El secreto de Lello

abril 3, 2016

Título:  Cuentos Portugueses.

Autor:  Castelo Branco, Eça de Queirós, Pessoa, Sá-Carneiro.

Editorial:  Gadir.

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La librería Lello es visita obligada para los amantes del vino y los buenos libros.  Situada en la vitivinícola ciudad de Oporto, cuyos vinos dulces son fruto de la interrupción de la fermentación del mosto con alcohol de alta graduación,  forma parte del selecto top 3 de librerías más bonitas del mundo, y también es reconocida por los amantes de la saga Harry Potter:  un simple rumor urbano que la sitúa como escenario de grabación, la ha catapultado a la fama.   Aunque el hecho no es cierto, ha servido para multiplicar sus visitas.  Así, para evitar la avalancha de turistas, cobran desde agosto pasado 3€ por la visita, que amablemente canjean por descuento a aquellos que deciden invertir en cultura.  Cuentos portugueses ha sido mi contribución personal a la empresa, y canje del ticket de entrada.  Siempre es buen momento para saber que Castelo Branco no es sólo una ciudad portuguesa, y que a caballo entre el XIX y XX varios autores notables prodigaron cuentos y narraciones que conviene conocer.

La librería Lello, que abrió sus puertas en 1906, está ubicada muy cerca de la torre de los clérigos,  con fachada de estilo neogótico y detalles modernistas en el interior, ofrece al visitante una impresionante escalera de doble recorrido que permite el acceso a la planta superior. Ahora bien, no todo es lo que parece en esta curiosa librería:  quién quiera conocer el secreto deberá visitar el Palacio de la Bosa, otro edificio insigne en la pintoresca ciudad de Oporto.  Mantengamos por ahora el secreto de Lello.

Otros edificios modernistas y decó dan pinceladas a la ciudad de Oporto, que con sus vinos aromáticos, sus callejuelas coloristas y empinada y sus puentes sobre el Duero no necesita carta de presentación y es destino obligado para quienes visitan Portugal.

Sirvan estos cuento portugueses para unir literatura, viajes y arquitectura de una época, principios del siglo XX, que serán hilo conductor hacia nuestro próximo post.

 

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Darwin Deco

marzo 27, 2009

Título:  New York Deco

Autor: Richar Berenholtz

Editorial:  Welcome Books

Como el año de Darwin va a durar un rato, no está demás referirnos a él de nuevo, como tampoco estaría mal hablar de Pablo de Tarso -sí, el conocido San Pablo bíblico autor de numerosas cartas- personaje que comparte protagonismo con Darwin y Galileo este 2009.  Otro día será.

Es notable el hecho de que a pesar de los intentos de algunos por atrincherarse en sus respectivos dominios, sean estos científicos, artísticos, religiosos, políticos o cualquiera otro, al final, todos los caminos conducen a Roma, y las ideas y creaciones, humanas o divinas, confluyen y alimentan el caudal cultural, tal como los torrentes de montañas se hacen uno colina abajo.

Las ideas de Darwin han inspirado a gentes notables, no solo científicos, que también hubo y hay artistas, tecnólogos y novelistas inspirados por la evolución.  Es curioso que la lectura del libro que hoy comentamos nos traiga de nuevo este tema a portada, aunque esta vez de mano del arte.  Porque este valioso libro nos habla de Nueva York desde la perspectiva del arte, y con la mirada de un fotógrafo que debe andar enamorado de la gran manzana, pero más aún del Art Deco. Y el libro es un regalo para la vista, el tacto -una encuadernación de lujo en tela-, y quién sabe si en el futuro para el bolsillo:  es una edición numerada de 5000 ejemplares, con una magnífica fotografía original firmada por el autor -por cierto que aquí me referiré al ejemplar 316/5000.

Radio City Music Hall

Radio City Music Hall

Como Berenholfz nos muestra, afortunadamente todavía es posible visitar las ciudades y contemplar sus monumentos, sin previo pago de impuestos revolucionarios a mafias que dicen defender los derechos de los autores.  Es una suerte que los arquitectos posean una amplitud de miras superior a la de muchos pretendidos músicos.

Es este un buen libro para conocer de cerca alguna de estas colosales construcciones, que fueron revestidas y decoradas profusamente en una época difícil.  Porque arquitectos y artistas tramaron un complot magnífico para tatuar Nueva york con terracota policromada, geometrías metálicas, neones multicolores, acompañados de música jazz y grandes Big Bands  deleitando al público en emblemáticos lugares como el Radio City Music Hall.  Por cierto, si les gusta el jazz, no se pierdan el disco Special Quartet Namouche, digno de los mejores pubs neoyorkinos.  Gracias a músicos con visión de futuro,  todavía es posible descargar y escuchar jazz sin infringir ninguna ley de copyright.  Habrá que recompensar a estos artistas, acudiendo a sus conciertos.

El Art Deco tiene una expresión fundamental en esta ciudad Americana, que supo dejarse influir en una época de obras faraónicas por las propuestas novedosas sugidas en la Exposición de artes decorativos de Paris de 1925, done las Bellas Artes, el cubismo y la decoración se unieron para proponer esta novedosa aplicación práctica del arte, heredera también en parte del Art Noveu y del Modernismo de provincias surgido en Europa.

Supieron los artistas dejar su huella en ese bosque de rascacielos, que surge curiosamente durante y después del gran crash del 29.  Parece paradójico comprobar cómo en épocas de crisis, la construcción y el arte llegaron a un punto álgido en Estados Unidos.

Fue esta la época del Chrisler Building, el Empire State, el nuevo Waldorf Astoria, y otros muchos edificios que incorporaron el Art Deco como seña de identidad.  Cada uno de estos edificios tiene una historia que contar, de renovación, apuesta de futuro, atención exquisita al cliente -caso del edificio sede del famoso hotel Waldorf Astoria, que entre otras cifras récord, ostenta una bien curiosa:  mantener durante 100 años una interesante ensalada de nueces, apio y manzana.

Pero no toca hoy hablar de menús suculentos, sino de arte, edificios y ciencia.  Destaquemos en esta línea el Chanin Building, cuya fachada alberga un imponente mural:  Un capítulo interesante de la teoría de la evolución insertado en una obra Deco Neoyorquina.

Chanin Building

Chanin Building

Situado entre la 122 este y la calle 42, fue diseñado este edificio por Sloan & Robertson entre 1927 y 1930 junto con Irwin S. Chanin.  De 56 plantas con estructura Art Deco y 649 pies de altura, era el tercero más alto del mundo cuando fue terminado, y uno de los más significativos en el perfil metropolitano de la época.

Como decíamos, entre otros elementos ornamentales, surgido de la inspiración de Chanin tras su visita a la “Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes” del 25 en París, algunos de los mas exquisitos elementos Deco nunca creados en Nueva York tales como una banda de terracota con grabados de hojas o, lo que más nos interesa, un gran frontal con la teoría de la evolución, mostrada en su transitar desde la ameba, pasando por la medusa y el pez, hasta el ganso…

Resulta curioso como los artífices de tamaña empresa, buscaron primero su inspiración en las artes estéticas de París, y luego en las teorías científicas que se asentaban y tomaban fuerza a principios de siglo.

Nada que ver con algunos modernos gestores que entienden su trabajo como fruto de la ciencia infusa que les infunden el sillón que ocupan, y que a golpe de talonario, deciden adquisiciones millonarias sin encomendarse a Dios ni al diablo.  Tomen como ejemplo el supercomputador(cito) Lusitania, adquirido por estos lares por el gobierno de turno, sin pedir opinión ni a Dios ni al diablo.  Pero esa es otra historia, y habrá tiempo de hablar de ella.