Cienzanne

octubre 15, 2010

Título:  Cezanne.

Autor: Hajo Düchting.

Editorial: Taschen.

Recibía esta mañana carta de Springer sobre el fin del proceso de edición de nuestro primer libro:  “Parallel and Distributed Computational Intelligence“, del que no hablaré mucho hasta que físicamente llegue a la oficina.  Pero la casuísitica ha hecho que hoy que cumplimos 100 posts, y 99 libros (2 posts hubo sobre el mismo libro) llegue la carta esperada.

Cien libros y hablemos de Cezanne.  Ya dijimos en otras ocasiones que el espíritu necesita el arte, y la metafísica, y la filosofía.  No sólo de tecnología puede vivir el hombre moderno.

A los amantes del impresionismo, la época en que Cezanne vivió en París es un sueño pasado.  Concidió éste con Monet, Gauguen, Renoir, Manet y otros tantos que definieron un nuevo modo de ver el mundo.  Y aunque Cezanne no es el impresionista típico, su nuevo estilo revolucionó el panorama.

Su amigo Zola, compañero desde la niñez, le insistió para que perseverara en su arte, que aunque incomprendido en su época, no dejó indiferente a los críticos posteriores.  Ni a los artista del siglo XX.

 

Manzanas

 

Con una manzana quiso asombrar a París.  Y lo consiguió con sus múltiples y cromáticos bodegones llenos de frutas.

Cezanne es hoy ejemplo de cómo la virtud de la persistencia y la fe en el trabajo dan los mejores frutos, nunca mejor dicho.

No perdamos de vista a este genio en la actual época de crisis, y esperemos que la perseverancia haga que este blog llegue a doscientos como hoy lleguó a Cienzanne.


El Arte del Mercado.

julio 17, 2009

Título:  The 12$ Million Stuffed Shark.  The Curious Economics of Contemporary Art

Autor: Don Tompson

Editorial:  Palgrave macmillan

¿Sintió alguna vez en sus carnes la vergüenza generada por las cifras multimillonarias pagadas a futbolistas de élite?  Allá por finales de los 90, hablaba Antonio Gala con emoción del Extremadura de Almendralejo, y desde el asombro y la ilusión, hacía una serena alabanza a la modesta cuna de equipo que con singular humildad conquistó la cima del fútbol Español.  Quizá fuera esa la realidad de la época, o quizá tan sólo un espejismo fortuito.  El orgullo, prepotencia y aprovechada industria de sus diligentes, pusieron las cosas en su sitio:  arcas vacías a los pocos años, y equipo en el olvido de las divisiones inferiores.

Pero no es el fútbol único en su especie mercantil, con trasiego de millones a ritmo infernal.  Cualquier negocio humano puede verse abocado a ese mismo torbellino disparatado de economías no aptas para países en crisis.  Sin ir más lejos, según nos cuenta el autor de una manera indirecta en este libro de hoy, el mercado del arte sufre en la actualidad este mismo episodio febril.

Tiburón

Tiburón

Nos cuenta con desenfado este economista, como un tiburón, en  incipiente estado de putrefacción, fue vendido por una astronómica cantidad de libras.  ¿En concepto de qué?  De arte.

El problema del arte contemporáneo, es que ha perdido la credibilidad del público, a la vez que ha conseguido ganar bolsillos adinerados.  Bien mirado, el caso se las trae.  ¿Recuerdan ustedes lo que sucedió con los impresionistas de su época?  El asunto tenía tintes similares, por la transgresión activa por parte de los Monets y Manets de las normas académicas.  Ahora bien, la diferencia también es palmaria:  Entonces la innovación era un elemento necesario para alcanzar diferentes cimas estéticas, y el público así lo entendió rápidamente.  Ahora por el contrario, la transgresión en sí es el elemento artístico, y lo demás huelga.

Mérito notorio de estos llamados artistas, que trabajando de este modo han conseguido convencer a crítica y público del interés de su obra.  La ley de la oferta y la demanda ha permitido después encumbrar a gente como Hirst, el del famoso tiburón.  Si usted quiere ganar dinero con el arte, consiga de algún modo que sus creaciones sean deseadas, igual da la temática y calidad (hasta con excrementos de elefante están generando hoy día obras cotizadas).  A partir de ahí, quién quiera la obra tendrá que pagarla.

La cuestión clave sería entonces conseguir fomentar el deseo de una obra, y por lo demás resulte indiferente la calidad, o el verdader arte del autor.  Posiblemente el mercado del arte se haya convertido en el arte de hacer negocios.  Esperemos que este nuevo siglo XXI vuelva a poner las cosas en sus sitio.