Summertime

agosto 21, 2011

Título:  Objetivo:  La Luna.

Autor:  Hergé

Editorial:  Juventud

 

El verano es época de lecturas ligeras y viajes.  Los cómics son buenos compañeros estivales, y Tintín un clásico.

La semana pasada tuve ocasión de volver a Las Joyas de la Castafiore, para comprobar como Hergé, muy al contrario de lo que sus críticos le acusan, lucha contra estereotipos raciales y salva del delito -robo de las Joyas- a los que en la vida real hubieran sido igualmente acusado por indicios:  los Gitanos acampados en los Jardines de Moulinsart.

En el título de hoy, que es por cierto uno de los cómics más elaborados visualmente, y en el que posiblemente Hergé necesitó una mayor documentación, podemos encontrar los avances tecnológicos de una época.  No estaría demás una revisión de los avances presentados en el cómic:  pila atómica, propulsión nuclear, computadores… La estética analógica de los ordenadores bien merece un repaso.  Pero no sólo de gráficos vive la tecnología, aquí va un extracto de la descripción de la pila:

 “Aquí tienen la pila atómica. Está formada por enormes bloques de grafito entre los cuales corren tubos de aluminio. Estas barras de cadmio que ven ustedes en lo más alto se hunden en la gran masa, toda ella rodeada de un grueso caparazón de hormigón armado… Esos enormes tubos, conducen el agua necesaria para la refrigeración del aparato…”.

Si en su día recomendamos Apolo XIII a los estudiantes de ingeniería, tampoco está demás utilizar el título de hoy como elemento motivador, y que permitirá una revisión de la historia tecnológica de nuestro siglo XX.

Buen título sobre un viaje, para los viajes del verano.  Y nada mejor para esta época estival que buena música.  Incluimos hoy un clásico:  summertime, que aunque concebida con inspiraciones folclóricas, su base en las escalas pentatónicas y sus progresiones armónicas inspiraron múltiples adopciones por los mejores del mundo del Jazz.   La versión que incluimos interpretada por Armstron y Fitzgerald es una Joya. Que la disfruten.

 

 

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Un mundo maravilloso

agosto 14, 2009

Título:  Jazz:  A History of American Music

Autor: G. C. Ward, K. Burn

Editorial: Knopf

A cualquier amante de la música, cerrar este magnífico libro -del que ya hablamos en otra ocasión- sobre la historia de la más característica música del siglo XX le deja un sabor agridulce.  Porque al placer de leer un libro en gran formato, profusamente ilustrado con más de 500 fotografías históricas, y con una calidad notable en la composición y edición, se une el regusto amargo de contemplar el final de la historia vital de grandes personajes de la historia del Jazz:  Duke Ellington, Louis Armstrong, Glen Miller o Benny Goodman, por nombrar solo algunos.

Su época fue difícil:  a las intrínsecas estrecheces derivadas de sus inicios, humildes en muchos casos, se unió con frecuencia el color tostado de su piel en una época de segregación.  Porque los líderes espirituales del movimiento surgido en New Orleans, estaban marcados desde el instante de su concepción.  Aún así, consiguieron con su música abrir la brecha de la lucha por los derechos civiles en un país dividido.  Con la única voz de sus trompetas, clarinetes, trombones y pianos, hablaron a sus paisanos y al mundo de su visión de la vida.

Fue una bendición que en la época en que vivieron la música electrónica aún no hubiera nacido.  Así los organizadores de bailes y verbenas no podían recurrir a teclados midi reproduciendo, a las órdenes de supuestos músicos, machaconas melodías sintetizadas.

Una tecnología muy notable ha permitido a los músicos modernos escribir con un nuevo lenguaje sus composiciones.  El formato MIDI, permite a un músico experto transcribir on-the-fly cada pista musical y arreglo necesario, utilizando para ello su genio, un teclado, y llegado el caso, un computador.  El fichero MIDI no es más que una partitura digital, que incluye las notas,  volumen, dinámica…  Todo lo necesario para que una tarjeta audio sea luego capaz de reproducir en vivo la partitura contenida.

Pero este fantástico Dr. Jeckll tiene un tenebroso Mr. Hyde oculto:  Lo que un experto puede producir, será utilizado después de manera sistemática y repetitiva por músicos de playback para hacer su Agosto:  nada mejor que las fiestas del verano para llenar la verbena de ineptos músico-cantantes, que parapetados en sus teclados midi, reproducen baladas a las que han robado el alma.

En los años 30, cuando el swing hacía furor en América, los músicos podían ganarse la vida con su profesión.  Las grandes Big Bands actuaban noche tras noche en lugares tan emblemáticos como el Savoy del Harlem.  La música, y la buena voluntad de músicos como Benny Goodman, permitieron romper la segregación, integrando bandas bicolor.  Tanta importancia tomó la música como elemento político, que el gobierno americano, mirando al Jazz, nombró a Armstrong como especial embajador para mostrar al mundo los vientos de cambio que soplaban.

El propio Ellington, después de una vida íntegramente dedicada a la música y con una pacífica y silenciosa muestra de la capacidad de la raza negra, fue nombrado uno de los más grandes compositores americanos del siglo XX.

La música… , la buena música… , hoy y siempre permitirá mejorar el mundo.  Fíjense lo que en la actualidad está consiguiendo el sistema de orquestas juveniles e infantiles de Venezuela, del que otro día hablaremos.   Aunque la clase política se apropie a veces de los modelos y resultados,  la música, la buena música, ayudará a hacer este mundo -con permiso del MIDI- un poco más maravilloso.