La poesía hecha vida

diciembre 10, 2010

Título:  La luna nueva

Autor:  Rabindranath Tagore

Editorial:  Seix Barral

 

La poesía es alimento para el alma, como la música y el arte.  La vida se vuelve un insípido y árido desierto sin estos ingredientes.  Ciencia y Tecnología no pueden soportar el peso completo de la vida.  Y Tagore cantó a la vida.  Entonó poéticas semblanzas del niño y la madre.

Niño

No imaginaba Tagore que la vida del ser naciente sería cuestinada por un equivocado uso de la tecnología.   Lástima que algunos Científicos actuales hayan comulgado con el Dr Hyde de Stvenson, sacrificando su cara humana.

Entramos de lleno en fechas notables para medio mundo, cuando celebran la alegria del Dios hecho niño.  Los niños son los reyes y Dioses de la familia, y Tagore nos canta el maternal deseo hecho realidad:

 

¿De dónde vine yo? ¿Dónde me encontraste?’, pregunta el niño a su madre.
Ella llora y ríe al mismo tiempo, y estrechándolo contra su pecho le responde: Tú estabas escondido en mi corazón, amor mío, tú eras su deseo.
-Estabas en las muñecas de mi infancia; y cuando, cada mañana, yo modelaba con arcilla la imagen de mi dios, en verdad te hacía y deshacía a ti.
-Estabas en el altar junto a la divinidad de nuestro hogar; al adorarla, a ti te adoraba.
-Has vivido en todas mis esperanzas, en todos mis amores, en toda mi vida y en la vida de mi madre.
-El Espíritu inmortal que preside nuestro hogar te ha albergado en su seno desde el principio de los tiempos.
-En mi adolescencia, cuando mi corazón abría sus pétalos, tú lo envolvías como un flotante perfume.
-Tu delicada suavidad aterciopelaba mis carnes juveniles, como el reflejo rosado que precede a la aurora.
-Tú, el predilecto del cielo; tú, que tienes por hermana gemela la primera luz del alba has sido traído por la corriente de la vida universal, que al fin te ha depositado sobre mi corazón.
-Mientras contemplo tu rostro, me siento sumergida en una ola de misterio: tú, que a todos perteneces, te has echo mío.
-Te estrecho contra mi corazón, temerosa de que escapes. ¿Qué magia ha entregado el tesoro del mundo a mis frágiles brazos?’

Ojalá Tagore y su poesía, y las celebraciones que llegan, sirvan para inspirar muchas generaciones de jóvenes madres, y que la poesía siga engendrando nueva vida.

 


El milagro de la vida

septiembre 4, 2009

Título: The 5th Miracle.

Autor: Paul Davis.

Editorial: Simon & Schuster

Tiempo ha, las vidas de santos y sus milagros, además de los clásicos bíblicos, eran utilizados semanalmente por las escuelas dominicales al abrigo de parroquias de medio mundo. Así recordaba Samuel Clemens, más conocido como Mark Twain, y del que hablaremos la semana próxima, sus andanzas juveniles reflejadas en la aventura de Tom Sawyer, compañero del paria Huck (el increíble es otro).  Los milagros, eran entonces materia habitual de la cultura colectiva, y servían sus autores de modelos ejemplares en que los jóvenes y adolescentes tomaban sus medidas. Jóvenes de la época, capaces de ceder un sitio a sus mayores, hablar con cortesía, y trabajar duro desde su tierna infancia haciendo florecer la economía de su tierra, lo que a la postre permitiría dotar a las nuevas generaciones de un sistema educativo universal, general y laico, que ellos en su día no pudieron disfrutar.

El milagro de la vida

El milagro de la vida

Otro milagro, el de la vida, era también entonces temática habitual, aunque privada, entre madres e hijas en edad de merecer. Lo que entonces era dialogado con absoluta reserva, decoro, respeto y admiración, conscientes de la delicadeza y fragilidad con que el tema debía tratarse, se ha convertido hoy en asunto manido, relativizado, a veces despreciado, y carente del significado profundo que conlleva como elemento fundamental de relación entre compañeros de viaje vital. Afortunadamente, todavía quedan algunos que siguen admirándose y venerando tan profundo misterio, aunque desde una perspectiva bien diferente.

Algunos científicos, siguen contemplando maravillados el milagro de la vida en el Universo. El estudio teológico y análisis generalizado de los milagros religiosos se ha transformado en empeño científico para descubrir el fundamente de otros milagros igualmente grandes. El milagro de la vida sigue aún pendiente de resolución, y Paul Davies en este libro, lo trata desde varios puntos de vista, uno de ellos casi desconocidos hasta ahora: el de las leyes de la generación, almacenamiento y uso de la información.

Información Fractal

Información Fractal

Plantea Davis la cuestión fundamental de la cantidad de información contenida en un genoma, y simultáneamente estudia el posible origen de dicha información y su codificación.  Dos puntos de vista se enfrentan aquí:  ¿Está implícito en las leyes del universo la gestación necesaria de la vida o ha sido un accidente improbable?  Relaciona además ambos puntos de vista, con las dos propuesta que se enfrentaron en el siglo XX por dominar la cosmología:  Un universo estacionario infinito en el tiempo, que irremisiblemente debe generar vida en algún momento y en algún lugar si las leyes de física no asignan probabilidad 0 a la misma (basta una cantidad cualquiera, por infinitesimal que sea, distinta de 0, para que un evento asociado a dicha probabilidad tenga necesariamente que producirse en un tiempo infinito).  La alternativa, y parece ser que opción ganadora, un universo con origen en el tiempo, y en el que la vida sucedió por accidente, quizá, o por que las propias leyes física incluían la desembocadura hacia la vida.

¿Qué opción le gusta más?  Parece que en los tiempo que corren, la visión romántica de una leyes predestinadas hacia la vida es políticamente incorrecta en el mundo científico, pues parece alude a un diseño finalista.  Sin embargo, la opción del accidente vital, que colocaría al hombre en una posición única en el Universo, tampoco parece contentar mucho a los que han desplazado al ser humano durante los últimos siglos de su posición central en el Universo hacia una periferia cualquiera.  Además, programas científicos como SETI y SETI@Home implícitamente reconocen la necesidad de la vida en la física del universo.

Bonitas reflexiones, y muy interesante libro para tomar una postura ante el milagro de la vida.


El Príncipe y el Mendigo

marzo 20, 2009

Título: El Príncipe Destronado

Autor:  Miguel Delibes

Editorial:  Galaxia Gutemberg

Francamente, hacía años que no me reía a mandíbula batiente leyendo un libro.  Creo que la última vez me ocurrió en el año 2005, cuando coincidiendo con la celebración del aniversario de la primera publicación de El Quijote, decidí releer lo que en otro tiempo fue una imposición del bachillerato.

Aventuras como los infortunios del buen Alonso Quijano cuando era saludado con peladillas aventadas con tino contra su mandíbula, provocando la perdida de incisivos y molares, o los efectos del famoso bálsamo del Fierabrás, me provocaban entonces sonoras carcajadas.

Creo que desde ese año, 2005, no reía tanto con un libro.  Hasta la fecha:  el príncipe destronado, con su peculiar naturalidad al presentar nimias situaciones de un niño que descubre como su puesto de benjamín es usurpado por un nuevo miembro en la familia, provoca desternillantes aventuras. Es una pena que no siempre las circunstancias y hechos relacionados con la infancia sean tan festivos, y los príncipes o reyes de la creación sean en ocasiones considerados mendigos y tratados como despojos.

Sin ir más lejos, vivimos estos días una polémica situación generada por una propuesta de cambio en las leyes que inmediatamente recuerda situaciones pasadas y que nos hacen conscientes de la debilidad infantil.

La matanza de los inocentes

La matanza de los inocentes

El manifiesto de los 1000 lleva camino de convertirse en documento de muchos más.  En dicho documento, científicos destacados abogan por el derecho a la vida desde el momento de la concepción.  Parece razonable la argumentación científica, que sin llegar tan lejos al concepto de Gen Egoísta de Dawkins -cuyo principio básico es que lo importante serían los Genes, y no las personas que lo transportan- , plantea en el fondo cómo el número de células de una persona no debe decidir su derecho a la vida.

En otras épocas hubo leyes promulgadas que provocaron matanzas de inocentes, véase Herodes, por ejemplo, o el pueblo espartano con su profilaxis extrema;  o más cercano en la historia, las normativas eugenésicas tan positivamente consideradas por ciertos sectores sociales, y que a la postre han sido calificadas como aberraciones de los sistemas socio-económicos presentes en ciertos momentos históricos.

Aquiles y la tortuga

Aquiles y la tortuga

La difícil cuestión sobre el derecho al aborto, y el concepto cualitativo de qué es realmente una persona, y su derecho a vivir, me recuerda la Paradoja de Zenón, cuyos protagonistas fueron Aquiles y una tortuga.  Vamos con el cuento.

Resulta que un buen día decide Aquiles competir en carrera con una tortuga.  Para que tan dispar concurso sea más equitativo, la tortuga parte con unos metros de ventaja.  Y he aquí la cuestión:  Al correr Aquiles la mitad de la distancia que le resta para alcanzar a la tortuga, ésta a su vez avanza lenta pero segura, incrementando un trecho el camino a recorrer.  Cuando Aquiles consigue superar la mitad de la distancia que le resta (mitad de la inicial más la mitad del pequeño trecho que avanzó la tortuga), de nuevo vuelve la tortuga a transitar diligente un nuevo espacio.  Y Aquiles, que continúa su carrera incansable, avanza la mitad de la distancia restante, con nuevo avance de la tortuga….  Así hasta el infinito, lo que en resumen nos plantea que Aquiles nunca alcanzará la tortuga, y esto es obviamente paradójico al comparar la velocidad de Aquiles y la del reptil.

Todo el mundo en sus cabales sabe, sin embargo, que en una carrera real, Aquiles siempre ganaría, y la paradoja se esfumaría tan rápidamente como Aquiles diera caza a la tortuga.  Bien mirado, otro tanto sucede con el aborto.  Porque a la pregunta sobre si el infante recién nacido es o no la misma persona que parte de una célula fecundada, -cuestión que debería hacer reconsiderar argumentos pro-aborto- podemos aplicar el cuento.  A muchos les gustará decir que no hay tal, que la célula inicial no es persona, y que el posible infante recién nacido, considerando su progreso hacia atrás en el tiempo, obviamente es persona justo antes de nacer, y quizá un día antes.  Pero tal como la tortuga, esa marcha atrás en el tiempo implica cambios sustanciales en su constitución, que hacen que se vaya alejando inexorable del concepto de persona que entendemos.  Y si seguimos avanzando día a día atrás en el tiempo, aunque la diferencia de un día a otro no impida calificarle de persona, en el límite del tiempo, en el infinito, o en este caso nueve meses atrás, tal como le sucedía aquiles con la tortuga, lo que allí hubiera o hubiese no es persona, y por tanto carece de lo necesario para que su destrucción conculque cualquier derecho a la vida.  Voto a tal.

Pues craso error:  no hace falta ser un lince para saber, que igual que Aquiles ciertamente alcanzaría la tortuga, en el caso en cuestión el proyectado futuro infante, o príncipe  -como en el libro de Delibes- seguirá siendo la misma persona al principio de su vida, con una, dos o más células, y el aborto no hace más que destronarle de la herencia que los padres le han otorgado, barriéndolo así de la sociedad, cual mendigo infecto.

¿Qué pensarán nuestras futuras generaciones de estas leyes que justifican tan concienzudamente las generaciones actuales?