Darwin Deco

marzo 27, 2009

Título:  New York Deco

Autor: Richar Berenholtz

Editorial:  Welcome Books

Como el año de Darwin va a durar un rato, no está demás referirnos a él de nuevo, como tampoco estaría mal hablar de Pablo de Tarso -sí, el conocido San Pablo bíblico autor de numerosas cartas- personaje que comparte protagonismo con Darwin y Galileo este 2009.  Otro día será.

Es notable el hecho de que a pesar de los intentos de algunos por atrincherarse en sus respectivos dominios, sean estos científicos, artísticos, religiosos, políticos o cualquiera otro, al final, todos los caminos conducen a Roma, y las ideas y creaciones, humanas o divinas, confluyen y alimentan el caudal cultural, tal como los torrentes de montañas se hacen uno colina abajo.

Las ideas de Darwin han inspirado a gentes notables, no solo científicos, que también hubo y hay artistas, tecnólogos y novelistas inspirados por la evolución.  Es curioso que la lectura del libro que hoy comentamos nos traiga de nuevo este tema a portada, aunque esta vez de mano del arte.  Porque este valioso libro nos habla de Nueva York desde la perspectiva del arte, y con la mirada de un fotógrafo que debe andar enamorado de la gran manzana, pero más aún del Art Deco. Y el libro es un regalo para la vista, el tacto -una encuadernación de lujo en tela-, y quién sabe si en el futuro para el bolsillo:  es una edición numerada de 5000 ejemplares, con una magnífica fotografía original firmada por el autor -por cierto que aquí me referiré al ejemplar 316/5000.

Radio City Music Hall

Radio City Music Hall

Como Berenholfz nos muestra, afortunadamente todavía es posible visitar las ciudades y contemplar sus monumentos, sin previo pago de impuestos revolucionarios a mafias que dicen defender los derechos de los autores.  Es una suerte que los arquitectos posean una amplitud de miras superior a la de muchos pretendidos músicos.

Es este un buen libro para conocer de cerca alguna de estas colosales construcciones, que fueron revestidas y decoradas profusamente en una época difícil.  Porque arquitectos y artistas tramaron un complot magnífico para tatuar Nueva york con terracota policromada, geometrías metálicas, neones multicolores, acompañados de música jazz y grandes Big Bands  deleitando al público en emblemáticos lugares como el Radio City Music Hall.  Por cierto, si les gusta el jazz, no se pierdan el disco Special Quartet Namouche, digno de los mejores pubs neoyorkinos.  Gracias a músicos con visión de futuro,  todavía es posible descargar y escuchar jazz sin infringir ninguna ley de copyright.  Habrá que recompensar a estos artistas, acudiendo a sus conciertos.

El Art Deco tiene una expresión fundamental en esta ciudad Americana, que supo dejarse influir en una época de obras faraónicas por las propuestas novedosas sugidas en la Exposición de artes decorativos de Paris de 1925, done las Bellas Artes, el cubismo y la decoración se unieron para proponer esta novedosa aplicación práctica del arte, heredera también en parte del Art Noveu y del Modernismo de provincias surgido en Europa.

Supieron los artistas dejar su huella en ese bosque de rascacielos, que surge curiosamente durante y después del gran crash del 29.  Parece paradójico comprobar cómo en épocas de crisis, la construcción y el arte llegaron a un punto álgido en Estados Unidos.

Fue esta la época del Chrisler Building, el Empire State, el nuevo Waldorf Astoria, y otros muchos edificios que incorporaron el Art Deco como seña de identidad.  Cada uno de estos edificios tiene una historia que contar, de renovación, apuesta de futuro, atención exquisita al cliente -caso del edificio sede del famoso hotel Waldorf Astoria, que entre otras cifras récord, ostenta una bien curiosa:  mantener durante 100 años una interesante ensalada de nueces, apio y manzana.

Pero no toca hoy hablar de menús suculentos, sino de arte, edificios y ciencia.  Destaquemos en esta línea el Chanin Building, cuya fachada alberga un imponente mural:  Un capítulo interesante de la teoría de la evolución insertado en una obra Deco Neoyorquina.

Chanin Building

Chanin Building

Situado entre la 122 este y la calle 42, fue diseñado este edificio por Sloan & Robertson entre 1927 y 1930 junto con Irwin S. Chanin.  De 56 plantas con estructura Art Deco y 649 pies de altura, era el tercero más alto del mundo cuando fue terminado, y uno de los más significativos en el perfil metropolitano de la época.

Como decíamos, entre otros elementos ornamentales, surgido de la inspiración de Chanin tras su visita a la “Exposition Internationale des Arts Décoratifs et Industriels Modernes” del 25 en París, algunos de los mas exquisitos elementos Deco nunca creados en Nueva York tales como una banda de terracota con grabados de hojas o, lo que más nos interesa, un gran frontal con la teoría de la evolución, mostrada en su transitar desde la ameba, pasando por la medusa y el pez, hasta el ganso…

Resulta curioso como los artífices de tamaña empresa, buscaron primero su inspiración en las artes estéticas de París, y luego en las teorías científicas que se asentaban y tomaban fuerza a principios de siglo.

Nada que ver con algunos modernos gestores que entienden su trabajo como fruto de la ciencia infusa que les infunden el sillón que ocupan, y que a golpe de talonario, deciden adquisiciones millonarias sin encomendarse a Dios ni al diablo.  Tomen como ejemplo el supercomputador(cito) Lusitania, adquirido por estos lares por el gobierno de turno, sin pedir opinión ni a Dios ni al diablo.  Pero esa es otra historia, y habrá tiempo de hablar de ella.


Viaje de vuelta

enero 9, 2009

Título:  El Alquimista

Autor:  Paulo Coelho

Editorial: Plawerg

Hace ya algunos años, cuando los viajes se convirtieron para mí en algo cotidiano, me preguntaban sobre Nueva York, justo a la vuelta de una visita a la gran manzana que repetiría con el tiempo.

Torre Chrysler

Torre Chrysler

Además de describir con entusiasmo los parajes más conocidos de la ciudad, como Central Park, Times Square, o el distrito financiero con sus tristemente – y salvajemente- desaparecidas twin tower, o la estatua de la libertad, sin olvidar tampoco el fantástico museo de Historia Natural (no se pierdan su colección de dinosaurios) o el sorprendente MOMA (Genial la colección de Van Gogh) decía, que contaba yo a quién me preguntaba, que tan increible era Nueva York para un Extremeño, como paradisíaca debería parecer Estremadura a un Neoyorquino.  Y es que la misma distancia hay desde nuestra tierra a las américas, como a la inversa.

Y sucede que a menudo no apreciamos lo cercano y familiar, mientras que nuestra imaginación se libera ante lo exótico y lejano, que idealizamos por considerarlo inalcanzable.  Aunque a decir verdad, está en nuestras manos conseguir aquello que nos propongamos.  Los límites surgen más de nuestra mente que del mundo en que vivimos.

Esta podría ser una lectura de El Alquimista, la historia de  Santiago, que se afana por encontrar un tesoro lejano, y supera barreras infranqueables para llegar a su destino dorado,  mucho más cerca de lo que imagina.

Pero los libros son capaces de hablar de muy diversos modos a sus lectores.  Pueden incluso regalar varias historias diferentes a una misma persona.  Quizá sea objetivo del autor contarnos muchas historias diferentes en una sola.  Creo que Paulo Coelho tiene algo que contar, no solo sobre viajes y tesoros.  Y ya es algo que un libro tenga una idea de fondo, y no precisamente una idea estandar basada en la azar o en teorías determinstas adptadas de la física clásica.

El Laboratorio del Alquimista

El Laboratorio del Alquimista

En nuestra época de progreso científico y tecnológico reconforta saber que hay autores que publican historias que muestran otra forma de mirar el mundo, aquella que se aparta del prisma de la Ciencia (mejor aún cuando es un científico quién lo firma, que no es el caso aquí).  Las visiones miopes de la realidad – fudamentalismos- hay que enterrarlos, vengan de donde vengan.  Vale la pena mencionar en este terreno a Stephen Jay Gould, científico y divulgador señero, que además de sus teorías del equilibrio puntuado, o la explosión cámbrica, tuvo tiempo para desdramatizar la confrontación entre fe y razón que por extrañas razones ha sido promovida con ahinco por ambos bandos desde tiempo inmemorial.

Me queda no obstante la duda, por falta de una definición más clara aún y contundente, sobre el verdadero propósito de Coelho.  Quizá el aderezo de citas bíblicas del libro solo busque promocionar la obra entre un determinado conjunto de lectores.  Cierto es que no conozco aún con detalle al autor, y espero no quedar defraudado en el futuro ante un espejismo similar a aquellos de los que habla en la novela.  Otros autores de ciencia, como Richard Dawkins, me deslumbraron al principio y me han defraudado a la postre, por una  simplista, a veces fundamentalista, de la realidad.  Que diferencia entre Dawkins y el tristemente ya desaparecido Gould.  Pero esto es otra historia encerrada en otros libros, y vivida en otros viajes.  Y habrá tiempo para contarla.