Vista!

julio 24, 2011

Título:  Un yankee en la corte del Rey Arturo.

Autor:  Mark Twain.

Editorial:  Anaya.

 

Felipe II debió gozar de buena vista.  Si no fuera así, habría tenido que realizar visitas a pie de obra, nada de subir a su famosa silla esculpida en granito entre robles y matorrales de la sierra Madrileña.  El panorama es espléndido allí, y el Escorial sobre el valle es una estampa magnífica, pero poco más puede decirse desde la distancia.

Los cursos de verano del El Escorial son un lujo para ponentes y estudiantes.  Estos últimos, con beca, pueden permanecer una semanita en tan agradable villa, disfrutando de un clima fresco, historia, monumentos, y nuevas tecnologías, todo en un pack de 150€.  Una ganga.

El Escorial

No se si el Escorial fue también una ganga para las arcas del estado, y las espaldas de los súbditos.  Si nos vamos años atrás, en los comienzos de las monarquías europeas, y con la mirda sarcástica de Twain, nos alegraremos de vivir en el siglo XXI.  Twain no deja títere (o villano) con cabeza en esta novela menor.  Para él todos son uno:  Rey, caballeros, nobles, iglesia…  El repaso que hace de la épocas, leyes y costumbres es demoledor.  No sabemos lo que tenemos.

¿Crisis?  Crisis la del campesino de entonces, a quienes diezmos y prevendas, pernadas y derechos esquilmaban sus bienes más preciados.   La lucha contra la injusticia, esclavitud y opresión a lo largo de los siglos nos permiten hoy a muchos disfrutar de democracia, seguridad social y protección por desempleo.

Esta suerte de escudo protector nos es un título hereditario, que se adquiere por el mero hecho de nacer en nuestra sociedad, a pesar de lo que muchos jóvenes rezongones piensen.  Más vale que se anden con vista, y apliquen todo su esfuerzo a mantener lo que tanta sangre sudor y lágrimas a lo largo de los siglos costó conseguir.

 

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El sonido del agua

junio 11, 2011

Título:  Life on the Mississipi.

Autor:  Mark Twain.

Editorial:  Barnes & Nobles.

El verdadero conocimiento de un autor comienza por su tierra.  O por su agua.

Un paseo en el vapor Natchez, bautizado en honor de su homónima ciudad ribereña, nos hace volver al pasado.  El steamer que navega hoy el Misisipi, amenizado por los Dukes of Dixiland, la más antigua banda Dixiland en activo,  se convierte así en precisa máquina del tiempo, trasladándonos 200 años atrás, cuando el infante Twain, como todos sus congéneres, soñaban en convertirse en pilotos.  Cierto que la música es posterior al autor, pero esta divergencia temporal hace el paseo más agradable que en el ya lejano siglo XIX.

Natchez

La obra de Twain no puede comprenderse sin su río.  Y el Misisipi quedaría hoy huérfano sin la pluma de su autor.  Agua y literatura se entrelazan y marcan una época. Quizá la brillante fluidez narrativa de Twain tengo algo que ver con el pausado y constante navegar de los vapores en que trabajó, y el sonido del agua que lo sustentaban.

Es una suerte que Barnes & Noble siga editando clásicos de la literatura.  Una visita a su tienda en New Orleans, nos permitió admirar su Nook, flamante libro electrónico, para despreciarlo en favor de la obra en formato clásico, en una edición asequible.

Barnes & Noble acaba de lanzar su versión Nook en color.  E-readers y tabletas electrónica convergen a un ritmo imparable.  Aunque el fabricante lo venda como e-reader, dadas sus capacidades y pantalla LCD más bien habría que compararlo con el omnipresente i-pad.

Pero basta de tecnología hoy, cuando los clásicos muestran su fuerza sobre el papel.  Una suerte que también el Jazz sobreviva a la tecnología MIDI en la ciudad en que nació.  Basta asomarse a los mejores clubs de Jazz para disfrutar con buenos músicos:  Davenport en el Ritz Carlton o mejor aún, Irvin Mayfield en el Jazz Playhouse, Bourbon Street, flamante ganador junto a la New Orleans jazz Orchestra del Grammy por Best Large Jazz Ensemble Album.

Música, el sonido del agua y la literatura, cocktel especial en esta New Orleans diferente.