Turing, un concepto  teórico inventado por el famoso matemático británico A. Turing,  sirven para modelar TODO lo que los computadores pueden hacer, pero esto no implica que los computadores estén físicamente construidos como máquinas de Turing, entre otras cosas porque no tienen memoria infinita.  No, en su lugar los computadores funcionan con electricidad, procesadores… 

Así, la naturaleza del universo está todavía en cuestión, y no sabemos si algún día obtendremos una respuesta última.

Tambien entiende Hawkings que algunas de las conclusiones que las ecuaciones arrojan no quepan en la cabeza.  A decir verdad, en esto de la ciencia moderna, las personas de fe tenemos una ventaja: siempre hemos sido conscientes de nuestras limitaciones y falta de capacidad para entender la naturaleza de un Dios trino.

 

Escher

Me sorprende sin embargo que no sea hasta el final de la obra cuando Hakings cite a Gödel y su famoso teorema que revolucionó el siglo XX:  Hoy sabemos que las matemáticas son incompletas (no pueden contener toda la verdad del dominio en el que trabajan) y además que no existe ninguna posibilidad para salvar ese obstáculo.  Todo el edificio científico se apoya así en pilares inestables.  El Teorema de Gödel junto con el principio de Incertidumbre de Heisenberg (que también muestra la imposibilidad de conocer “todo” sobre el universo en que habitamos) han puesto coto a la pretensión científica última.  Así la ciencia de hoy sabe, aunque muchas veces lo olvide, de su propia incapacidad, y en esto por fin se ha alineado con las enseñanzas de los grandes teólogos.

Hawkings sin embargo pretende hacer un truco final con sus ecuaciones, llegando a la conclusión de que con las teorías que conocemos, no es necesario que el universo tenga un principio ni un fin.  No se da cuenta ahora que eso sólo es posible si el universo realmente se rige por esas leyes que estudia, y que por tanto esas mismas leyes son necesarias primero.  Un origen se puede transformar en otro a base de ecuaciones, pero como en la famosa obra de Escher, en que dos manos parecen dibujarse a sí mismas, todos sabemos de la necesidad del artista y su lápiz para que la obra tomara forma.

Una pena que Hawkings no se de cuenta que su resultado no ha conseguido desdibujar el principio, y que aún es necesario un artista final que modele las leyes que rigen su universo sin principio.

 

 

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El principio

septiembre 17, 2011

Título:  Stephen Hawding, Una vida para la ciencia

Autor:  Michale White, John Gribbin

Editorial:  RBA

 

LLevaba Hawkings años durmiendo en los estantes.  Le llegó su hora.

Quizá Hawkings haya hecho que nos llegue la hora, el tiempo, a toda la humanidad.  Porque si antes de él se entendió la Gravedad, la relatividad y los fenómenos cuánticos, una comprensión teórica formal acompañada de incomprensión profunda, como Feyman confesaba, Hawkings hizo por fin entenderse a los antagonistas;  Hawkings hizo que teorías irreconciliables, como la Palestina e Israel actual, por primera vez se dieran su primer abrazo en el abismo de los agujeros negros.  Física cuántica y relatividad general de la mano en el horizonte de la sigularidad.

Hawkings, mente privilegiada que vuela libre de sus ataduras físicas, llegó al origen de los tiempo para mostrar que tal vez, ni el tiempo ni el universo tengan un origen.  Inventando nuevas exotéricas teorías, ayudó a dotar al vacío de capacidad creadora.  Un vacío que deja de serlo al definirlo, dotarlo de propiedades matemáticas que están dispuestas a ayudarles a salir de su vacío existencial.  El vacío es inalcanzable, inimaginable, intangible, y cualquier vacío en que pensemos automáticamente se llena de existencia.  La nada inalcanzable se escabuyó de la mente de Hawkings, como antes lo hizo con cualquier inocente pescador de vacíos.

Hawkings viajó del agnosticismo al ateismo, en un trayecto que le hizo perder su estabilidad familiar.  Llegó, igual que mucho pensadores y teólogos previos, al concepto de infinito temporal y espacial y vacío con capacidad creadora.  Los antiguos utilizaron muchos nombres para el Verbo.  Dijo Juan, en el principio era el verbo; y Hawking le llamó vacío energético.

Hawkings, que tuvo el coraje de hablar en el vaticano de su visión, y al que Juan Pablo II rindió honores, es hoy un ferviente ateo, que cree en el universo eterno, infinito.  Hawkings es un hombre que cree firmemente en sus teorías, y en el que muchos confiamos.  Hawkings es el apostol nuevo de la ciencia, que permitirá a otros muchos creer cómo funcionan las cosas, sin entenderlas.  Como Feyman antes creyó en la física cuántica y evangelizó al mundo, Hawkings nos ha desvelado el misterio, y el pueblo le cree.

Hacen falta muchos apóstoles de la ciencia, que permitan al resto de mortales entender cómo funciona el mundo.  Hacen falta también apóstoles verdaderos que hagan vislumbrar la humanidad de Dios -con múltiples nombres y formas- que responde al porqué de la existencia, y encontrar hayá al fondo, quizá destrás de los agujeros negos de Hawkings, en la singularidad desnuda, tras el tiempo y el espacio, la física y las matemáticas, el soporte universal de todo lo creado.

 


La relatividad del tiempo

septiembre 4, 2010

Título:  La Flecha del tiempo (I)

Autor:  Peter Coveney y Roger Highfield

Editorial: RBA

Pues sí, quizá la falta de causalidad cuántica me hicieron elegir este libro:  efecto precedente a causa.  Porque el asunto del tiempo, la relatividad y el universo están ahora muy a debate en Londres, dónde Hawkings hace campaña para su próximo libro negando la necesidad de Dios.  Noticia grave la que nos dicta:  la gravedad basta para todo lo que existe.  Es notable que la sede del encuentro,el Kings College, y particularmente el el Anatomy Theatre and Museum, hayan sido cuna de alguna de las mentes científicas más notables, incluyendo a Maxwell, que con sus leyes electromagnéticas abrió la caja de pandora.  No dejen de visitar la capilla de su campus en Strand, y fíjense como el Genoma ha llegado a sus vidrieras.

El libro de la semana llevaba varias décadas esperando una relectura.  Pertenece a aquella magnífica colección que Muy Interesante editó hace varios lustros.  Mis lecturas en progreso (1000 años de poesía española, y el libro sobre evolución, de Gould, cada uno con más de 1000 páginas), me hacían difícil esta semana elegir libro y post.  Así que antes de partir a Londres al Citizen Cyberscience Summit fui a la biblioteca y elegí este para poder releerlo y hablar de él.

Tiempo

Londres es hoy un hervidero con la rectificación de Hawkings:  si en sus libros anteriores dejaba un hueco para Dios, ahora cerró esa vía, y ya, dice, no lo necesita.  Parece que la relatividad y toda su cohorte gravitatoria se sobran y se bastan. Dice Hawkins que con la mera Gravedad, el Universo no tenía escapatoria, su existencia a partir de la nada estaba ya prevista.  Lo curioso es que en esos razonamiento no considere la Fuerza Gravitatoria y las leyes físicas como un algo que impide la nada.  En fin, las cosas de los teóricos.  Quizá sea que quiera que leamos el libro.

A mi, si les digo la verdad, no me hace falta ir tan lejos para entender los problemas relativistas:  Siempre me han parecido el culmen de la relatividad los restaurantes aeroportuarios.  Basta echar un ojo para caer en una profunda duda:  Estará el señor de la esquina desayunando una hamburguesa con papas fritas y ketchup, o en su relatividad horaria estará aprovechando su hora de la comida para ingerir cualquier basura. ¿Porqué todos miran cuando en un tránsito aéreo pido café y bollos recién despierto por el aterrizaje tras una larga noche de viaje?  Quizá sea porque su horario local les dicta la cena.

La relatividad del tiempo, que decía Einstein, no es tan difícil de comprender.