La intrahistoria del jazz.

julio 7, 2019

Título:  The Story of Jazz.

Autor:  Marshall Stearns.

Editorial:  Mentor.

Cuando nos cuentan historias sucedidas en la noche de los tiempos, corremos el riesgo de perder los detalles.  Observar un hecho en la distancia, es como mirar al cielo una noche estrellada: solo podremos distinguir el brillo de los astros más brillantes del firmamento.

Algo parecido sucede con la historia del jazz y los libros actuales, que repasan una y mil veces los hechos mejor conocidos, las estrellas de relumbrón, pero a los que cuesta llegar a detalles que se han evaporado en los más de 100 años de historia del género.

Tuve ocasión en un reciente viaje a Wellington (NZ) de visitar una libraría de esas que llaman de “viejo”.  Y entre el mucho material disponible, encontré esta historia del jazz escrito en los años 50.  No miré más, ni me fijé en el autor.  La cercanía de su edición con los acontecimientos que narraba fue suficiente.  Y ciertamente encontré detalles que no había leído previamente:  por ejemplo, que el famoso “One o’clock jump” proviene un riff muy conocido y que utilizó con éxito Count Basie para este tejer este memorable título;  o cómo uno de los probables orígenes de la palabra “bebop” o “bop” es el término español “Arriba”, ó “riba”, y la forma de pronunciarlo de la época.  Historias de la historia, intrahistoria del jazz.

En fin, mucho material de interés recopilado por un autor, que luego he descubierto, tiene una importancia notable en la preservación del Jazz:  Marshall Stearns fue el fundador del Institute of Jazz studies en Nueva York, la organización con el archivo y biblioteca más grande del jazz del mundo.

Buen día hoy para hablar de jazz, y terminar recordando, a una de las figuras de la Bossa Nova que justo ayer nos dejó:  Joäo Gilberto.

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Genios Creativos.

abril 21, 2019

Título:  Origins of Genius.

Autor:  Dean Keith Simonton.

Editorial:  Oxford University Press.

Los buenos libros conducen a otras mil lecturas nuevas.  El camino hacia Origins of Genius lo iniciamos en “Evolución“, tres posts atrás, en el que a su vez nos referimos en 2010 con “La naturaleza del verano“.  Nueve años encadenando lecturas hasta el libro de hoy.

Baste decir que el autor plantea su hipótesis de trabajo desde el comienzo, y posteriormente trata de llenar de argumentos a lo largo de cerca de 300 páginas:  La creatividad tiene un componente “evolutivo” primordial;  pero no en el sentido clásico de cómo los humanos somos lo que somos gracias a la evolución, sino que el propio intelecto humano, su fuerza creativa, y la generación de ideas, tiene un modo de operar similar al evolutivo, con recombinación, mutación prueba y selección.

En palabras del autor:  “Cuando un organismo se enfrenta a un problema nuevo, trata de usar soluciones del pasado, combinándolas o cambiándolas para el nuevo problema.  Pero si el problema es más difícil, entonces hay que descender en una jerarquía de ideas para trabajar con los componentes principales y probar cada vez posibilidad más improbables.  Y así, la nueva solución encontrada será una permutación de componentes pertenecientes a soluciones previas de otros problemas.

Algunas de las conclusiones que presenta sobre el carácter auténtico de un genio creativo son reveladoras:  “Están abiertos a nuevas experiencias; poseen alto nivel de tolerancia a la ambigüedad; buscan la complejidad y la novedad; y son capaces de una atención desenfadada (entiendo que capaces de mirar no sólo el foco, sino adoptar una perspectiva más amplia);  manifiestan un amplio rango de intereses, incluyendo aquellos más alejados de su dominio principal; tienen más a la introversión que la extroversión; y a veces pueden parecer más aislados o antisociales que el promedio;  muestran un alto grado de independencia y autonomía, y suelen rechazar las normas;  aman lo que hacen y muestran entusiasmo, compromiso y energía persiguiendo sus objetivos”.

¿Conocen a alguien que encaje en esta lista?  Quizá hay algún genio creativo más cerca de lo que pensábamos.

Y me permito terminar recordando al que para muchos ha sido un Genio Creativo en el mundo del Jazz -disciplina muy adepta a la evolución, por cierto-, con su Giant Steps, John Contrane, interpretado por el que parece es un nuevo genio en la actualidad:  Joey Alexander.  Imposible no disfrutar viéndole tocar.


Cambios

agosto 27, 2018

Título:  Fascinating Rhythm.

Autor:  Deena Rosenberg.

Editorial:  Penguin Books.

Entre las múltiples visitas que Nueva York ofrece, está su circuito jazzístico, jalonado por los históricos clubs que dieron forma a este arte musical:  Smalls, Blue Note, Village Vanguard, Birdland…, imprescindibles.

En todos ellos se pueden aún escuchar hoy versiones de los grandes clásicos, más conocidos como “standards” entre los profesionales y aficionados del jazz.  Son muchos los temas, autores y compositores que habría que revisar para hacernos una idea apropiada del origen y evolución de esta forma musical, pero entre todos ellos, algunos han ascendido hasta convertirse en modelo o patrón para nuevas creaciones.  Voy a referirme hoy al autor del origen del famoso “Rhythm changes“.

Fue George Gerwshin un Neoyorkino de pro, que a caballo entre el jazz y el mundo académico, trabajando mano a mano con Broadway y Hollywood, compuso una lista de standards que forma parte del conocimiento de cualquier músico jazz actual, entre la que destaca “I’ve got Rhythm”, cuya serie modulante dio lugar a los famosos Rhythm Changes.

Gershwin fue imprescindible en el mundo del espectáculo:  Con la colaboración de su hermano Ira, que puso letra a la gran mayoría de sus composiciones, generó éxito tras éxito en Broadway de los años 20 y 30: I’ve got Rhythm, Let’s call the whole thing off, Summertime, A foggy day (in London town), They can’t take that away from me…

Pero su maestría le permitió también ser aceptado por el mundo académico.  Tanto Rhapsody in Blue, poema sinfónico, y la ópera Porgy y Bess, permiten hoy que “Summertime” sea escuchada tanto en conservatorios, interpretada por estudiantes de canto lírico, como en Jam Sessions de todo el mundo, cuando los combos de jazz la hacen suya.

Aunque Gershwin es un personaje secundario en las cronologías del jazz, creo que ha sido una figura importante para dar lustre a lo que era entendida por la academia como algo frívolo, coyuntural y, quizá, pasajero.  El tiempo, y compositores como Gershwin, han demostrado la importancia del jazz en el panorama musical.

Nuestro libro de hoy recorre la historia de éxitos de este desbordante personaje, que junto con su hermano, nutrieron de abundante material a generaciones de músicos.

Aquí dejamos a Foggy Day, uno de los éxitos del largometraje “Shall we dance”.  La versión que enlazamos permitirá disfrutarla en las voces de Amstrong y Fitzgerald.


No sólo Jazz

febrero 2, 2018

Título:  El Jazz de la Física.

Autor:  Stephon Alexander,

Editorial:  Tusquets.

En el famoso documental sobre la historia del jazz que Ken Burns filmó con tanto éxito, y que a fuerza de verlo permite a uno disimular la ignorancia sobre el devenir de esta música a lo largo del siglo XX, aparece algún colega de Charlie Parker, hablando de su inteligencia e interés por disciplinas bastante alejadas de lo que se supone debe interesar a un intérprete de jazz.  Y nos cuenta como se podía mantener una conversación con Bird, no ya sobre Bach o Beethoven, sino sobre partículas elementales y la incompresibre física cuántica.

Francamente, creo que es más fácil que un físico entienda el jazz, que un asiduo a las jam sesion llegue a entender nunca algunas áreas de la física, incluida la cuántica.  Y no precisamente por incapacidad de los que se dedican al jazz.  Todo lo contrario:  por la hasta ahora incapacidad de los físicos de desarrollar una teoría comprensible del mundo en que vivimos.  El propio Richard Feyman, uno de sus máximos exponentes, expresaba su creencia firme, ciega diríamos, en los modelos matemáticos que la sustentan, y a la vez su incomprensión profunda de la realidad física que describen.

Qué curioso que el propio Feyman sea ejemplo de creyente en algo que escapa a la comprensión.

Dicho todo lo anterior, no hay excusa para ignorar lo que mueve el mundo.  Música, ciencia, literatura, arte…  todos deben ser elementos que formen parte de un menú intelectual equilibrado. Y el libro de hoy, permite de algún modo, acercar la física a la otra orilla.

El autor, Stephon Alexander, utiliza su experiencia vital como músico de jazz y físico teórico, para mostrar como se inspiró en el jazz para trazar su investigación, y con multitud de anécdotas, hila una historia que pretende acercar la física más abstracta al público general;  bueno, digamos mejor al músico de jazz general.

No obstante, creo que para adentrarse en cualquier terreno resbaladizo de la física, hay otras obras más recomendables.  El libro hace un largo recorrido, pero con no demasiada profundidad, en muchas áreas de la física, desde la cosmología, unificación, cuántica, relatividad, etc.  Un recorrido tan rápido y a tal altura que producirá vértigo al visitante casual, y dejará insatisfecho al que ya conozca algo de cada temática.

Así y todo, es una buena ocasión para ver que el que se dedique al jazz, también puede desarrollarse profesionalmente en otras disciplinas.

Acabemos este principio de año con un temita clásico, que está haciendo disfrutar a los alumnos de combo del instituto de jazz  y música moderna de extremadura.  Ojalá que también aquí podamos pronto mezclar el jazz con alguna otra disciplina, aunque no sea la física;  las nuevas tecnolgías, por ejemplo, por las que pasa el futuro de la sociedad que conocemos.

 

 

 

 


Dónde escuchar jazz

noviembre 18, 2017

Título:  Cómo escuchar jazz.

Autor:  Ted Gioia.

Editorial:  Turner noema.

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Aunque es triste escuchar que la trompeta es una “madera”, o que Charlie Parker tocaba la trompeta, y todo esto hay que agradecerlo a la traductora de este libro, que lo mismo se atreve a traducir libros de jazz que de inteligencia artificial;  a pesar de todo, digo, este libro tiene su interés. Informaremos al autor de los desmanes cometidos en la traducción al español y vaya por delante entonces mi recomendación para leer la edición original en inglés.  La ignorancia es muy atrevida.  Para traducir, hay que dominar primero el área de conocimiento.  Que para traducciones mecánicas son muchas las herramientas online disponibles.

Dicho lo anterior, y aunque otros conocidos libros de Gioia van más dirigidos a público experto, el de hoy propone al neófito varias estrategias de escucha que permitirán apreciar los principales elementos del buen jazz:  desde el misterio del ritmo, tono y timbre, fraseo, pasando por la armonía, descrita todo ello en términos inteligibles.  Además, hace un repaso de los 150 nombres del Hall of Fame actual del Jazz, para que además de los clásicos, sepa el lector dónde buscar buen jazz.

Y puestos a buscar y escuchar jazz, afortunadamente va calando este género musical en la sociedad, como el buen vino, y crece la oferta en nuestro entorno más cercano.  Sirva de muestra el festival Badejazz en tierras extremeñas, que durante una semana y de forma intensiva, nos está permitiendo poner en práctica los consejos ofrecidos por Ted Gioia en el libro.

A disfrutar.

 


Los intermediarios.

enero 1, 2017

Título:  Jazz.

Autor:  Winton Marsalis, Geoffrey C. Ward.

Editorial:  Paidos Ibérica.

Que los líderes actuales del Jazz traten de contar su experiencia de un modo inspirador para las nuevas generaciones no tiene precio.  Tiene mérito que Marsalis trate de dirigirse a las nuevas generaciones contando su experiencia, sus errores, y su modo de ver la vida a través de un caleidoscópico cristal:  el del Jazz.  Y aunque no aspire Marsalis a nobel de literatura, el esfuerzo merece elogio.  Pero hay una segunda reflexión al hilo de esta obra.  Vamos por partes.

Hace ya años, tuve ocasión de compartir con un catedrático de universidad, mi punto de vista sobre las traducciones de literatura especializada.  Este profesor, dedicaba parte de su tiempo a traducir obras del inglés, que se vendía con facilidad por ser obras de refencia en ingenierías técnicas.  Personalmente prefiero siempre el original, que por otra parte ayuda a mejorar las competencias lingüísticas en otro idioma, y así se lo decía; y es lo que algunos de mis alumnos podrán confirmar con desgana.  Pero este catedrático me decía que los emolumentos obtenidos eran un buen complemento cuando aún era titular de universidad.  El dinero, siempre el dinero, aunque debo reconocer que nadie mejor que un experto para traducir una obra de su área.

¿Y todo esto porqué?  Porque no es de recibo, que ponga el traductor en boca de Marsalis, que Coltrane todaba la trompeta, más aún cuando el traductor de marras se permite añadir “notas de traductor” para aderezar los contenidos.  Más valdría un experto en Jazz, o aficionado avanzado con un aceptable nivel de inglés, que un filólogo que no se preocupa de informarse.  Pondría mi mano en el fuego a que fue “horn” lo que motivó el equívoco.  Basta haber leído literatura de jazz en “versión original” para entender las expresiones.

En fin, una pena que sucedan estas cosas, y que probablemente Marsalis ni siquiera sepa lo que sucede con su obra en otros idiomas, por culpa de los intermediarios.  En fin, trataremos de ponerle remedio.

 

 


Benny Goodman

noviembre 30, 2016

Título:  Benny Goodman and the Swing Era.

Editorial:  Oxford University Press.

Autor:  James Lincoln Collier.

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No hay mejor portada para esta biografía que una buena tipografía de los años 30.  Para los amantes del Art Decó, el título será un buen preámbulo al contenido.

Escuché por primera vez al autor, J.L. Collier en la reconocida historia del jazz de Ken Burns.  Debo reconocer que gran parte de la bibliografía sobre el jazz que ha pasado por este blog procede de historiadores que colaboraron con Burns.  Y nunca he quedado defraudado.

Las buenas biografías siempre suministran al lector, que en general llega a la misma como buen conocedor previo del personaje al que se refiere, datos nuevos no sólo de la persona sino del contexto histórico y social en que vivió.  Esta obra cumple sobradamente su cometido;  y no sólo eso.  El autor, como músico profesional, se permite indagar en cada una de las principales grabaciones de goodman, analizando continente y contenido, sidemen que lo acompañaron, fechas y lugares, y cómo no, contenido musical de cada obra.

Lo dicho, un magnífico ejemplar que permitirá al lector entender que la obra de Goodman contribuyó no sólo al desarrollo del Jazz, sino a la libertad e integración en un país en el que aún hoy queda camino que recorrer.

Disfrutemos de este genial cuarteto “integrado” por Goodman, Gene Krupa, Lionel Hampton y Teddy Wilson.