En cuerpo y alma

agosto 17, 2015

Título:  Coleman Hawkins – Maestros del Jazz.

Autor:  Miquel Jurado (textos).

Editorial:  Diario el País.

Dicen que el sonido del saxo en el Jazz fue definido por este peculiar genio de la música, cuando una tarde del 11 de octubre del 39 entró a grabar en los estudios RCA Victor de Nueva York.  Hasta entonces el saxo tenor había sido otra cosa, un instrumento utilizado por las bandas militares, que en su desbandada tras la guerra de secesión quedó inutilizado y a disposición de los músicos aficionados.

Hoy día, Jazz y saxo son sinónimos, y en gran medida gracias a Hawkins y su body and soul, cuerpo y alma.  Tema imprescindible para entender este lenguaje, y el incomprensible misterio de la vida humana, que recientemente llegó a su fin en una compañera y profesora querida de todos.  Sirva este tema para despedirla.

Como el sol primaveral ilumina y marca el rumbo del girasol que florece, la sonrisa radiante de Marisol fue la brújula que orientaba animosamente el camino de sus alumnos.

Pianista volcada en su vocación docente, permitió disfrutar de su entusiasmo y positiva personalidad a todos los que la encontraron hasta el atardecer de su vida. Su energía y capacidad superaba horarios y jornadas; Ni el frío ni la lluvia la pararon: nada mejor que el despertar de un sábado invernal cualquiera para encontrarla dando consejos y abriendo aulas a sus alumnos más dedicados.

Marisol nunca sufrió mal de altura. Jamás trató de hacer brillar galones ni medallas, ni acrecentar la distancia que la separaba de sus pupilos. No son pocos los que utilizando el púlpito del aula convierten sus clases en sermones diarios, y más que enseñar, exhiben sin pudor una mediocridad supina, que queda expuesta a la verguenza por cualquier estudiante avispado. Al contrario, ella permitió disfrutar a todos de su cercanía y familiaridad, ofreciendo a cada uno el nivel que demandaba, disfrutando el progresos de sus alumnos, y reconociendo el talento de sus colegas.

Marisol fue motor oculto de proyectos, corazón entregado que se aleja de los focos. Imposible iluminar una fuente de luz; su personalidad irradiaba una positiva energía que a todos alcanzaba. Fue también ella alma de Oniria. Si Oscar y Ana fueron los creadores, Marisol, entre otros, ayudó a generar la fuerza que animaba al grupo de alumnos que lo interpretaron. El Oniria que conocemos no hubiera sido el mismo sin Marisol. Y posiblemente la próxima representación de Oniria tenga muy presente a Marisol, que desde lo alto acompañará con algún coro de ángeles al grupo de jovencitos que con ella se entregaron al proyecto.

Marisol llegó al ocaso sin avisar. Su trabajo incansable nos acompañó hasta las celebraciones de final de curso, y en silencio, sin hacerse notar, nos dijo adiós.

La música, ese gran misterio que aún resiste el análisis de su necesidad en la lucha por la existencia, para la que la teoría de la evolución no encuentra una justificación adecuada, que científicos y humanistas disfrutan y cuyo sentido profundo encuentra raíces en la fe de muchos pueblos, seguirá sonando en lo alto y su alma seguirá entregándose para formar parte de esa música celestial, como antes lo hizo entre nosotros en cuerpo y alma.  Sirva este cuerpo y alma del libro-cd de Hawkins para rendirle homenaje.

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Un don de Dios

agosto 4, 2012

Título:  This is Your Brain on Music

Autor:  Daniel J. Levitin

Editorial:  Plume

 

Esto libro brega con el misterio.  No hay acuerdo unánime sobre el porqué de la música, y nuestra capacidad cerebral para entenderla y disfrutarla.

El libro se lee de un tirón, y permitió al autor -músico reconvertido en científico- colocarse como finalista en Los Angeles Times Book Prizes, y su obra en el New York Times Bestseller.  Aunque no me gustan los Bestsellers, hay que reconocer que el libro se hace entender, y eso atrajo al público-comprador.

Entre otras muchas cosas, cuenta el autor como en una charla, Steve Pinker, muy conocido psicólogo experimenal del MIT, tuvo la osadía de espetar al respetable con la idea de que la música era un accidente evolutivo, un “spandrel” (tímpano) en palabras de Jay Gould.

El tímpano es un resultado arquitectónico fruto del uso de dinteles y arcos, y que generan como subproducto un espacio triangular que habitualmente se decora.  Este espacio decorativo no previsto, y que a la postre puede resultar tan interesante como el propio arco o el dintel, es el accidente arquitectónico al que se refieren tanto Gould como Pinker.

La afirmación del psicólogo fue controvertida para los musicólogos que abarrotaban la sala.   Aún así, hay algo de cierto en la afirmación:  de un modo u otro la experiencia musical es un regalo, un don de Dios para muchos.  Quizá por esto la música religiosa haya tenido una importancia capital en la cultura occidental.   La historia de la música está abarrotada de composiciones religiosas.

Hace dos día, tuvimos la oportunidad de asistir en la Iglesia de Piedra, en Ensenada, al Requiem de Fauré, compositor considerado de estilo clásico, y cuya obra más célebre, el requiem, le permitió enfrentrarse a otro enigma fundamental:  la muerte.

Fauré se declaraba no creyente, pero fue sucesor de su maestro Saint-Saëns como organista en La Madeline, y acabó siendo el maestro de coro en 1896.   Durante más de 40 años trabajó como músico de iglesia y en 1905 fue nombrado director del Conservatorio.

Además del propio Requiem, su Pavane para orquesta es imprescindible.  Sirva hoy como punto final y muestra de lo que muchos consideramos un don de Dios: la música y nuestra capacidad para percibirla.

 

 


Música Celestial

diciembre 27, 2011

Título:  A-life for Music

Autor:  Eduardo R. Miranda

Editorial: A-R Editions

 

No hacen falta encuestas para conocer lo que el público considera propio de las Navidades:  música, cantos populares y villancicos.  También es verdad que desde que los Reyes Magos regalan i-Pads, Xbox y Nintendos, la tecnología intenta desplazar partituras y músicos.  Pero el rey de la Navidad sigue siendo el villancico popular, y basta asomarse a la calle para constatarlo.

Una periodista italiana se preguntaba recientemente sobre el origen humano o divino de la música.  Aunque la tecnología es un trabajo con mucho presente, la música tiene más futuro:  ¿alguien se imagina un cielo lleno de ángeles informáticos conectados a la gran nube?  No;  el cielo debe ser hogar de músicos y coros celestiales, y quizá el músico de oficio, pésimamente pagado aquí en la tierra, se esté labrando un currículo para la vida eterna.

En todo caso, esta temporada terrenal podemos transitarla uniendo música y tecnología, para vivir el presente con una profesión demandada y con la mirada puesta en el futuro.  Libros como el que Eduardo ha editado nos permiten vislumbrar posibilidades musicales que seguramente explotarán en este siglo XXI.  Si la música artesana ha dominado la historia, el futuro vendrá determinado por la mezcla de creatividad artificial y humana, y quién sabe si las nuevas tendencias musicales lleguen al paraiso.

Feliz Navidad Musical y disfruten este Jingle bells de con Sinatra y Crosby.

 


Cuentos con música

noviembre 27, 2009

Título: Cuentos

Autor: Julio Cortazar

Editorial: Espasa

Acabó la acción de Gracias en Estados Unidos y llegamos al viernes negro, día de compras compulsivas y toma de pulso a la economía.  Nada mejor que un libro de cuentos para este preámbulo del adviento venidero.

Cortazar nos ofrece una variedad temática en este pequeño volumen, que hace años el periódico ABC publicó en su “colección de narrativa del siglo XX en lengua castellana”. Entre los cuentos recogidos, particularmente curioso resulta su relato Las Ménades, en que desgrana extraños acontecimientos al hilo de un concierto de música clásica.

Los conciertos dan para mucho: estadios repletos de rebaños juveniles dislocados al son de las marionetas de las grandes discográficas;  músicos sin talento haciendo sonar cajas registradoras; decibelios que ahogan gritos enloquecidos, mafiosas sociedades de autores exprimiendo al ciudadano…  Aunque afortunadamente existen otros escenarios: teatros rebosantes de luz y glamour. Vientos, cuerdas, metales, sopranos, barítonos, tenores. Parejas, amigos y familias expectantes.  Clásicos del clásico. Óperas, sinfonías, cuartetos, sonatas, motetes, quintetos, … Recesos compartidos con cavas y vinos de la tierra.  Múltiples visiones actuales del pan y circo.

Pero cada concierto puede tener su encanto:  Una ópera en el Real, un musical en Broadway, o Toronto, grandes producciones en cartelera durante décadas.  Conciertos que repletos de espectadores muestran anécdotas y rarezas, si uno las busca, incluso sin buscarlas, como narraba Cortazar.

The Battle of the Bands

Pongamos por caso:

Lugar: Montreal.

Evento:  Semana Internacional del Jazz.

Concierto:  The Battle of the Bands.

Bandas:  Harry James Orchestra and Glenn Miller Orchestra.

Lo mejor de lo mejor, ¿No les parece?  Pues sí, fue soberbio.  Pero en el tupido teatro con filas contínuas que provocan incómodos movimientos a la llegada de los retrasados, una personaje singular muestra su labor.  En las primeras filas, una madura señora, ya entranda en años, se levanta y ubica al pie del escenario, y contemplando al público asistente en los minutos previos al comienzo, deposita una bolsa llena de lana y punto, y comienza incansable a tricotar.  Allí, impasible, cual solitaria abuela que ocupa su soledad invernal arropada por una falda de camilla y a la luz de una pequeña lámpara en una salón de una casa cualquiera.  Pero ni falda de camilla ni lámpara ni salón de casa ni soledad invernal:  Magnífico teatro repleto de público y miles de vatios alumbrando su movimiento de agujas continuo.

Bonita forma de pasar el tiempo mientras comienza la función -y en el descanso, que la tarea es mucha y hay que aprovechar tiempos muertos.

Quizá sea esta una costumbre en los conciertos Canadiense.  O quizá sea un caso más de como una abuela puede inconscientemente dar origen a un cuento; otro cuento más sobre la música y el espectáculo.

Por cierto, si ha visto Vd. a esta abuela en algún otro lugar, díganos dónde.  Quizá podamos así ampliar este cuento con música.


La probabilidad de ir al cielo

octubre 16, 2009

Título:  Music and Probability

Autor:  David Temperley

Editorial:  MIT Press

Los sesudos analistas exprimen sus cerebros en tiempos de crisis:  ¿Cual será la profesión del futuro, aquella que permita sortear los vaivenes económicos con soltura a los futuros trabajadores?

Hace cerca de 20 años me decían que la informática era la profesión del mañana.  Seguramente hace más de 50 ya sería esto un dicho frecuente, cuando la tecnología cuajaba y permitía ver la punta del iceberg que se nos venía encima.  Ese mañana se ha prolongado en el último siglo como nunca antes.

Music sheet

Music sheet - free-scores.com

Pero creo yo que hay otra profesión de más futuro:  la música.  No se extrañen los verdaderos intérpretes de semejante propuesta.  Ya comentamos otro día cómo los nuevas tecnologías -sí, en parte la informática, y quizá tambien la crisis- hizo caer en desgracia a orquestas singulares, y bandas locales que deleitaban al personal cuando aún no había nacido el transistor -ni el electrónico ni el otro.

Necesitamos, eso sí, un ejercicio de imaginación:  Si entendemos por futuro no sólo el presente de la vida terrenal, sino el que tantos autores han querido desentrañar, el del más allá, y de acuerdo con algunas de las tradiciones religiosas más extendidas, concluiremos que la música es consustancial al cielo.

Hablaba Delibes en diario de un cazador, de como uno que lo era hasta la médula, en sus últimas horas, escuchaba las palabras de aliento del amigo y pastor de almas, que le hablaba de sus futuras cacerías en los campos celestiales, dónde la escasez de perdices no sería tal como la sufrida en multitud de los sufridos y esquilmados cotos.

Se hace difícil aplicar semejante visión impregnada por el diario trabajo de un informático:  ¿Quién podría imaginarse un cielo lleno de computadoras, y dispositivos electrónicos diversos?  El pobre de San Pedro, de la vieja escuela, probablemente lleve su contabilidad de almas con lápiz y papel, que los lápices y libretas celestiales tendrán su escala sobrenatural y desaforada capacidad para anotaciones.

Se queda pués el informático en un terrible desamparo, pensando como su vocacional vida presente difícil prolongación tendrá en el porvenir celestial.

Coro niños

Coro niños

Pero no desesperemos, algunos autores, como el del libro que tratamos, quizá hayan considerado el asunto desde una perspectiva bien diferente:  un futuro notable tendrán los músicos en el cielo, con la simpar necesidad de profesionales para llenar los coros celestiales, cuyo tamaño quizá deba adecuarse a la infinita capacidad de las moradas divinas, y que presumiblemente no solo se nutrirán de tenores, sopranos y contraltos, sino de una caterva diversa de músicos de todo rango y condición, para dar cumplimiento sobrado a la necesaria tarea de amenizar las estancias superiores.

Es así que bien vale renunciar un poco a los misterios numéricos y computacionales, aunque sea sólo por un rato, y dedicarlos al arte sublime de la música.  Quizá pueda fundirse en esta colosal empresa la investigación musical y computacional, y así preparar el camino ascendente de la mística suprema.  Y el libro tiene varias pistas que intentaremos seguir en el futuro:  detección del ritmo y pulso de una obra, transcripción automática, detección de clave.  Interesantes problemas para multitud de investigadores.

Lo dicho, no solo de computadores vive el hombre.  Echen un ojo al libro de hoy, que el futuro de la música pasa por los computadores.  Y la probabilidad de los informáticos para progresar en el futuro quizá pase por la música.